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Bad English. Una aventura de egos, dinero y música.

La historia del grupo de breve vida Bad English se puede contar de muchas maneras. A mí me gusta pensar en aquellos años como un cruce de caminos, un cruce de vivencias con sus músicos como principales protagonistas.

El primero de todos, y quizá el principal, fue el cantante John Waite. Tras la desbandada de su anterior grupo, The babys, comenzó su carrera en solitario en 1982 con Ignition y cierto éxito gracias al single Change (compuesto por Holly Knight). Logró, ahora sí, el número uno con el tema Missing you de su siguiente No brakes (1984); el álbum superó el millón y medio de copias en Estados Unidos. Se mantuvo en el candelero con el siguiente Mask of smiles (1985), apareció en la banda sonora de “¿Qué pasó anoche?” y con su cuarto Rover´s return (1987) la compañía decidió dar el golpe. En este disco incluye, entre otros, la participación de estos hitmakers: Desmond Child componiendo y produciendo el tema These times are hard for lovers; Diane Warren compone la popera Don´t lose any sleep; Charlie Midnight (nominado al Grammy por Living in America, de James Brown) aportando Sometimes. Waite acabó su contrato con EMI y firmó uno nuevo con Epic Records.

En esta tesitura, el propio John o su compañía o su A&R decidieron que era el momento de montar una banda de rock. Estamos en 1987 y las listas de éxito estaban plagadas de peludos y roqueros vendiendo toneladas de discos y haciendo de las peluquerías el negocio del siglo. A John se le ocurre llamar a su colega Jonathan Cain. Y aquí tenemos el primer cruce de caminos. Porque no se le ocurrió recurrir por casualidad a Cain. Ambos habían trabajado juntos en The Babys y Cain era teclista y compositor de algunos de los mejores discos de Journey.

Guitarrista, teclista, cantante y compositor, Cain se unió a The Babys tras su tercer álbum, en 1979. La banda estaba consolidada como un grupo con cierto éxito a ambos lados del Atlántico, haciendo giras por recintos medianos y teloneando a las estrellas de la época. Cain participó en los últimos dos discos de la banda, Union Jacks y On the Edge, ambos editados en 1980. El grupo se rompió y Cain se enroló en Journey. La banda dio el salto definitivo al Olimpo del Rock, en el que ya tenía metido medio cuerpo metido, con sus dos álbumes de estudio más vendidos: Escape (1981) y Frontiers (1983). El último disco de la banda en los ochenta se tituló Raised on radio (1986) alcanzó el puesto número 4 y despachó rápido 2 millones de copias. La banda se tomó un descanso tras la gira, dejando a Cain a finales de 1987 sin una banda y colaborando con diversos músicos: The Hunger (Michael Bolton) y Freight train heart (Jimmy Barnes). Y ahí es donde recibe la llamada de su colega Waite para colaborar. De hecho, el propio Waite afirma que, en realidad, Cain fue el verdadero fundador de Bad English.

John Waite dibujado por Lewis Depalma https://www.facebook.com/luis.depalma.988

Y de la mano de Cain se enroló en ese proyecto su amigo Neil Schon, al que ya dedicamos un extenso post que puedes leer en este enlace. Poco después se añadieron Ricky Phillips al bajo, colega de The Babys, y Deen Castronovo a la batería, sangre fresca que se ganó el puesto en una única audición.

Con (casi) un cheque en blanco por parte de la compañía de discos, que debía de estar frotándose las manos, comenzaron a componer. Aunque la mayoría de los cortes los firman Cain y Waite, con la colaboración de Schon, aparecen invitados: Mark Spiro , Martin Page, Todd Cerney y dos canciones externas, la archiconocida balada firmada por Diane Warren (When I see you smile) y la elegante Don’t walk away de Andy Hill, Peter Sinfield. La elección del productor no debió de ser fácil. Waite siempre ha tenido buenos productores en sus aventuras: en The Babys contó con Bon Ezrin, Ron Nevison o Keith Olsen; en solitario, con Neil Giraldo (Pat Benatar) o Frank Filipetti (Foreigner, Survivor). Y ellos mismos estaban curtidos y tenían experiencia. Pero decidieron poner a los mandos a Richie Zito. Zito acompañó a Neil Sedaka y Elton John como músico, participó en la primera mitad de los ochenta en numerosas bandas sonoras (Scarface, Flashdance, Detective en Hollywood, Águilas de acero) y, como productor, había firmado, entre otros, discos con Berlin, Joe Cocker, Eddie Money o Cheap Trick. Después, se fraguó cierta carrera en el hard rock: White Lion (Mane attraction), Heart (Brigade), Cher (Love hurts), The Cult (Ceremony), Ratt (Ratt) o Poison (Native tongue).

El disco debut y homónimo de Bad English despachó hasta siete singles, tres de ellos en el top 40: When I see you smile (Diana Warren) alcanzó el número 1, Price of love, se metió en el top 10, y Possession. El primer single, Forget me not, trepó hasta el 45. Editaron, además, Heaven is a 4 letter word, Don’t walk away (solo en UK) y Best of what I got (para el circuito de “radio rock” y sonó en la película Tango&Cash). Junto a estas, Tough times don’t last, en una honda a los primeros FM, ese rollo de hard rock elegante con melodías pegadizas, Ghost in your heart, un medio tiempo con excelente teclado y arreglo de guitarra, la balada Price of love, la cañera Ready when your are, con una buena introducción de batería y un rollo Bad Company sabroso y ese riff cortado fantásico, Lay down, una vacilada con aroma a los Aerosmith ochenteros, The restless ones, con uno de los mejores estribillos del disco y Rockin’ horse, un riff que adoraría Billy Duffy, con un rollo muy inglés y, de nuevo, aroma a Free/Bad Company.

Tras una gira no muy extensa, volvieron al estudio. Aunque la idea era repetir con Richie Zito en la producción, no pudieron o no quisieron esperar a que terminara su trabajo con White Lion. Eligieron a Ron Nevison. Por lo visto la experiencia en el estudio no fue divertida; tuvieron que parar, tomarse unas semanas de descanso y volver con canciones “mejores” y otros ánimos, obligados por el exigente Ron. Desde que entraron en el estudio hasta que entregaron el máster pasaron casi seis meses. La composición fue problemática, la elección de las canciones también y la producción se alargó más de lo que los protagonistas hubieran deseado. Ellos querían grabar rápido y volver a la carretera. El álbum se tituló Backlash (1991) y cuenta como principales compositores a John Waite y Jonathan Cain junto a varios invitados. Repite, cómo no, Diane Warren en una balada y reclutan a Russ Ballard, Mark Spiro y Jesse Harms. Schon firma en tres canciones nada más. Destacan la inicial So this is Eden, con un fantástico Waite; Straight yo your heart, con uno de los mejores momentos Schon; el buen medio tiempo Time stood still; el momento endurecido de Dancing off the Edge of the world seguido del AOR fantástico de Rebel say a prayer. En general, encontramos poca chicha ruidosa y mucha melodía decorada con melaza, pero no por ello es menos disfrutable. El medio tiempo Savage blue, con otra gran línea de bajo y genial Schon, la balada de manual Make love last, con su inicio lento, un pequeño crescendo, otro solazo, bien acabada, y el cierre con algo de garra de Life at the top.

Pero la historia no dio para más. Waite se encargó de hacer promoción del disco. En una entrevista afirmó abiertamente, a pregunta del periodista, que la banda se había tomado un respiro para acometer otros proyectos: “creo que todo esto debería ocuparnos las Navidades y entonces deberíamos juntarnos y hacer algunos conciertos. Si esto no sucede, entonces sería el final de la banda”. Y añadió: “Todo el mundo está nervioso y necesita un tiempo por su cuenta. Ha sido un periodo largo trabajando en el estudio y ahora es momento de retirarse un poco. Si alguien impone su propio interés, entonces no es Bad English”. Y, respecto al disco, pensaba: “el nuevo disco es genial, el trabajo en el ha sido bestial y un reto. He disfrutado en esta banda, de lo contrario no promocionaría el disco”. Pero lo cierto es que el propio Neal Schon había afirmado antes siquiera de aparecer oficialmente Backlash que no habría continuidad. Sobre esto, Waite, quien al parecer tenía especial interés en continuar con Bad English, comentó “Conozco a Neal, es un tipo de carácter emocional; tan rápido como se va de una banda vuelve a ella”. En entrevistas recientes, Waite afirmó “todo el mundo era muy profesional, viajábamos por separado y realmente no hablábamos entre nosotros. Todo el mundo hacía lo suyo y se iba a casa”. Sobre su “amigo” Cain afirmó también: “siempre se iba temprano y llegaba tarde; entonces era una persona difícil de tratar”.

Caminos separados. Schon se llevó a Castronovo a grabar el debut de Hardline. Waite volvió a su carrera en solitario (Temple bar, 1995). Ricky Phillips grabó la colaboración de Coverdale con Page. Cain lo intentó en solitario hasta que volvió a juntarse con Schon en la nueva encarnación de Journey, en 1995, a la que pronto se uniría Castronovo.

Una breve aventura que nos dejó dos discos excelentes y una historia que contar.

Vídeos animados a golpe de rock y metal.

En este blog dedicamos una sección entera a la mezcla del rock y el metal con distintas formas de expresión artística, en especial las visuales y las literarias. Por aquí hemos hablado de bandas sonoras, de cómics y su relación con la música, de canciones inspiradas en las obras de escritores o en personajes históricos. Y hoy presentamos un post especial sobre videoclips animados, un arte fantástico, que ya tocamos en este sobre la obra de Todd McFarlane.

No vamos a seleccionar cortes de algunas «falsas» bandas que han vivido tan solo en ese mundo de colores en movimiento, como Gorillaz o Deathklok. Tampoco de películas y largos animados y musicados que ha habido (¿habrá?) horrorosos y magníficos; recordemos The Beatles y su Yellow submarine (1966), Heavy metal (1981) o American Pop (1981). Así, a un lado de estas formas de expresión, seleccionamos un puñado de videoclips especiales o curiosos por lo visual y por lo sonoro.

Como siempre… dale al play!

Ozzy & Lemmy – Hellraiser (30 aniversary)

Lisérgico y genial vídeo con una invasión alienígena que transforma en zombies al personal. Contiene numerosas referencias a la historia visual y musical de Mr. Madman, con Lemmy Kilmister (Motörhead) coprotagonizando esta hipersónica aventura. La canción está compuesta por Lemmy, Ozzy y Zakk Wylde. La primera versión apareció en No more tears (1991) y Motörhead le dio una segunda vida en su March or die (1992). Formó parte de la banda sonora de Hellraiser III (1992).

Metallica – Murder one

Y el propio Lemmy Kilmister es protagonista absoluto de esta canción y de este vídeo, que repasa su historia personal y musical. Griten «aces wild, aces high, all the aces, aces ‘til you die». Formó parte de Hardwire… to self destrution (2016). ¿Cuántas veces hay que salvar el mundo? Por cierto, Metallica usó la animación en varios de los vídeos de ese álbum, como Spit out the bone o Here comes revenge.

Freak Kitchen – Freak of the week

Genial trabajo de Juango Guarnido para la banda sueca Freak Kitchen, donde mezcla imágenes antiguas (en blanco y negro) con una espectacular animación. La canción formo parte de Cooking with pagans (2014) de fantástica portada también a cargo del mismo artista.

Roger Glover – Love is all

Cambio total de registro, en lo musical y en lo visual. En su debut como solista, The butterfly ball and the grasshopper´s feast (1974), un álbum conceptual basado en el poema infantil del mismo título, Roger Glover contó con una colección impresionante de colaboradores; como ejemplo, cantaron David Coverdale, Gelenn Hughes, John Lawton, Eddie Hardin o Ronnie James Dio, quien dio voz al single Love is all merecedor de este vídeo animado.

Bob Marley & The Wailers – Three little birds

Una vuelta de tuerca dentro del blog con un toque reggae. Canción grabada para Exodus (1977), se convirtió en single de éxito, sobre todo en el Reino Unido, a principios de los ochenta. Buen rollo y esperanza: «Three little birds/It’s by my doorstep/Singing sweet songs/Of melodies pure and true». Como curiosidad, es una de las canciones que animan la soledad de Will Smith en Soy leyenda (I am legend, 2007).

Ramones – Spiderman

Más divertida esta versión descarrilada del tema original de la serie de los sesenta sobre el arácnido superhéroe. Apareció en el recopilatorio Saturday morning: Cartoon’s Greatest Hits (1995) y como tema oculto en su último ¡Adios amigos! el mismo año.

Linkin Park – Breakin the habit

Abandonamos el buen rollo anterior para meternos en una de las pesadillas de Linkin Park, esa que presenta el suicidio como una solución al sufrimiento, la desaparición, si queremos darle una interpretación menos dramática, como ruptura con el presente. Excelente vídeo de un tema perteneciente al álbum Meteora (2003).

Iron Maiden – The writing on the wall

No podía faltar una banda icónica por su arte (desde las míticas ilustraciones de Derek Riggs) y el cuidado de sus producciones y vídeos. Para su último largo (Senjutsu, 2021) presentaron este western-metal que ya es parte de esa Historia visual que atesoran. La idea salió de la cabeza de Bruce Dickinson y nos trae a un Eddie salvador de la humanidad frente al mal demoníaco.

Primus – The devil went down to Georgia

No solo de dibujos y garabatos viven los vídeos animados. En esta ocasión, Mick Johnson utiliza la técnica de «stop motion» (dirigió poco después La novia cadáver junto a Tim Burton). De los más divertidos. El Diablo tentando y el coro de gallinas es impagable. La versión original la grabó The Charlie Daniels Band en 1979 y Primus la recogió en vídeo para la edición en cedé de su EP de versiones Rhinoplasty (1998) . De extra, mira el vídeo de Wynona’s big brown beaver.

The White Stripes – Fell in love with a girl

Con la misma técnica, Michel Gondry realizó una mini película con fichas de Lego antes de que este tipo de filmes se hicieran populares. Piezas de plástico de colorines, mucha imaginación y algo que contar. Eso esto todo, amigos. Fue el segundo sencillo del White blood cells (2001).

Tool – Sober

Otra forma de utilizar stop motion, con un ambiente tétrico y oscuro, donde Adam Jones muestra sus dotes escultóricas con la ayuda en la dirección de Fred Stuhr. El agobio del adicto culpable (tema de la canción) se refleja en la ausencia de colores, las formas del protagonista y los escenarios y la propia dinámica de planos y movimientos. Segundo sencillo de su debut, Undertow (1993). Si quieres otro excelente vídeo animado de la banda échale el ojo a Parabola.

Dire Straits – Brothers in arms

De nuevo cambiamos de registro. Sonoro y visual. Dire Straits se hicieron los reyes de la MTV con el vídeo de Money for nothing, donde utilizaron la por entonces incipiente animación digital. Pero nosotros preferimos esta preciosidad dirigida por Francis Kenny donde mezcla dibujos animados a lápiz y carboncillo con imágenes procesadas de la banda, todo en el mismo tono bicolor. La canción dio título al álbum Brothers in arms (1985).

Brian Poshen – More metal than you

En estos tiempos de «lyric videos» o cortos repletos de fotografías con transiciones de andar por casa, es de agradecer que Relapse Records haya realizado animaciones (horribles) excelentes para muchos de sus lanzamientos. Este primero que compartimos carece de calificativos. Tendré cuarenta años, pero soy más heavy que tú. Brian es un comediante (eso que llaman los yanquis un stand-up) que se marcó dos curiosas canciones metaleras en Fart and wiener jokes (2010). Esta que compartimos contó con Brendon Small (Dethklok) y Mark Morton (Lamb Of God).

Obituary – Ten thousands ways to die

También de Relapse Records. No es el único vídeo animado de Obituary, pero sí el que más nos gusta. La banda va de concierto y se enfrenta a un auténtico apocalipsis zombie. Violencia gratuita en technicolor. La canción cerraba su décimo largo, Obituary (2017).

Rob Zombi – The Lords of Salem

Antes de la película que dirigió de igual título (The Lords of Salem, 2010), cerró su recomendable Educated horses (2006) con esta canción. Guitarrazos de John 5, por cierto. El vídeo es primo-hermano de otro corte del mismo álbum, American witch.

Si queréis ampliar la lista, por aquí os dejo este enlace. Y como siempre nos gusta dejar unas risas o una fricada máxima, hoy os dejamos las dos cosas en una: Batmetal con Children of Batman.

Jethro Tull – Aqualung – 1971

Cuando a finales de 1970 «los yezro» se meten en los estudios Islands de Londres a trabajar en el que sería su cuarto álbum, aún no eran nadie. Habían evolucionado a lo largo de tres entregas y sus correspondientes giras, ampliando sus capacidades compositivas, cambiando de miembros y buscando el maná artístico y comercial entre la pléyade genial de artistas variopintos que en aquel cambio de década comenzaba lo que hoy entendemos como uno de los periodos más brillantes de la Historia de la música popular, y, en especial, del rock. Y parieron otro de los discos imprescindibles de nuestro rollo, una de sus obras cumbres.

Ian Anderson compone todos los temas, canta, toca la flauta y la guitarra acústica. A su lado, uno de los guitarristas más infravalorados que haya en el planeta, Martin Barre. Se estrenaban en la banda el bajista Jeffrey Hammond Hammond y John Evan, quien se encarga de todo lo que tenga teclas (mellotron, piano, órgano). Cierra el quinteto, a la batería, Clive Bunker. Lo produjo el propio «jefe» Anderson con Terry Ellis, fundador del sello Chrysalis y sexto miembro de la banda en estos años de crecimiento.

Se divide en dos caras físicas y artísticas: una se tituló Aqualung y reúne canciones que hablan de los desfavorecidos, de crisis y, en general, del abandono vital, la soledad o la pérdida; la otra se tituló My God y contiene canciones sobre la religión, desde un punto de vista algo irónico, el poder de la Iglesia en la educación y la vida social y el control sobre el pensamiento que eso conlleva. De hecho, en la contraportada aparece un texto imitando el bíblico que comienza: «In the beginning Man created God; and in the image of Man created he him». La idea de Dios como creación voluntaria del hombre. Ahí es nada. Esa continua reflexión sobre los desfavorecidos y cómo se les ignora o aplasta, llevó a cierta polémica. Ian Anderson se hartó de escuchar una y otra vez en la promoción y la gira de Aqualung que había compuesto y grabado un disco conceptual. Tanto se cabreó el hombre que acabó dando forma a un disco conceptual que se tituló Thick as a brick, la madre y el padre de los discos concepto.

El tema Aqualung abre el disco con su riff hiperfamoso, uno de los más característicos de la banda. Barre, en los poco más de seis minutos que dura la canción, da una hermosa lección de guitarra rock. Anderson canta con precisión y entrega, dejando un estilo algo desesperado. «Feeling alone/the army’s up the road/salvation a la mode/ and a cup of tea/Aqualung my friend». Aunque da una imagen romántica del sin techo protagonista, no deja de denunciar, precisamente, el abandono y la indiferencia. Una parte central acústica, con el piano como protagonista, para derivar en una locura de final, rítmica y mágica. Sigue otra famosa Cross eyed Mary, con el protagonismo de la flauta en la intro, aunque luego deviene en un corte roquero donde Barre y Bunker están impresionantes. La protagonista, una adolescente bizca, se dedica a «prestar» su cuerpo a hombres maduros («viejos verdes») mientras cobra a los ricachones. Preciosa letra, vaya. Las acústicas y una pequeña orquesta abren Cheap day return, un corte de poco más de un minuto donde Anderson reflexiona sobre un hecho que le ocurrió al visitar a su padre: la enfermera que le cuidaba le hizo un té y le pidió un autógrafo y eso le hizo reír. El aroma acústico, y un tanto folk, sigue en Mother Goose con Anderson soplando su flauta en un tono arcaico;  el conjunto tiene un tempo y una finalización que recuerda a los bailes medievales. Más calmada, Wond’ring aloud es una joya emocional: «Wond’ring aloud/will the years treat us well/(…)/then she comes, spilling crumbs on the bed/and I shake my head». Las guitarras y la orquesta acompañan y agrandan el sentimiento. Algo más de caña, sin excesos, en el cierre con Up to me, donde se mezclan a la perfección flauta, guitarra eléctrica y voz.

La cara «religiosa» arranca con My God y reflexiona, precisamente, sobre la institución eclesiástica: «People, what have you done/locked him in his golden cage». Lejos de renegar de sus creencias, Anderson enfrenta el sentimiento y la fe en Dios a la estructura que «lo controla» para «controlar» a la gente. La canción, con sus más de siete minutos, tiene varios pasajes diferenciados, destacando un increíble solo de flauta sobre unas voces «gregorianas». Aceleramos en Hymn 43, con otra excelente interpretación de Barre, tanto en el riff cortado como en los punteos, jugando con el piano y la flauta. La letra es un remedo de los himnos que se cantan en las ceremonias protestantes «Oh, Father high in heaven/smile down upon your son/who’s busy with his money games». Vuelve el revuelo acústico con violines en Slipstream («And you press on God’s waiter your last dinre/and He hands you the bill») que, tras apenas un minuto, desemboca en otro de los momentos grandes del álbum: Locomotive breath. Una entrada de piano y guitarra, un pequeño corte y un riff de guitarra, bajo y batería preciosista, rudo y elegante a la vez que desesperado. «In the shuffling madness/of the locomotive breath/runs the all-time loser/headlong to his death». La súplica de un hombre que lo ha perdido todo y viaja en un tren sin sentido: «he hears the silence howling/catches angels as they fall/and the all-time winner/has got him by the balls». Impagable el solo de flauta. El tema fue complejo de grabar, por cierto. Cierra el disco Wind up arrancando con intimidad acústica de confesión: «When I was young, the packed me off to school/and taught me how not to play the game». Pero va musculándose «I don’t believe you: you got the whole damn thing all wrong» con Barre haciéndose protagonista, eléctrica en mano, llenando de rabia los últimos surcos del vinilo «In your pomp and all your glory/you’re a poorer man than me/as you lick the boots of death born out of fear».

La parte visual no se queda atrás. La portada es una pintura de Burton Silverman basada en fotografías que Anderson y su mujer tomaron de personas reales, en concreto de un vagabundo con el que se cruzaba en sus paseos. En el interior, un retrato de los cinco miembros de la banda, un poco alocado, un poco alegórico y asociado a esa cara sobre Dios y la religión. La carpeta interior repite las imágenes en blanco y negro con las letras en una elaborada caligrafía.

Jethro Tull es una de esas bandas de carrera dilatada que, a veces, parece de difícil acceso. Este sería, sin duda, el portal de entrada a cualquier neófito. Directo, en realidad, a pesar de ciertas complejidades, con letras cercanas en el sentimiento y excelentes interpretaciones. 

Y, en realidad, un imprescindible de la Historia del rock.

Algunos discos que sigo escuchando: buceando en los años noventa.

No murió el hard rock, el AOR y el rock melódico un día a finales de 1991. Muchas bandas siguieron trabajando el estilo tal como habían hecho los años anteriores, con más o menos éxito, y otras nuevas surgieron después. Hoy seleccionamos una pequeña muestra de discos hardroqueros que se grabaron y editaron en los áridos años noventa (comerciales, ojo).

Como siempre… dale al play!

Axxis – The Big thrill – 1993

Tras dos discos grabados para la compañía EMI alemana, dan el salto a los Estados Unidos y graban con Joe Balin (Doro, Treat) en Filadelfia. Mantienen su filosofía sonora, aunque con un toque más «americano». Año equivocado quizá, pero lograron mantener sus ventas y despegar en Japón. Bernhard Weiß (voz principal y guitarra) junto a Walter Pietsch (guitarras) componen la mayoría de los cortes. Werner Kleinhans (bajista), Richard Michalski (baterista) y Harry Öllers (teclista) rellenan el quinteto. Pegajosas con el inconfundible estilo de la banda suenan Road to never Neverland, Living in the dark, Staty don’t leave me (más calmada) y Little war ; arriesgan en No advice o Heaven’s 7th train y con más velocidad en Against a brick wall y The wolf; no puede faltar el momento mechero al aire con Water drop y Love dosn’t know any distance. Un disco de guitarras. En Spotify y Deezer.

Atlantic – Power – 1994

Lo peor de este álbum está en la portada. El resto, una joya. Al frente de esta única referencia de Atlantic se encuentra Phil Bates (por entonces en aquella reencarnación de la ELO que se llamó Electric Light Orchestra part II), quien compone, canta, produce y toca guitarras, teclados y no sé qué más. Colaboran con él diversos músicos, entre otros Paul Hoare al bajo, Andy Duncan a la batería o Simon Harrison a las guitarras. Buena mandanga. Power over me es un modelo AOR con todo lo sabroso del género; tremendo hard rock en Bad blood; When the war is over resulta una balada emotiva, con un toque Journey; grandioso estribillo y gran trabajo en la armonización de las voces, con su momento a capella, en Dangerous game; comienza muy suave, pero termina arriba Nothing to lose (igual demasiado teclado); cierra la extraña y adictiva Heart’s on fire, puro hard ochentero. Bates volvió a intentarlo con Naked dos años más tarde, ya bajo su propio nombre, con un aire más popero y con el mismo éxito. Escúchalo en este enlace.

Skagarack – Big time – 1993

Tras tres discos publicados en Skagarack, el cantante Torben Schmidt lo intentó en solitario con un muy recomendable A bit on the side (1991), para, después, reformar la banda con Allan Gade a las guitarras, Steen Boel a los teclados, Lars Daugaard a la batería y Jens Brockhoff al bajo. El álbum se convirtió en el último de Skagarack y del propio Torben en muchos años. Schmidt y sus nuevos amigos ahondaron en las melodías, los arreglos profusos y los estribillos pegajosos. A destacar Never too late (delicioso estribillo, gran apoyo del sintetizador), Somebody like me (buen solo de Gade), el rollo Foreigner de I want you, buen guitarreo en Hold you, Love you, Give you o lo que debería haber sido un single de éxito Hold on just one more time. Hay que reconocer el buen hacer de Torben, el excelente sonido del disco y la calidad que atesora. En Spotify y Deezer.

Cinderella – Still climbing – 1994

Se retrasó el cuarto de Cinderella por los problemas vocales de Tom Keifer, líder, guitarrista y, obviamente, cantante. A su lado se mantuvieron Jeff LaBar a la guitarra y Eric Brittingham al bajo. El puesto de batería lo ocupó en el estudio Kenny Aronoff y de los teclados y pianos se encargó John Purdell, coproductor del álbum junto a Duane Baron y el propio Keifer. Las canciones no se acercan a los sonidos de moda entonces, como hicieron otras bandas, si no que ahonda en las influencias bluseras, con cortes directos y sin complicaciones, llenos de feeling. Escucha las guitarras y los slide de Bad attitude shuffle, All comes down o Talk is cheap; aprieta el corazón con Hard to find the words y Through the rain; disfruta de su lado más eighties con Hot & bothered o Easy come easy go. Escúchalo entero en este enlace.

House of Lords – Demons down – 1992

Tras dos excelentes discos, se quedaron sin contrato; se acabó Simmons Records y se acabó BMG. Greg Giuffria (teclista) y James Christian (cantante) se quedaban solos. Reclutaron a una nueva banda, compusieron y grabaron una maqueta con la ayuda de Mark Baker (38 Special, Triumph, Hardline) y lograron un último contrato con Victory Records. El disco lo produjo David Thoener y contó con las guitarras de Tim Pierce, Danny Jacobs y Dennis Chick, el bajo de Sean McNabb y la batería de Tommy Aldrige. Su apuesta tuvo pocos medios y poca difusión y Christian y Giuffria se dieran un tiempo. Y es una pena. Contiene hard rock magnífico en O father, Can’t fight love, Talkin’ ‘bout love o Johnny’s got a mind of his own, épica electroacústica en Demons down, preciosas baladas como What’s forever for (de fabuloso estribillo) o Spirit of love y una gloriosa Metallic blue. Escúchalo entero en este enlace.

Fair Warning – Go! – 1997

Una de las bandas de hard rock más interesantes surgidas en los 90, supieron aguantar la década «maligna» con cuatro discos excelentes. Los dos primeros editados por WEA y con gran éxito en Europa y, sobre todo, en Japón. Pero el tercero tuvieron que grabarlo de manera independiente y publicarlo con la pequeña Gun. Obtuvo el galardón a disco del año en la revista japonesa Burnn y alcanzó el disco de oro en aquel país, por cierto. Frontiers los rescató para su cuarto álbum y reeditó este Go! en el año 2000. La banda la formaban Tommy Heart a la voz, Helge Engelke y Andy Malecek a las guitarras, Ule W. Ritgen al bajo y C. C. Behrens a la batería. El disco no tiene ni un minuto de desperdicio, pero conviene destacar las roqueras Somewhere, Save me, I’ll be there o Angel of heaven; más calmados, en el rollo Beatle (si hicieron AOR) de Man on the moon, la delicadeza in crescendo de Without you (cómo canta Heart) o el baladón Follow my heart. Por cierto, hoy va esto de portadas feas. Puedes escucharlo entero aquí.

Bon Jovi – These days – 1995

Siempre es difícil defender un álbum de «los bonjovi» posterior a los años ochenta, pero merecen estar aquí. Su viaje lejos del hard/glam con el que se hicieron famosos y millonarios ya comenzó en su anterior Keep the faith (1992) y las ventas impresionantes del recopilatorio Crossroads (1994) les armó de argumentos para seguir evolucionando. Jon Bon Jovi a la voz y ya erigido como jefe supremo, con Richie Sambora a las guitarras, Tico Torres a la batería y David Bryan a los teclados, más un montón de colaboradores. Producidos por Peter Collins (Rush, Gary Moore, Queensryche) crearon un disco ecléctico que les mantuvo en lo alto. Y eso ya es meritorio. Roquean en Hey God, Damned o These days; mecheros (móviles) al aire en This ain’t a love song, Hearts breaking even y Diamond rings; pop-rock estupendo en Something for the pain, If that’s what it takes o Something to believe in. Curiosidad: el álbum más vendido de la banda en Japón y el único que metió cuatro singles en el top 10 británico.

Canciones inspiradas en el Cid

Para una generación, Mío Cid se asocia a Charlton Heston; para otra, a Ruy, el pequeño Cid. Y, quizá, para unos pocos a la obra literaria «Romancero e Historia del mui valeroso caballero el Cid Rui-Diaz de Vibar». Añado el poema Castilla de Antonio Machado. ¿Dónde estás tú?

En cualquier caso, la figura del Cid presenta cierta controversia. Ha sido objeto de manipulación y uso interesando desde mediados del siglo pasado, dando una imagen equivocada de «defensor de la patria» o «matamoros» para transmitir un mensaje acorde a la ideología imperante en la dictadura. Esta imagen apenas ha cambiado en el ideario actual, siendo nuestro protagonista aún valedor de la hispanidad y el orgullo patriótico. Y es curioso, porque el mismo término «Cid» viene del árabe. Mío Cid combatió (casi) indistintamente junto a moros y cristianos, según su interés. Quizá por ello, al homenajear al héroe medieval de famoso romance en el hard rock y el heavy metal encontramos muchas tonadas de grupos nazis y de corte fascista, que aquí intentamos obviar.

Es una pena, también, que a veces olvidemos nuestra propia Historia e, incluso, menospreciemos nuestras tradiciones en favor de otros mitos y acontecimientos «extranjeros». Una muestra de eso ya la tratamos en nuestra selección de canciones sobre mitos y leyendas, por ejemplo.

Dicho esto, compartimos hoy una serie de canciones donde se ensalzan sus aventuras desde una perspectiva (casi) mítica, el héroe, el legendario. Algunas muy conocidas y, como de costumbre, algunas inusuales. Por cierto, hay lagunas históricas, meteduras de pata, licencias literarias y mucha imaginación. Los títulos no son muy originales tampoco. Esto es arte, baby.

Avalanch – Cid

Incluida en el segundo largo de la banda, Llanto de un héroe (1999), resulta una de las mejores de esta colección. La voz de Víctor García y las guitarras de Alberto Rionda siempre en mi equipo. Sitúan a Cid en el momento del destierro: «Castilla por ti/Mi vida entera perdí/Y ahora mi rey me arroja al destierro/Y me aleja de ti».

Dragonharp – El Cid

Curiosa letra en inglés, ahondando en el Cid como salvador del reino: «Fight with courage and then bent/Bannerman, come, play the game/Take your horse and show your strength/Don’t escape, this is the game/May death do not stop El-Cid». La banda, italiana, está comandada por Rossana Monico. La canción aparece en el EP Let the dragon fly (2016).

Crack – Marchando una del Cid

En 1979 estos asturianos editaron su único álbum Si todo hiciera crack donde incluyeron este corte, titulado, supongo, con cierta sorna. Sitúan a Rodrigo en el destierro, aunque, en realidad, la aventura que narran es lo de menos y debemos disfrutar del excelso trabajo instrumental. «Por el rey desterrado un año estaré/abandono Castilla pero no por infiel».

Pirámide – El Cid

Inspira (de nuevo) el personaje un instrumental intenso a esta banda argentina en su álbum Máquina de la Eternidad (2002).

Los Relámpagos – Babieca

Y otro instrumental. Este, compuesto por Jose Luis Armenteros, apareció en lo que sería el primer larga duración del grupo, Los Relámpagos (1965). Curiosa dedicatoria al caballo de nuestro Campeador en su tónica de narrar con música cuentos e historias populares. Dicen que se inspiraron en The Shadows y su homenaje al caballo Mustang.

Dark Moor – Mio Cid

Con paso militar comienza esta canción del álbum Ancestral romance (2010) para alabar al caballero «hero and honoured great warrior/who serves without treason/he guards both Islam and Christ/in what he thinks in reason». El Cid muerto combatiendo en su caballo cierra la imagen clásica de su vida también aquí: «cabalga yerto/y gana la lid/después de muerto/Oh, Mío Cid!».

Tierra Santa – Legendario

Comprando el mito del guerrero cristiano de La Reconquista, los riojanos incluían este corte en el álbum de mismo título de 1999, segundo de la banda. «Le llaman El Cid/y lucha por reconquistar/para su rey/la tierra que hoy está en manos del invasor».

Metallium – Revenge of Tizona

Desde Alemania, esta banda de power metal nos trae a la mítica espada de nuestro héroe. «I am here/revenge of Tizona/feel the Fear/my vengeance will go far». Formó parte de Hero Nation – Chapter three (2002).

Trauma – El Cid

Desde Costa Rica nos llegó este relato metalero del destierro y el perdón del rey. Lo grabaron en 1997 en un álbum de igual título. «Eran grandes sus amores/su esposa, sus hijas y el rey/pero debía partir de Castilla/para implantar su propia ley».

Para realizare esta selección me he basado, y os recomiendo su lectura, en tres obras: «Reflexiones en torno a la transmisión, pervivencia y evolución del mito cidiano en el heavy metal» de Alfonso Boix Jomaní, «Presencia del Cid en el Heavy Metal en relación al auge y al declive de algunos de sus subgéneros» de Amaranta Saguar García y «La literatura en el Heavy Metal» de Marcos Azzam Gómez.

Y, para cerrar, dos curiosidades. La primera, un rapeo con base medieval; la segunda, un poco de Ruy, el pequeño Cid. De nada.

Medina Azahara – Sin tiempo – 1992

Paco Ventura, treinta años después de la edición del álbum que hoy traigo, decía en una entrevista: «Cuando entré en el grupo todo estaba patas arriba y organizándose de nuevo (justo dos años antes de grabar este álbum). Yo, como fan de siempre de la banda, llegué con ideas frescas que luego serían el pilar de nuestro modus operandi: no dejar de hacer música con raíces del sur, pero, por supuesto, con aire más potente y fresco, enfocado a las nuevas generaciones de fans que debíamos de recuperar«. Y cuánta razón tiene. Porque Medina Azahara surgió al final de la ola mediática de aquello del rock andaluz, atravesó con penuria los ochenta para revivir y estallar en el mercado con este álbum, Sin tiempo, en 1992. ¿Es Paco Ventura la clave? Al menos, uno de los artífices fundamentales. Está claro que su guitarra, sus composiciones y su dirección musical influyeron en el cambio de registro del grupo, pero también la producción de Carlos Martínez, quien comenzó a colaborar con la banda casi al mismo tiempo que Ventura, junto al retornado Pablo Rabadán, en el álbum Al-Hakim (1989), continuaron con En directo (1990) y alcanzaron la fama en este Sin tiempo. Hay más cambios: debutan en estudio Jose Miguel Fernández (bajista) y Manuel Reyes (batería, que ya grabó en el anterior directo). Y queda la voz del (casi) inmortal Manuel Martínez, vigoroso, maduro, sabio en el uso de sus dejes.

No quepa duda: las dos estrellas mediáticas valedoras del éxito treinta años después de la banda son Necesito respirar y Todo tiene su fin, canciones afines y distintas a la vez. Para quienes asocien Medina Azahara a estos singles, os recomiendo escuchar el álbum obviando estos cortes y apreciaréis mejor el nivelazo de composiciones, arreglos y ejecución. Todo tiene su fin versiona una balada del álbum debut de Los Módulos (Realidad, 1970). El tema original presenta una sentida letra acompañada de una sobrecogedora atmósfera, premio al Hammond, un coro de voces, melancolía. Los músicos de Medina Azahara la modernizan con un hostión de heavy: aceleran, radicalizan, gritan más fuerte. El amor que está próximo a desaparecer desde la introducción guitarrera y la (ya) mítica primera frase: «siento que ya llega la hora/que dentro de un momento te alejarás al fin». Y no hay que confundirse con la expresión, pues no se desea esta despedida y la pena, del futuro dolor, la resignación, se refleja en «pudo quererme y no comprendo/por qué no ha sido así/(…)/todo da igual/ya nada importa/todo tiene su fin». El tema del «final» está presente en otras canciones, como en Algo nuevo o Solo y sin ti. Necesito respirar tiene por guía el teclado de Pablo, cual Jon Lord cordobés, y la voz de Manuel en perfecto estado de gracia, todo bien armonizado con la guitarra de Paco, quien se marca un inolvidable solo. La canción trata del sentimiento de libertad, de la necesidad de romper las ataduras (la familia, el amor, la pareja o algo más global si quieres), un canto épico a la libertad que se inspiró en la necesidad de la propia banda de buscar nuevas formas de expresión musical (y comercial, por qué no). «Comenzamos a soñar/volaron los pensamientos/y al mirarte comprendí/que tu sueño era mi sueño».

Las canciones, hoy, nos suenan tan familiares que no podríamos dudar de su capacidad de éxito. Pero, lo cierto es (lo sabemos todo/as) que el éxito no radica (solo) en la calidad musical. Los jefes de Avispa (la compañía editorial) se aliaron con sus homólogos de una cadena tan potente como 40 Principales para dar vida a las tonadas de Sin tiempo, sobre todo en su (por entonces) novedosa Cadena 100. Por la música, por la publicidad, por la exposición, por los conciertos, el álbum vendió más de 100.000 copias y sus principales coplas, desde entonces, forman parte de cualquier catálogo, recopilatorio o playlist fiestera que se precie.

Además de estos (cansinos) temas, el grupo metió tres baladas, quizá en la búsqueda de ese single pegadizo y amable que suene en las radiofórmulas de la época (los jevis, las mejores baladas). Solo y sin ti mezcla con acierto partes suaves de piano y voz con un puente guitarrero y un estribillo muy melodioso, buena letra con la soledad como tema principal y una intervención solista acertada («sigo caminando entre multitudes como hacen tantos en la soledad/no pretendo nada, nada pueden darme»). En este tema, quizá, se aprecia más el sonido limpio y la mezcla que consiguen dar un tono setentero al conjunto, sin amalgama, dejando brillar cada instrumento. Temazo (ni idea tienes de música tú). La guitarra que abre Sin tiempo ni sitio es una barbaridad (da pena que todo sea tan breve, uno se imagina ese desarrollo arrastrándose varios minutos), un tema con cierto deje blusero (quizá por el tempo, quizá por el tono) donde Manuel se separa (algo) de su Córdoba para meterse (un poco) en un barril de bourbon. Un pequeño (qué pena) interludio de piano nos sienta en una mesa de un garito con una copa vacía. «Mil caminos por andar/y mucho tiempo perdido». Los que no saben dónde ir cuando no tienen con quién. La más rock andaluz, quizá, sea Fría y sin alma: por la estructura y por la letra. Sin embargo, el tono de los arreglos de guitarra y el cambio del piano le dan una dinámica especial que actualizan aquellos sonidos (algo) añejos por aquella época. Fenómeno Rabadán, por cierto.

¿Y el resto? Casi lo mejor. Comienzo grande con una pequeña intro de teclado con la batería en Niños, queja antibélica «el cielo se ilumina del color que dejan los misiles al pasar» y la indefensión general de la infancia «seguimos recordando un día más que en África se muere sin matar». Se mezcla ese aroma arábico en los pasajes instrumentales y las voces que entre las estrofas y el tono más agresivo, protagonizado por la guitarra y el bajo (genial), tras la voz de Manuel «por qué no das un poco de tu vida a los demás». Hicieron una versión en inglés (impagable). Una de las canciones tapadas, genial, sigue ahora, Hijos del amor y de la guerra, alegado curioso en el que se reflexiona sobre la vida y la muerte con el trasfondo de la guerra y el abandono «en el tiempo una voz y una esperanza de amor y el recuerdo se quedó entre los dos». Hay cierto aroma a ese tema top del que hablábamos antes, Todo tiene su fin. El teclado marcando el colchón melódico da un aroma tétrico al mensaje. Por cierto, increíble el solo de guitarra. La intro de batería nos empuja a Junto a Lucía, caña buena «made in Medina» donde (blasfemo) escucho a los Deep Purple de principios de los setenta: el teclado, el riff de guitarra, el estribillo. Para servidor, una de las mejores coplas que aquí se escuchan, una de las menos apreciadas también (suele pasarme). «No me preguntes ni me hables de aquel ayer/si te hago caso me volvería a perder». Un redoble militar introduce Algo nuevo con otro riffazo setentero de guitarra y teclado «como el viento te alejas y me quedo sin tu amor/y algo nuevo que me lleve/a otro tiempo que no tenga final». Sobrada de solo (uno más) que (si me dais dos copas) recuerda a Malmsteen (me flipa esta canción).

No hay mejor sitio para adentrarse en Medina Azahara. Al menos para un heavy de pro.

Versioneando: Led Zeppelin en diez versiones.

Ya tardaban en salir por aquí. Tronco glorioso del hard&heavy del que crecieron miles de ramas a lo largo de los años. Ramas de las que cuelgan algunos de los frutos que hoy compartimos con vosotros, músicos que dedicaron homenajes a sus ídolos. Como de costumbre, intentamos mezclar algunos obvios con otros disonantes, de variedad está el gusto hecho, huyendo, en la medida de lo posible, de sus clones, de los que ya hablamos en este otro post.

Y, por favor, no te olvides de dar al play y disfrutar de la buena música.

Puddle of Mudd – D’yer Mak’er

La canción original ya resultó curiosa, por ese acercamiento al reggae, pero en manos de unos tipos tan distintos a los Zep como Puddle of Mudd os aseguro que es una experiencia, al menos, que debes escuchar. La original apareció en Houses of the Holy (1973) y la versión del 2011 en Re:(disc)overed.

Nuclear Assault – Good times, bad times

Y para escucha sin prejuicios, esta interpretación de los thrashers neoyorquinos en su segundo largo Survive (1988). La original formó parte del debut Led Zeppelin I de 1969.

Primal Fear – The rover

Y una tercera, bien heavy también. Algunas canciones en el catálogo de Led Zeppelin han sido más populares que otras, obvio, y The rover (Physical graffity, 1975) tiene muy pocas covers. Pero esta de Primal Fear resuena potente, rompedora y personal. La escuchamos en Devil’s ground (2004).

Beth Hart – Black dog

Cambiando de rollo, nos subimos al tren de Beth Hart, una favorita por aquí, quien ha dedicado todo un álbum tributo a nuestros protagonistas (A tribute to Led Zeppelin, 2022). Seleccionamos la que abre el disco, todo potencia y músculo, y que formó originalmente parte del mítico Led Zeppelin IV (1971). Lo más cerca del Robert Plant setentero que vais a escuchar.

Joe Bonamassa – Tea for one

Otro crack del blues rock moderno hizo una extraña elección para You & me (2006). Escogió una canción «menor» de la que, prácticamente, no hay versiones. Rehízo el corte a su gusto convirtiéndolo en una joya de su catálogo. Zeppelin cerró con ella Presence (1976).

Dolly Parton – Stairway to heaven

Una curiosidad para valorar la trascendencia de estos tipos. Más allá de las ramas de aquel árbol, más allá del rock, el metal y sus reconfiguraciones, una artista tan famosa en otros campos como Dolly Parton les cantó una de sus tonadas en Halos & Horns (2002). Y no le quedó nada mal. La original completaba Led Zeppelin IV (1971).

Tesla – Thank you

Vayamos con algo de hard rock. Esta de Tesla aparecida en su álbum de versiones (muy recomendable) titulado Reel to reel (2007). De las mejores que podréis encontrar. Editaron un vídeo-single. Escucha la original en Led Zeppelin II (1969).

Europe – Since I’ve been loving you

Los suecos se marcaron este pedazo de homenaje en (semi)acústico para Almost unplugged (2008). Joyita. En Led Zeppelin III (1970) puedes oír la original.

Great White – Ramble on

No podía faltar aquí una de las bandas que más versiones se ha marcado de «los Zep». Le dedicaron un álbum entero titulado Great Zeppelin (1999) y han sido asiduos de homenajes en directo y en estudio. Ya les lavamos la cara en aquél post que titulamos Clon Zeppelin. Así que dejamos una de nuestras preferidas, original del Led Zepelin II (1969).

The Black Crowes – Celebration day

Imposible evitar una de estos. Experiencia única, los «cuervos» de gira con el mismo Jimmy Page tocando una selección enorme del cancionero zeppeliano que registraron en Live at the Greek (2000). Pena que no consiguieran editar un álbum en estudio juntos. La original apareció en Led Zeppelin III (1970).

Y, aunque ya llevamos diez, no podemos dejar de compartir aquí, en contra de nuestras costumbres, una banda de versiones. Porque Zepparella es otra cosa, es un renacimiento de la música de Page, Plant, Jones y Bonham. Dadles una escucha.

Don Airey: secundario de lujo.

En el argot ciclista se usa la palabra «gregario» para referirse al miembro de un equipo que, sin distinguirse de los demás, sin ser un referente, sigue siempre las órdenes del director o vive a la sombra del líder. Algunos han pasado a la Historia como «gregarios de lujo»: ciclistas que se ganaron fama bregando por la victoria de otro, por el éxito del equipo, cediendo su fama individual en favor de la colectiva. Y en la música también existe esa figura, la del currante de escenario y estudio que casi nunca da un paso al frente, pero sin cuya colaboración el resultado final no hubiera sido el mismo. Hoy, rendimos homenaje al teclista Don Airey, uno de esos secuaces imprescindibles, uno que acumula, según Discogs y su propia página web, más de trescientos discos a sus espaldas. O en sus dedos, más bien. Él mismo definió su trabajo: «en cualquier sitio, cuando eres el teclista, tienes que saber exactamente qué es lo que aportas, esa es tu contribución y ese es el rol principal de un teclista. Das a los demás el apoyo que les hace sentir seguros y les hace sentir que su música tiene valor».

Don Airey es uno de los músicos más prolíficos y solicitados del mundo hard roquero desde sus primeros pinitos allá por mitad de los setenta hasta su inclusión en el seno dorado de Deep Purple. De hecho, comienza la biografía de su web con esta frase: «Don ha girado con los grandes y con los buenos y ha tenido un asiento preferente en algunos de los eventos más excitantes de la Historia del rock». Quiénes somos nosotros para juzgar lo contrario. Si hasta tiene un blog realizado por sus fans.

Nacido en 1948, precoz estudiante de piano y enamorado del Hammond desde su adolescencia, tuvo su primera experiencia profesional con un personaje imprescindible en su despegue musical, Cozy Powell, quien venía de tocar la batería con el mismísimo Jeff Beck. Como Cozy Powell’s Hammer grabaron un single juntos en 1974 (Na, na, na), pero la historia no dio para mucho más. Powell le llamó cuatro años después para que probara suerte en una banda en la que estaba tocando; el puesto de teclista había quedado libre y el jefe estaba interesado en escucharle. Esa banda se llamaba Rainbow y Don se sentó tras los teclados a finales de 1978. «Tocar en Japón te hacía sentir como The Beatles: Graham Bonnet y yo tuvimos que correr para salvar nuestras vidas en un centro comercial perseguidos por una manada de mujeres». Grabó Down to Earth (1979) y Difficult to cure (1981). La buena relación con Cozy Powell se extendió a los discos en solitario del batería. Colaboró en el debut en formato largo del colega, Over the top (1979), en el siguiente Tilt (1981) o en Octopus (1983).

Sí, estos son Rainbow en 1981

Entre aquel single primigenio y su entrada en Rainbow, nuestro protagonista formó parte de uno de los combos más interesantes de finales de los setenta: Colosseum II. Otros tres álbumes duró su aventura: Strange new flesh, del 76, y Electric savage y War dance, ambos del 77. Más allá de la música, el mayor valor de aquella experiencia fue conocer a Gary Moore, guitarrista del combo. De él dijo: «Compartir el escenario con el Gary de 22 años, en plena efervescencia, fue inolvidable para la audiencia». La amistad, el buen rollo, formó una alianza que se extendió en el tiempo. Con Gary Moore, en el estudio, sonaron juntos, por ejemplo, en Back on the streets (1979), Dirty fingers (1983), Run for cover (1985) o Still got the blues (1990). De este último, dice Don: «para nuestra sorpresa, se convirtió en el álbum de blues más vendido de todos los tiempos». En directo nos dejaron Rockin’ every night – Live in Japan (1983) o Live (grabado en el 81 y editado dos años después). De hecho, la última grabación de Gary fue para el álbum de Don titulado Keyed up (editado en 2014).

Su fama como arreglista y músico de estudio crecía. Por dejar dos muestras. Le encontramos acreditado en tres canciones del álbum 20 años (1980) del grupo Pecos el mismo año que arregló y tocó en el debut en solitario de Michael Schenker al frente de su banda, MSG (The Michael Schenker Group, 1980). Y en la misma época se (re)encontró con Ozzy Osbourne. «Estar en la banda de Ozzy fue una experiencia de la que me siento orgulloso, pero no querría volver a pasar por ello de nuevo». Años turbios, seguro. La introducción mítica de Mr. Crowley le pertenece por entero. Participó en el estudio durante las grabaciones de Blizzard of Ozz (1980) y Bark at the moon (1983) y en la gira del 81/82. Por cierto, a Ozzy metiendo las teclas en el Never say die! (1978) de Black Sabbath.

La segunda mitad de los ochenta le pilló sin un puesto fijo, por lo que alternó su labor en estudio con algunas giras. Puso sus zarpas en los pelotazos multiplatino de David Coverdale (Whitesnake, 1987, y Slip of the tongue, 1989), donde se encargó de los arreglos, por ejemplo, de Is this love. Otra aventura interesante la vivió junto a Bernie Marsden en el álbum The Pack (1985) de la banda Alaska. No puedo evitar nombrar aquí el debut de Zeno (1986), disco más que reivindicable. Entre sus viajes por los escenarios, destacar la gira con Jethro Tull para la presentación de Crest of a knave (1987). Añadamos finalmente a Judas Priest: Don se convirtió, en cierto modo, en el teclista no-oficial de los metaleros británicos colaborando en Painkiller (1990). Escucha A touch of evil, por ejemplo. Las malas lenguas mantienen que el bajo del álbum lo grabó Don con un Minimoog. Debió de hacerlo bien, porque repitió en Demolition (2001), Angel of retribution (2005) y Nostradamus (2008).

A principio de los noventa tuvo que retirarse temporalmente por problemas personales. Su retorno fue progresivo, colaborando, de nuevo, como músico de estudio, yendo de proyecto en proyecto, hasta acabar en «los Purple» a comienzos de siglo. Entre todas aquellas historias, dejemos para la escucha sus colaboraciones con Uli Jon Roth (Trascendental sky guitar, 2000), Ten (Babylon, 2000) o Glen Tipton (Babtizm of fire, 1997). Pero su mayor éxito lo alcanzó con Katrina & The Waves. Comenzó como arreglista y tocando pianos y Hammond en Edge of the land (1993), siguió en Turn around (1995) y alcanzó el momento de gloria en 1997. Don arregló la canción Love shine a light que representó a Gran Bretaña en Eurovisión y la BBC ofreció a nuestro amigo la posibilidad de dirigir la orquesta el día del concurso. La canción ganó aquella edición. Airey, gran fan de Eurovisión, afirmó poco después: «ha sido mi mayor orgullo». Ahí le tenéis.

En 2001 recibió una llamada que cambió, una vez más, su vida: sustituyó temporalmente a Jon Lord tras las teclas de Deep Purple en la gira de aquel verano. Poco después, Lord anunció su retirada definitiva y Don fue nombrado miembro oficial de la banda, en la que permanece hoy en día. «Fue difícil durante dos o tres años. Estuvimos trabajando muy duro y nadie dijo mucho. Pero gradualmente encontré mi sitio en una nueva identidad». Ha grabado seis discos de estudio y ha girado incansablemente por todo el planeta. Woosh (2020) y Now What? (2013) son especialmente jugosos, con la producción de Bob Ezrin. Y si quieres saber a qué suenan estos «Purple» en directo, pincha Live at Montreux (2007) o Live in Rome (2019).

Y, claro, con tanto tiempo libre también ha publicado y girado con su propio nombre en la portada o los carteles. Cinco discos en estudio, desde K2 en 1988 hasta One of a kind en 2018, con el recomendable Keyed up (2014) en medio. Su última publicación ha sido un directo grabado en Alemania titulado Live in Hamburg (2019), donde repasa algunas de las mejores canciones de su larga trayectoria. Muy recomendable.

Para cerrar este homenaje, una reflexión sincera. «La cuestión es que soy un teclista en una banda de rock y tienes que permanecer quieto mientras tocas. Esos guitarristas y esos cantantes tienen personalidades enormes». Esos guitarristas: Richie Blackmore, Steve Morse, Randy Rhoads, Gary Moore, Jake E. Lee o Martin Barre. Esos cantantes: Ian Gillan, Ozzy Osbourne, Joe Lynn Turner, David Coverdale o Graham Bonnet. Algo sabrá de todo esto.

John Cougar Mellencamp – The lonesome jubilee – 1987

Este álbum podría, perfectamente, considerarse un disco conceptual. No porque aporte una historia con introducción-nudo-desenlace o porque se guíe por un nexo melódico común o porque trate de un personaje que viaja de escenario en escenario. Más bien porque las diez canciones de este The lonesome jubilee tratan fundamentalmente de la crisis de la mediana edad y de la decepción de una vida de clase media en cualquier lugar de un país llamado Estados Unidos. En realidad, muchas de sus quejas, dudas, vivencias pueden trasladarse a hoy en día a casi cualquier país occidental. Incluso a alguno de nosotros (si aún se os puede considerar clase media o mediana edad, claro). De hecho, tenía previsto editar un álbum doble, pero descartó varias canciones que no cuadraban con esta temática.

Cuando en septiembre de 1986 John se metió en los estudios Belmont Mall de Indiana, tenía 35 años, dos esposas, tres hijos y ocho discos a sus espaldas; los tres últimos le habían convertido en uno de los artistas más importantes de la época, con singles de éxito como Jack&Diane, Pink houses, Small town o ROCK in the USA. Había cambiado dos veces de nombre artístico (Johnny Cougar, John Cougar y, ahora, John Cougar Mellencamp) y estaba a punto de volver a hacerlo. Y de volver a divorciarse. Un año antes había formado parte del Farm Aid, una asocicación de músicos/artistas que comenzó a recaudar fondos para los granjeros y sus familias, con la intención de permitir mantener su nivel de vida y que no desaparecieran sus granjas; en aquel primer concierto de 1985 actuaron, entre otros, Bob Dylan, Tom Petty, Neil Young o B.B. King. Esta era la vida, más o menos, del artista. 

Durante seis meses, con diversas idas y venidas, compuso y grabó uno de sus mejores y más complejos discos, de letras duras y dolorosas, melodías sencillas con arreglos arriesgados, coros femeninos y el uso cada vez más importante del acordeón, la armónica o el violín. A su lado seguían músicos fundamentales en su ascenso al éxito: Kenny Aronoff a la percusión, con su pegada como un sello definitorio de cada canción; Larry Crane y Mike Wanchic a todo lo que tenga cuerdas (guitarras, bajo, pedal steel, dobro); el bajista Toby Myers; John Cascella a los teclados, el acordeón o el saxo, entre otros instrumentos. Otra pieza fundamental de su sonido vuelve a subirse al barco, el ingeniero y productor Don Gehman, maestro de ceremonias, también, de esos discos superventas. Junto a ellos, Lisa Germano con el violín y Pat Peterson y Cristal Taliefero a los coros. Un gran equipo para un gran disco.

El rollo fiestero de Paper in fire nos anuncia en qué va a consistir el disco: melodía pegadiza, la batería en primer plano, guitarras sutiles, a veces algo complejas, buenos arreglos y el protagonismo del violín y, en ocasiones, el acordeón, todo en un contexto roquero con canciones que enganchan. La canción habla de los deseos no cumplidos, aquellos por los que luchas «she chased got too close to her expectations» pero que se escapan «like paper in fire». Down and out in paradise quizá sea en la que John canta mejor y, quizá, el mejor corte. Guitarras acústicas y eléctricas, el acordeón y el violín jugando con el ritmo de bajo y batería, pegadizo, en una carta dirigida al mismísimo presidente desde la perspectiva de un desempleado «my kids are hungry/I’ve got four mouths to feed», una bailarina que se hace mayor y acaba en la calle  «now I’ve no place to live/and I’m out on the streets» y un chaval «my daddy’s always drunk/my mom’s a babysitter» que se preguntan dónde está el sueño americano «looks like the milk and honey/done run out on me». Otra de mis favoritas, Chek it out, donde la voz femenina repite el título de la canción mientras Mellencamp relata a las generaciones futuras «I hope they have better understanding» porque yo me he encargado de mi familia, de mi trabajo, de las facturas y tengo dudas de lo que es la felicidad «gettin’ too drunk on saturdays/playin’ football with the kids on sundays». ¿Esto es la felicidad?  Empalmamos con un canto a la rebelión de la rutina, a abandonar lo que te hace, precisamente, infeliz y disfrutar de The real life. Bárbaro estribillo, por cierto. Recuerda: «we deal with our woun destinies/but something happens when you reach a certain age/particulary to those ones that are young at heart». El mensaje del álbum, en cierto modo: el espíritu joven que despereza de buena mañana y se da cuenta de que no está donde quiere, o donde esperaba estar, y que se niega a llevar una vida de adulto para siempre. Para finalizar la cara A, Cherry bomb habla de los viejos tiempos, de los recuerdos de juventud: la vida en el pueblo o la granja, cuando hacías el idiota todo el verano «we were goin’ nuts, girl, out in the sticks», incluso aquella pelea que acabó con los años en amistad, todo para concluir «i’m surprised that we’re still livin’/if we’ve done any wrong/I hope that we’re forgiven». Protagonismo del acordeón y un ritmazo de toda la banda, pero en especial las guitarras, un excelente adorno de violín en el estribillo y una pegadiza melodía. Single de éxito.

We are the people suena a solidaridad, a «aquí estamos» si eres de los nuestros, si eres de los que sufren en la vida: «if you are scared and alone/you know our thoughts are with you» porque «we are the people/and we live forever». Las guitarras eléctricas dan un toque roquero y duro al corte y el banjo le da este toque raíces yanquis, con una parte instrumental central donde el violín y las guitarras suenan muy Kansas, y otra para el fantástico final. Empty hands comienza con un rollo sureño, casi country, con el violín, el dobro y el acordeón en primer plano. Luego se suman las guitarras y un piano y la canción va creciendo por detrás de la letra, una de las más sentidas y duras de todas: la pérdida de los sueños, un clásico, cuando uno se da cuenta de que ha luchado para nada, que la vida le ha traicionado. «Grew up with great expectations» porque «They say people get what they deserve» pero uno acaba con un trabajo de mierda y una pareja que se distancia «without hope, without love, you’ve got nothig but pain» y las manos vacías. Lo que enlaza con el mensaje de Hard times for an honest man, de melodía más alegre, donde se atisba algo de esperanza, porque aunque «it’s hard times for an honest man/very very very hard times» siempre hay momentos de felicidad «just to laugh and say hello and say good-bye». Cambiamos un poco en Hotdogs and hamburgers con una historia de desamor y reflexión: Mr. Mellencamp se encuentra con una chica india (americana) y trata de camelársela, pero ella se ríe de él «your’re tryin’ to get something for nothing/like the pilgrims in the older days». Vaya, quieres darme nada a cambio de lo que yo valgo. Reflexiona sobre ello también cuando la lleva, orejas gachas, a casa, pues papá le hace ver que «I was the white man, the one who sold him something that he already owned» y acaba pidiendo perdón «I said, Lord, forgive us for we know not what to do». Cierra otra historia de amor, esta vez culminado, Rooty toot toot, que viene a significar (libremente) que somos algo ruidosos: «rooty toot toot/we had it made in the shade/like a ball through the hoop/spinnin’ and tumblin’ inside this hoola hoop». John se ha cogido el día pra irse al campo con una amiga y acaban llegando las fuerzas de orden público «you are on private property». 

La portada muestra una foto de nuestro cantante con un señor desconocido en un bar cualquiera, en blanco y negro para darle ese halo de nostalgia y olor añejo. En la contraportada una máquina de singles, por entonces en proceso de extinción.  En la funda dos fotografías más relacionadas con las anteriores: Cougar hablando con el susodicho desconocido y poniendo un single en la maquinola. En el interior las letras y los créditos con fotografías de los músicos.

Y este es el viaje literario, emocional y musical que nos propone John Cougar Mellencamp con su equipo de músicos amigos. Algo de tristeza y dolor, poca esperanza, en verdad. Pero excelente música, eso sí.

Canciones inspiradas en El Señor de los Anillos.

Hoy en día, ser fan de una obra LITERARIA del calibre de El Señor de los Anillos no es fácil. O sí. Depende, claro, de cómo se enfoque: apuesto un orco a que muchos «fanes» de los personajes y las historias de Tolkien no han abierto el libro nunca. La magia del cine, claro. Para quienes mamamos aquellas historias en papel (tres gruesos volúmenes) y fuimos friquis raros muchos años, el advenimiento de tanto turista a la Tierra Media no fue agradable necesariamente. Se estaba mejor antes.

En cualquier caso, la pasión por los héroes y los villanos de El Señor de los Anillos ha fascinado a nuestros músicos desde su más tierna juventud. Y aquí nos dedicamos a recopilar unas cuántas canciones inspiradas en aquellas letras negras sobre papel blanco. Algunos clásicos (de sobra conocidos) mezclado con sorpresas y curiosidades.

Friqui Rock Metal en toda su plenitud.

Como siempre… dale al play.


Saurom – Regreso a las Tierras Medias

El propio nombre de la banda (originalmente, Saurom Lamderth) ya confiesa la inspiración de estos gaditanos. Ocuparon buena parte de su discografía inicial en los personajes y las narraciones de Tolkien. Aunque su debut, El guardián de las melodías perdidas (2001), coincidió con la primera parte de la trilogía fílmica, y a la par que ella fue editando sus siguientes obras, muchas de las canciones que lo formaron, como esta, se grabaron en distintas maquetas desde unos años antes.

Bob Catley – The wraith of the Rings

Alejado de sus imprescindibles Magnum, el voceras Catley dedicó su tercer disco en solitario (Middle Earth, 2000) a las aventuras de los personajes de nuestra trilogía protagonista. Compuesto y producido por Gary Hughes, solo puede sonar bien.

Azrael – El hechizo de Galadriel

Cerraban su debut Nada por nadie (1996) con esta hermosa y breve pieza instrumental en honor a la elfa Galadriel.

Camel – Nimrodel/The procession/The white rider

Ni cortos ni perezosos, para su disco Mirage (1974) se marcaron ni más ni menos que una mini ópera roquera de casi diez minutos dividida en tres partes intentando desarrollar la transformación de Gandalf de Gris a Blanco. Emotivo y no carente de cierta magia.

Glass Hammer – Song of the Dúnadan

En 1993 este dúo estadounidense (Steve Babb y Fred Schendel) grabó un álbum, Journey of the Dúnadan, protagonizado por Aragorn, quien narra en una ópera rock su visión de las desventuras narradas en la trilogía. El buen resultado del álbum y la recepción les llevó a intentar repetir el experimento con las obras de C. S Lewis, pero eso es otra historia.

Dark Moor – Starsmaker (Elbereth)

La épica particular de esta banda no podía dejar de lado tan magna obra. En su tercer álbum, The gates of Oblivion (2002), hacen referencia al poema A Elbereth Gilthoniel que aparece (hasta tres veces) en El Señor de los Anillos.

Ten Years After – Hobbit

Estos británicos, con mucha sorna, titularon así al solo de batería que Ric Lee se marcaba en directo y que escuchamos, en esta ocasión, en un concierto de 1975. Lo dejaron para la posteridad en el álbum Recorded Live de 1973.

Bo Hanson – Living Shire

Esta es una de las aventuras fantásticas que he descubierto documentando este post. El multi instrumentista sueco Bo Hanson grabó en 1970 un álbum instrumental titulado Sagan om ringen. Efectivamente, Hanson es sueco. Tal fue el éxito, que dos años después se publicó en el Reino Unido con el título Music inspired by Lord of the Rings.

Mostly Autumn – Riders of Rohan

Y, de igual modo, estos británicos dedicaron su cuarto disco a nuestros protagonistas con el original título de Music inspired by The Lord of the Rings. Teclados, flautas, pianos, programaciones y algunas guitarras. Recomendable (y curiosa) escucha.

Led Zeppelin – Ramble on

¿En qué no se habrán inspirado Led Zeppelin? Los escenarios de El Señor de los Anillos ocuparon varias de sus tonadas, entre las que rescatamos esta del Led Zeppelin II (1969). «How years ago in days of old/when magic filled the air/’T was in the darkest depths of Mordor/I met a girl so fair/But Gollum, and the evil one/crept up and slipped away with her».

Rush – The necromancer

El batería Neil Pearl, responsable de las letras de Rush, hace referencia al Nigromante (The Necromancer) y a tres viajeros, que no son otros que Frodo, Samsagaz y Gollum, a su llegada a Willodale. La canción se divide en tres partes: Into darkness, Under the shadow y Return of the Prince. La escuchamos en Caress of steel (1975).

El Reno Renardo – Camino a Moria

De regalo, esta ¿obra de arte? La letra más irreverente que encontraréis sobre el viaje mítico sobre la música de la canción Camino a Soria de Gabinete Caligari. Impagable. «Me llevo pal camino un bocata de foagrás/y vamos toda la peña cantando Manowar»