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Algunos discos que sigo escuchando (16): rescatando del olvido.

Con gusto retomamos esta sección casi, como hoy, de arqueología musical. Música que poco éxito tuvo en su momento y que rara vez se recuerda, se pincha o se compra. De hecho, algunas de estas obras ni siquiera han tenido una reedición. Por suerte, una de las ventajas del mundo digital hiperconectado es poder acceder al instante a (casi) cualquier música del planeta hard&heavy. Por si es el caso, te pegamos los enlaces para su disfrute. Cinco propuestas de hard rock (más o menos) melódico, lleno de fantásticas guitarras, coros envueltos en vaselina y mucho, mucho amor.

Comenzamos…

Bangalore Choir – On target – 1992

Un disco que lo tenía todo para triunfar. Un buen cantante que venía de un disco con impacto (para bien y para mal), un productor de renombre, famosos ayudando en la composición y una compañía grande detrás. Pero no funcionó. Quizá podríamos achacarlo «al grunge» o quizá no. Pero David Reece, el cantante al frente del Eat the heat (1989) de Accept, comandó una excelente colección de temas hard rock con bellas melodías y la producción de Max Norman (Ozzy, Y&T, Megadeth). Buenas guitarras de Curt Mitchell y John Kirk, con Ian Mayo al bajo y Jackie Ramos a la batería. Contundente comienzo con Angel in black, bárbaras guitarras hardroqueras en All or nothing (y ese deje Coverdale en la voz) y mas caña en Freight train rollin’ y su pirotécnica guitarra. Espacio para las baladas y los medios tiempos, comenzando con la increíble interpretación de Mr. Reece en If the good die young (we will live forever) y siguiendo con las acústicas de Hold on to you (balada de manual ochentero). Y de regalo los estribillos de She can’t stop y Slippin’ away. En Deezer y en Spotify.

Brighton Rock – Young, wild and free – 1986

Siento curiosidad por saber cómo una banda canadiense desconocida convenció a Michael Wagener para que le produjera su disco debut. Bueno, el dinero y tener un contrato con una compañía grande igual influyó. El caso es que Mr. Wagener dejó su sello a lo largo de los diez cortes del álbum, un compendio de buen hard rock de mitad de los ochenta. En Estados Unidos apenas tuvo distribución y tuvo que «conformarse» con un disco de oro en Canadá. Gerry McGhee canta y comanda la nave con Greg Fraser en las guitarras (componen todas las canciones), Steve Skreebs al bajo, Mark Cavarzan a la batería y Johnny Rogers en los teclados (muy acertado, por cierto). Las canciones no tienen complicación ni pirotecnia y se basan en pegadizas melodías bien arregladas coronadas por estribillos jugosos. ¿Qué más quieres? Como curiosidad, Greg Fraser se enroló en Helix tras el final de Brighton Rock en 1992 y ese mismo año McGhee estuvo a punto de sustituir a Vince Neil en Mötley Crüe. Pegadizas Young wild and free, el single We came to rock (protagonismo del teclado), Assault attack y la balada Can’t wait for the night, con ese estribillo bombástico. Pero estos chicos también roqueaban (aunque sin desmelenarse mucho) en Jack is back, Change of heart y Rock and roll kids. En Deezer y en Spotify.

Vamp – The rich don’t rock – 1989

Esta historia también es buena. ¿Qué hacía falta para triunfar en el rock a finales de los ochenta? Exacto: unos chicos guapos con mucha peluquería, un productor de renombre y una compañía poniendo dinero. Aquí tenemos a los melenudos: Dicki Filszer a la batería, Oliver Scholz al bajo, Ricolf Cross a las guitarras y Tom Bellini a la voz. Sí, son alemanes. El productor, Tony Platt, había trabajado a la sombra de «Mutt» Lange para AC/DC y Foreigner y se había curtido en singles y discos de Iron Maiden, Saxon, Motorhead o Gary Moore, entre otros. Y la compañía no podía ser más grande: Atlantic. Además, parieron una joya de hard rock melódico que puede rivalizar con cualquiera. No tuvieron suerte en el Reino Unido (la compañía tampoco apoyó mucho) y no se editó en Estados Unidos. El mercado local tampoco les fue favorable, demasiada laca ya en la radio y la televisión. El único que tuvo cierto recorrido en la escena musical fue el batería, Dicki Filszer, quien acabó uniéndose a los británicos Skin. ¿Y qué escuchamos entonces? A destacar, los guitarrazos de Heartbreak, heartache, la adictiva The rich don’t rock, con su estructura in crescendo, la barbaridad de All night (incluyendo un pedazo de solo de batería), Lonely nights (cómo no fue este tema un exitazo), la vacilona Like I want y las hevilorras Why, Talk is cheap y Shout. ¿Baladas? Renegade. En Deezer y en Spotify.

Fate – Cruisin’ for a bruisin’ – 1988

No se complicó Hank Shermann (guitarrista) cuando acabó la aventura de Mercyful Fate y se quedó solo. Decidió formar una nueva banda con el nombre de Fate. Reclutó a unos cuantos músicos y editó dos discos en dos años para, después, abandonar su propia creación. Este Cruisin’ for bruisin’ es el tercer largo de la banda y participaron Jeff Limbo a la voz, Jacob Moth a las guitarras, Flemmin Rothaus a los teclados, Pete Steiner al bajo y Bon Lance a la batería. El productor elegido fue Simon Hanhart, currante con Marillion y los discos ochenteros de Saxon. Y en ese sonido juega este álbum de los «renacidos» Fate. Estos estaban en EMI. Mezcla de líneas melódicas en la voz, con mucho teclado y algunos buenos guitarrazos, aunque todo muy acaramelado. El comienzo con Beneath da’ coconuts promete, rehacen su propio Love on the rox, pegajoso el single Lovers, extra de azúcar en Babe, you got a friend y roquean en Dead boy, cold meat y Look you up. En Deezer y en Spotify.

Shelter – First stop – 1983

En plena efervescencia AOR, las compañías de discos buscaban el nuevo hitmaker del momento. Polydor firmó a un puñado de músicos para componer ese disco multiplatino; la banda se llamó Shelter y este fue el disco. Que, obviamente, no triunfó. Y, de nuevo, no puede decirse que los diez cortes de First stop carezcan de calidad, aunque, claro, todo suena a Survivor, Journey o Foreigner. Y quizá ese lastre, la falta de personalidad, de sonar a «lo mismo», impidió que triunfaran. Russ De Salvo a las guitarras, Peter Valentine a los teclados, Carl Bova al bajo, Bill Messinetti a la batería y Joe Lamente a la voz y la segunda guitarra. Resulta curioso que la mayoría de las canciones fueran compuestas por Mesinetti y Bova (la pareja rítmica). Escucha Foolish lover, Shelter o Tricks, la deliciosa On the line, el piano y los arreglos estupendos de The way I feel y las roquerillas So glad I found you o Who do you love. En Deezer y en Spotify.

Algunos discos que sigo escuchando: heavy metal olvidado

De vez en cuando nos gusta rescatar esa basurilla musical que ha quedado en los rincones de la Historia del rock y el metal, discos o bandas que, por razones ajenas a su calidad o su dedicación, duermen en el olvido del metalhead moderno. Y no se lo merecen. Hoy traemos cinco propuestas diversas de bandas, en su mayoría, con poco recorrido. Cinco álbumes que no puedes dejar pasar sin escuchar por más tiempo.

The Rods – Wild dogs

Impresionante portada, ese perrazo de tres cabezas, ese animal salvaje que anticipa lo que vas a escuchar en el álbum editado en 1982. Heavy metal de principios de década con un punto melódico excelente. El jefe David Fenstein, a la voz y la guitarra, se lleva todo el protagonismo con méritos. A su lado, Gary Bordonaro al bajo y Carl Canedy a la batería, cumplidores. Temas rápidos de buenos riffs y estribillos con gancho: Burned by love, Waiting for tomorrow (con un ritmo muy Maiden), End of the line, Wild dogs (gran estribillo) o Too hot to stop. Recuerdan a Gary Moore en Rockin’ and rollin’ again y cierran el álbum con un himno del directo, The nights live to rock. Para fans y, también, para gentes que gusten de descubrir cosas nuevas.

Zar – Live your life

Ya hemos hablado del cantante John Lawton en el blog, cuando se enroló en Uriah Heep. En este álbum de 1990 se asocia con el guitarrista alemán Tommy Claus para lanzar un álbum de excelente heavy melódico: composiciones rudas endulzadas por coros y armonías que pasan incluso por momentos AOR o se acercan a los Scorpions de los primeros ochenta. Lawton es el protagonista absoluto, con un Claus bastante comedido pero muy efectivo, adornando con buen gusto en solos, punteos e intros. Quizá demasiado teclado en algunas partes. Grandes momentos en Heart of the night, Line of fire (suenan a los Rainbow de Turner), She’s a liar, Gone for tomorrow (unos Foreigner cabreados), Cry of the Nile (más metalera) y la épica Lost son of the king.

Fortnox – Fortnox

Increíble que esta banda no triunfara. Y, más aún, que desapareciera sin dejar rastro. Rick Fowler comanda con su voz y su guitarra este poderoso trío que, producido por el mismísimo Chris Tsangarides en 1982, editaron su disco debut (y único). Nathan De Foor a la batería y Joel Shipp al bajo. Canciones con fibra metalera, gancho hard, coros paridos para ser cantados en manada y una producción limpia y majestuosa a la vez. Dieron un petardazo con su primer single Storm inside my head (llegó al puesto 44), pero ahí se quedaron. Tras girar con Aerosmith, Thin Lizzy y Cheap Trick, adiós. Temazos: Hyperock, la vacilona Running from yourself, Lucifer’s eyes, On the prowl o el rollo Y&T de Rockin’ in America,

Headpins – Turn it loud

Este cuarteto canadiense sí que conoció el éxito con su debut de 1982. Al menos en su país natal, donde consiguieron el doble platino y cierta fama. Formado por Darby Mills a la voz (recuerda una barbaridad a Joan Jett, quizá cabreada), Brian McLeod a la guitarra, Ad Bryant al bajo y Bernie Aubin a la batería. Rock & metal directo, vaya, nada de tonterías melodiosas. Ritmo machacón, riffs memorables y directos a menear el culo. Qué grandes momentos en Turn it loud, Don’t ya ever leave me, People o Don’t it make you feel. Su siguiente álbum, Line of fire, les llevó un poco más lejos en ventas, girando por Estados Unidos y Europa. Luego, problemas de la compañía y sus malas relaciones acabaron con la aventura. Como curiosidad, el productor, Bill Henderson, se encargó de la música en la versión canadiense de Barrio Sésamo.

Trance – Power infusion

Nada más apetecible que una decadente banda alemana de principios de los ochenta para amenizar las orejas. Colegas de Scorpions o Accept, se dedican a patear culos a base de bien, con melodías contundentes, dobles guitarras y la voz de Lothar Antoni a medio camino de Rob Halford (Judas Priest) y Dan McCafferty (Nazareth). Publicado en 1983, debió ser el disco que les sacara del anonimato, con canciones pegadizas como Heavy metal queen o Rock star (vaya riff, buen estribillo). Recogen los sonidos NWOBHM en Shock power, en la balada Children of illusion y en Storm & thunder (la más speed del conjunto) y se acercan al hard rock en Sensation, Burn your lies (guapo, guapo estribillo) o s l d (deditated to MCE). Para rescatar.

Algunos discos que sigo escuchando: hard rock melódico.

Lo admito. Me encanta conocer un disco, una canción o una banda que nadie más recuerda en una conversación de bar o de twitter. Y no soy el más listo; tengo buena memoria y adoro la basurilla musical, esa que se pierde por las cubetas de saldo o por las listas de (no) descargas. Y, de vez en cuando, para que tú, lector, lectora, puedas también presumir de gusto exótico o de sabiduría de mercadillo, comparto esos discos que ya nadie escucha o que, directamente, nadie escuchó en su día. A veces, son recientes, otras, más viejunos.

Hoy viajamos a los años 80 y juntamos un puñado de álbumes de (más o menos) hard rock melódico que, por diferentes razones, se han quedado en el olvido del roquero medio. Pero merece la pena darles, al menos, una escucha atenta.

Streets – 1st – 1983

Steve Walsh decidió abandonar Kansas para formar su propia banda y tentar a la suerte del mercado. Durante los seis años que duró esta separación editó dos discos como parte principal de Streets. Reclutó al guitarrista Mike Slammer (City Boy), al bajista Billly Greer y al baterista Tim Gerth. Con Walsh como principal compositor y la producción de Neil Kernon (Dokken, Queensryche), grabaron este debut lleno de excelentes pasajes de hard rock mezclado con arreglos y armonías AOR, en un equilibrio muy jugoso. Slammer muestra su buen hacer en el medio tiempo One way steet o en Lonely woman’s cry, suenan pegajosos en Everything is changing o If love should go y escriben armonías estupendas en So far away y Move on. Delicioso y nada delicado.

Skagarack – Hungry for a game – 1988

Segundo largo de estos daneses con unas composiciones cuidadas y protagonismo principal para las líneas vocales de Torben Schmidt y las más que correctas guitarras de Jan Petersen. En este álbum desarrollan un estilo a caballo entre Boston (Somewhere in France) , Foreigner (Boys) y Whitesnake (This world). En Joanna o Take me home tonight o la propia Hungry for a game dejan claro ese dominio melódico, con una producción característica del hard europeo, al estilo Treat o T.N.T. por poner dos ejemplos. Suenan a gloria cuando la guitarra se hace protagonista, en una de las mejores, She’s a liar, y en el medio tiempo Facing the truth. Tommy Rasmussen a los teclados tiene un protagonismo discreto pero fundamental en todo el trabajo.

707 – 707 – 1980

La colección de números del título parece confusa, una clave secreta quizá, pero corresponde al nombre de la banda de Detroit (Estados Unidos) 707 y a su primer álbum, debut publicado en 1980. La banda la formaban Phil Bryant como principal cantante y bajista, Kevin Rusell a las guitarras y la voz, al piano y los sintetizadores Duke McFadden y a la batería Jim McClarty. Consiguieron un éxito moderado en las listas con su primer single I could be good for you, pero de ahí no pasó la fama. La mezcla de guitarra roquera y buenas teclas junto a unas líneas vocales melódicas y estribillos sencillos fabrican los mejores momentos del álbum, como en Let me live my life, Save me (con un buen solo de guitarra) o Feel this way. A destacar también dos cortes con aroma pop seventies como One way highway y Slow down, la épica balada Whole lot better y las excelentes armonías vocales como You who needs to know.

Airrace – Shaft of light – 1984

De todos los discos olvidados de esta sección, este es el que más sorpresa me causa. Tuvo todo para triunfar. Un gran cantante (Keith Murrel), un productor con buen oído, Beau Hill (Ratt, Kix, Winger), el dinero de una multinacional (Atlantic) y, sobre todo, grandísimas canciones. Promesa rota de la ola de rock melódico británico (un saco que se llamó New Wave of British Melodic Metal), asombra escuchar la madurez de Promise to call, Caught in the game (de imposibles coros), First one over the line o la genial Open your eyes. Grandes guitarrazos de Laurie Mansworth que se deja llevar por la técnica sin olvidar la melodía del género en I don’t care , la final All i’m asking o Not really me. No pueden faltar las armonías rompecorazones: Brief encounter o Do you want my love again ocupan ese lugar. Quizaá el exceso de producción lo hace sonar viejo; demasiado procesado y sintetizadores. Por cierto, el batería era un jovencísimo Jason Bonham.

Gamma – 2 – 1980

Banda formada por el genial guitarrista Ronnie Montrose y el cantante Davey Pattison con una mezcla de hard rock y AOR de estadio, muchos teclados y una barbaridad de solos de guitarra. Quizá demasiado heavy para las radiofórmulas de la época y demasiado blandito para los circuitos metaleros en ebullición en el cambio de década, no consiguió mucho éxito y el proyecto duró poco. Les acompañaron Jim Alcivar a los teclados, Glenn Letsch al bajo y el colega Denny Carmassi a la batería (ojito este tipo cómo toca; se marchó poco después a Heart y acabó con Coverdale/Page). Los mejores momentos los dan en Mean streak, la brutal Four horseman, Mayday y Skin and bone. Se dejan tentar por la tecnología y los efectos en Dirty city (gran estribillo) o Cat on a leash y por el blues en Voyager (gran solo de guitarra, uno más).

Y por aquí os dejo una playlist con un poquito de cada…

Algunos Discos que sigo escuchando (13): Power Metal

Resulta difícil definir el Power Metal: subgénero del Heavy Metal, rama propia dentro de un saco enorme que llamaríamos Metal o invento de las discográficas para vendernos, como tantas veces, en un mismo cajón grupos de diversa índole. A mí me gusta imaginar que muchas de estas canciones surgen de una mente en la que se sientan juntos Steve Harris (Iron Maiden), Jim Steinman (Meat Loaf) y Freddy Mercury (Queen) a componer, y que un loco productor le mete coros imposibles, acelera las canciones e inventa docenas de adornos, o se para a borrar todo lo grabado y deja un piano y una guitarra para después creerse Wagner y acabar con una orquesta y cincuenta voces haciendo coros. Porque lo bueno de la etiqueta Power Metal es que cabe (casi) de todo: tiernos momentos de pérdida y dolor, largas progresiones épicas, directos puñetazos melódicos.

En la sección Algunos discos que sigo escuchando no intentamos ser los más listos. Sirve para compartir obras que se han quedado en nuestras orejas por diversas razones y a las que volvemos de vez en cuando. Y servidor se aficionó al género en la segunda mitad de los noventa, cuando se me aflojó el empujón del grunge y volví la oreja otra vez al heavy, muy decadente por entonces con géneros extraños y olvidables. En esas aparecieron los discos que a continuación rescato. No tienen por qué ser los mejores del género, ni siquiera de sus protagonistas. Son, simplemente, algunos discos de Power Metal que sigo escuchando muchos años después.

Dale al play…

Edguy – Theater of salvation – 1999

Una canción como Babylon define lo que fue el movimiento Power Metal en los noventa: velocidad, arreglos melódicos, técnica instrumental y coros bombásticos. Tobías Sammet graba aquí, a mi gusto, su primera gran obra llena de referencias al heavy y al speed clásico pero con su toque personal, tanto por su forma de cantar como de componer. El ritmo y el riff de The headless game, la melodía (que me recuerda a los Yes setenteros) con protagonismo del piano en Land of the miracle (o su gemela Another time) y los coros de Wake up the king, sobre ese doble bombo heredero del thrash, ya explican la grandeza de Theater of salvation. No dejes de pinchar Holly shadows (muy Dickinson) o Arrows fly.

Blind Guardian – Imagination from the other side – 1995

Pilar básico del nacimiento como estilo propio del Power Metal y su popularización, estos germanos fueron introduciendo progresivamente distintos elementos a su música (arreglos orquestales, instrumentos clásicos) hasta llegar a este álbum, a mi parecer el más equilibrado de todos aquellos grandes discos de los noventa. Destacan sus letras cercanas al bardo medieval, con recuerdos a Rush o Dio, la épica de arreglos y coros y los estupendos pasajes instrumentales. Con su poderoso estribillo y una guitarra enorme, I’m alive por sí misma justifica el álbum junto a la inicial Imagination from the other side. La delicadeza rabiosa de A past and future secret y la emotividad (ese medievo) de Mordred’s song. Y mis favoritas: The script for my requiem y And the story ends, con las mejores interpretaciones vocales de Hansi.

HammerFall – Legacy of kings – 1998

Quizá los más enraizados en el heavy metal clásico, cualquiera de los cuatro o cinco primeros discos de los suecos HammerFall podría estar aquí. Con la temática de las Cruzadas y los caballeros Templarios como principal referente, engarzan riffs bestiales, voces dobladas y cambios de ritmo sobre una base metalera. Oscar Dronjak y Stefan Elmgren (guitarras) salen triunfadores de cada corte. Los gritos de guerra comienzan en Heeding the call, continúan en una de las mejores de la banda, Legacy of kings, y se gira al heavy de Accept en Let the hammer fall o la balada Remember yesterday. El guitarreo de Dreamland y la velocidad de Warriors of faith te revientan la cabeza.

Stratovarius – Fourth dimension – 1995

En cierto modo Stratovarius inventó su propio subgénero. Dejó de lado las influencias más thrash y metió teclados y arreglos orquestales más clásicos, menos velocidad, más armonías. La entrada de Timo Kotipelto a la voz inaugura la época dorada de la banda finlandesa. Las composiciones de Timo Tolkki suenan perfectas. Solo Against the wind, Galaxies, Distant skies y Winter, cada una rozando un palo distinto de Stratovarius, nos hacen una idea de lo bueno que este disco es: power, prog, heavy, sumado, restado, mezclado. Un excelente estribillo y un emocional solo dan brillo a Nightfall mientras que la épica más neoclásica inspira Twilight Symphony y las raíces oscuras del power crecen en We hold the key.

Gamma Ray – Land of the free – 1995

En cierto modo, Kai Hansen lo comenzó todo. Aquel Walls of Jerycho (1985) de Helloween puede calificarse como el primer artificio consciente de Power Metal y ese Keeper of the seven keys (1987) el primero en tener éxito. Su espantada para formar Gamma Ray nos permitió disfrutar de álbumes fantásticos entre los que escucho aún con frecuencia Land of the free. Comienza fuerte, con una tremenda Rebellion in dreamland de nueve minutos, que ha que tener valor y descaro para comenzar así un disco, pero cuando uno compone una exquisitez perfecta no le tiene miedo a nada. Y aunque, para mi gusto, Hansen falla en las baladas y «las lentas», Farewell (con Hansi Küsh de Blind Guardian a la voz) suena perfecta también. El disco se mantiene en los parámetros genuinos de Power Metal, con Hansen luciéndose en Man on a mission, All the damned o Gods of deliverance. Detalle dedicar el tema Afterterlife a su excompañero Ingo Schwichtenberg, quien se suicidó. Y otro ex, Michael Kiske, pone voz a Land of the free. Imprescindible.

Angra – Fireworks – 1998

A veces las consecuencias de las malas relaciones entre los miembros de una banda acaban con un futuro más que prometedor. Porque si en malas relaciones estos tipos consiguiero armar una colección de canciones como esta, si hubieran mantenido su cohesión quizá hubieran entrado en ese Olimpo reservado a unos pocos. Los brasileños Angra tomaron las raíces europeas del Power Metal y le dieron su propia vuelta de tuerca, aportándole un sonido algo más oscuro y teatral y menos bombástico. Andre Matos está preciso, exacto, emocional. Las guitarras de Bittencourt y Loureiro desarrollan pasajes muy técnicos. La producción de Chris Tsangarides y sus arreglos, sobre todo esa orquesta, acaban de redondear el producto. Canciones como Lisbon, Metal Icarus, Petrified eyes o Extreme dream y las más tranquilas Gentle chane o Fireworks dan en la diana.

Symphony X – The divine wings of tragedy – 1998

Otra vuelta de tuerca dieron al género estos estadounidenses con su metal progresivo a caballo entre el power y el heavy clásico; la capacidad de Michael Romeo para elaborar complejos licks y riffs, la voz de Russell Allen y una de las mejores secciones rítmicas del género parieron una tragedia clásica para el cercano siglo XXI. La inicial Of sins and shadows basta como ejemplo: esos coros de iglesia acelerados, el solo intercambiando protagonismo de guitarra y teclado, el ataque melódico de la voz. Canciones épicas, soberbias, técnicas: Out of the ashes muestra lo mejorcito de Romeo, más neoclásico, The eyes of Medusa nos permite alucinar con el teclado de Michael Pinnela y en Sea of lies Allen literalmente hace un trabajo perfecto. Los veinte minutos del corte The divine wings of tragedy son para escucharlos con calma.

Algunos discos que sigo escuchando(12): especial PROG

Ni soy un entendido en rock o metal progresivo ni vengo a dar lecciones de ello; tan solo compartir algunos discos, quizá de bandas menos conocidas, que de un modo directo o indirecto caen en el subgénero que se ha dado en llamar progresivo. Es curioso, como el oyente profano de rock o metal tiende a dejar de lado estas experiencias por considerarlas complejas y, a veces, poco agradables, pues requieren una escucha atenta y larga. Y, en ocasiones, no nos engañemos, los músicos buscan más el lucimiento, la creación enrevesada, el virtuosismo que el entretenimiento o la emotividad que debe acompañar cualquier experiencia artística.

Unos cuantos discos que sigo escuchando. Disfrutad.

Magic Pie – The suffering joy – 2011

Estos noruegos editaron un álbum increíble en su ya excelente discografía. Las voces de Eirikur Hauksson y Eirik Hanssen (y el apoyo de Maria Bentzen) hacen de cada canción una experiencia armónica fantástica. Si le añades un guitarrista (Kim Stenberg) que lo mismo suena a Petrucci como a Hackett y un teclista, Gilbert Marshall, que se pasea por lo más inspirado de Yes o Asia, una producción elegante y equilibrada, unas composiciones inteligentes, ¿qué tienes? Un gran disco del género. Comienza con una canción de 25 minutos, A life’s work, dividida en cuatro partes, y continúa con otros cinco temas «menos extensos», destacando Headlines (ese Hammond), Slightly mad (unos Deep Purple modernos) y Tired (épica sin concesiones).

Threshold – March of time – 2012

Tras la pérdida de su vocalista un año antes, reclutaron a Damian Wilson para fabricar el, quizá, mejor álbum de Threshold. March of time navega entre el metal melódico, el rock progresivo al estilo clásico y un toque pop en las melodías vocales, con pocos excesos innecesarios. La inicial Ashes regala ese excelente estribillo en medio de una maraña de riffs guitarreros, una batería colosal y buenos cambios; accesible, comercial, pero sin perder la rudeza. En la misma liga juegan Don’t look down y Coda (recuerdos de Dio). Al lado, Return of the thought police mantiene el estilo, pero con un tempo más moderado, y en Staring at the sun y Colophon son más arriesgadas, al menos en lo instrumental y en los arreglos. Algo más moderna suena The hours y bestial final con Rubicon. Karl Groom y Pete Morten hacen un gran trabajo con las guitarras y Johanne James se sale en la batería.

Riverside – Shine of new generation slaves – 2013

Aunque sin abandonar ese fondo metálico que nos gusta, Riverside navegan más por el prog melancólico y con cierto deje tranquilo que por el heavy o los riffs rudos. El rollo Opeth de Deprived (irretrievably lost imagination) o The depth of self-delusion junto con Celebrity touch y, quizá, Feel like falling, donde roquean al viejo estilo, destacan sobre los demás cortes. En Escalator shrine el Hammond hace magia. Muy enfocado en las melodías, donde Mariusz Duda a la voz se sale, tiene puntos fuertes instrumentales en los teclados de Michal Lapaj y en el equilibrio rítmico de guitarras y bajos. Sinceramente, estos polacos no enseñan nada nuevo, ni siquiera puede decirse que intenten ser ambiciosos, pero grabaron un completo álbum de obligada escucha.

Redemption – Snowfall on Judgement Day – 2009

Una banda poco conocida a pesar de su innegable calidad. Se arriesgan con su heavy moderno lleno de matices transtemporales y lo mismo te fabrican un excelente single con un riff eighties y un Hammond en medio como Peel que pasean once minutos por diversos pasajes emotivos en Love kills us all/life in one day. Un disco técnico pero no carente de emoción y buen gusto. Comandado por Nick Van Dyck a las guitarras (principal compositor) y con los ex-Fates Warning Ray Alder (voz) y Bernie Versailles (guitarra) a su lado, suenan directos en Walls (otro excelente teclado de Greg Hosharian) y Leviathan rising, se alargan en un mid-tempo en Black and white world, hacen un estribillo potente en What will you say y reconducen una balada metalera a final feliz en Keep breathing. James Labrie (Dream Theater) canta en Another day dies.

Flying Colors – Flying colors – 2013

Flying Colors aparecieron como una aventura temporal con su aire pop-rock en melodías, arreglos y estribillos y pasajes instrumentales emotivos. Pero el resultado fue tan espectacular que tuvieron que quedarse. Steve Morse (guitarras), Neal Morse (teclados y voces) y Mike Portnoy (baterías) como estrellas y la sorprendente versatilidad vocal de Casey McPherson pasean por caminas transitados muchas veces por gentes diversas: suenan a Supertramp, a Queen, a ELO, a Muse. Melodías vocales y estribillos pegajosos en Kayla, Blue ocean y The Storm, grandes guitarras en Shoulda coulda woulda, Infinite fire (qué teclado) y All fall down y la emotividad de Love is what I’m waiting for y Everything changes. Parece mentira que compusieran y grabaran esta música en menos de dos semanas. Una historia que aún hoy continúa.

En este enlace te dejo una pequeña selección en modo playlist para que lo disfrutes.

Algunos discos que sigo escuchando (11): rock con Ñ

Hoy traigo en la sección Algunos discos que sigo escuchando cuatro discos muy diferentes en estilo, cuatro propuestas que me han acompañado en diferentes momentos de mi vida, cuatro artistas con el común de haber sido descubiertos por casualidad en garitos. Uzzhuaïa me parece una de las mejores bandas de rock de los últimos años, una pena que el mercado y el dinero apunten en otra dirección y hayan acabado separados; los escuché por primera vez un fin de semana con amigos en Valencia. A Al otro lado los encontré tocando en mi barrio, por lo que hay cierta unión tabernaria. A Eldorado y Gritando en Silencio los descubrí en garitos infames pero conciertos inolvidables. Aquí están las cuatro propuestas. Disfrutadlas.

portadauzz Uzzhuaïa – Uzzhuaïa (2006)

Podría haber escogido cualquiera de los valencianos, pero este fue mi primer contacto con ellos y vuelvo repetidas veces a él (aunque prefiero otros). Pau Monteagudo me parece una de las mejores voces de los últimos años y las guitarra de Alex e Israel Ferrer lo bordan en todo el álbum. La producción y la mezcla de Gonzalo Parreño merece un aplauso también, aunque imagino que la masterización de Mika Jussila algo tendrá que ver. Canciones hard rock con toques diversos marcadas por riffs sangrantes y estribillos redondos. No dejes de escuchar Más allá, Perdido en el huracán, La cuenta atrás, No intentes volver atrás o la versión musculada de La chispa adecuada. Cualquiera de sus discos posteriores merece también la pena.

Al otro lado – Al otro lado (2004) Al Otro Lado

Antes de fichar por Mago de Öz, Javier Domínguez «Zeta» cantaba en el grupo madrileño Al otro lado (antes Jake Mate). Grandes desconocidos, debutaron con un disco repleto de heavy metal melódico de aroma clásico. Merece una escucha completa, aunque una producción bastante floja afea su excelente trabajo. Salvo por el sonido final, buenas guitarras, gran voz, letras que mezclan historias de la vida cotidiana con otras de espadas y héroes y algunas canciones a rescatar. Entre mis favoritas: Misteriosa melodía, Aún no llegó mi final, Que caiga el telón, Siempre en mi puesto (con protagonismo del teclado), Vuelve la bestia o Mi eterna soledad.

 Eldorado – Paranormal radio (2012)

EldoradoOtra de mis bandas favoritas de estos últimos años, este su tercer disco sea, tal vez, el más completo. Mantienen un excelente equilibrio entre las guitarras aguerridas con líneas vocales melódicas y buena base rítmica (imprescindible Javi Planelles a la batería). Hard rock lleno de influencias de los setenta. La producción y la mezcla de Richard Chycki (Aerosmith, Rush, Dream Theater) engrandece las canciones, les dota de profundidad. Quizá sería injusto destacar unas canciones sobre otras porque lo bueno de Paranormal radio es el conjunto, pero me encantan Reactor, Un adiós a noviembre, Hey Saturno, Domingo extraño, la inicial El mundo dentro o la final Mujer de otoño. Ver a esta gente en concierto es inolvidable.

Gritando en Silencio – Contratiempo (2009) GeS

Otro de los que van construyendo una discografía envidiable. Su debut me alcanzó después de verles en un concierto en una minúscula sala dándolo todo. La energía que desprenden se aprecia muy bien en este trabajo, sin artificios ni florituras, pero con la rabia, la magia y la osadía de la juventud llena de ganas y arte. Marcos Molina comanda la nave en la voz, la guitarra y la composición. Muchos invitados (Fernando Madina de Reincidentes, Juan Carlos Cifuentes «Iratxo» o Albertucho entre otros). Me parecen imprescindibles Mírame desnudo, Dos copas de más, A la luz de una sonrisa, los casi nueve minutos de Mereció la pena, Hijos de la madrugada, Gritando en Silencio o las dos partes de Rutina en las venas.

 

Algunos discos que sigo escuchando (10): heavy del siglo XXI

 

Para esta nueva edición de Algunos discos que sigo escuchando he querido compartir algunos clásicos recientes de mi discoteca, cuatro títulos duros, a caballo entre el heavy clásico, el power y el metal americano. Cuatro obras que no deberían caer en el olvido de nuestro rollo.

Si no los conocías es buen momento para disfrutar de ellos y si ya les habías hincado la oreja no te importará revisarlos de nuevo.

Dale al play…

Dark Illusion Dark Illusion -Beyond the shadows (2005)

Enorme álbum de hard rock lleno de matices heavies, grandes riffs, buenos estribillos y una historia de caballeros, demonios y salvavidas medievales. La sombra de Blackmore es alargada, aunque saben escaparse por otros territorios (suenan a Van Halen, a Malmsteen, a la NWOBHM, a Dio, cómo no, y a Judas Priest por momentos). No hay relleno, todo muy bien acabado. Pincha Child of the night, Power of the Evil, Leave no traces, Weeper deeper, Runaway on the loose o Tragedy. Guitarras (casi) perfectas y un doble bombo que no par. Impresionante Thomas Vikström a las voces. A recuperar.

 

Coheed & Cambria – Good Apollo: I’m burnig star IV, vol I (2005) Good_Apollo_1_(Booklet)

Detrás de este largo título se enmarca la historia de ciencia ficción que el cantante Claudio Sanchez desarrolló en varios cómics y discos (este es el tercero). Coheed & Cambria fueron la gran esperanza del progresivo yanqui, alcanzando el número 7 en el Billboard. Este fabuloso disco, complejo, elaborado, más allá del concepto y la coherencia de la narración, contiene acertadas canciones que pasan por la emotividad de Always and never (enormes acústicas), la técnica de Welcome home, con sus cambios de tempo y tono, y la comercialidad roquera de The sufferingTen speed (of God’s blood and burial) y Once upon your dead body. Un mucho de Rush, un poco de Pink Floyd, otro toque Queensrÿche, unas gotitas de Led Zeppelin. Travis Stever se sale con las guitarras y Claudio con su variable voz (una mezcla de Geddy Lee y James LaBrie). Solo con The final cut ya merecería la pena el álbum.

 

Demons and wizards Demons & Wizards – Demons & Wizards (2000)

Jon Schaffer (Iced Earth) y Hansi Kürsch (Blind Guardian) pusieron los cuernos a sus respectivas bandas para montarse esta colección de canciones mezcla de sus respectivos estilos y gustos: Kürsh se encarga de las letras y Schaffer de la música. Comparten protagonismo colegas de batallas como Jim Morris en las guitarras y Mark Prattor en las baterías. Enormes riffs, baterías aceleradas, bombásticos coros. A destacar Heaven denies, Poor man’s crusade, Winter of souls, The whistler (¿cuántas canciones conoces sobre el flautista de Hamelin?), la inspirada Blood on my hands o el medio tiempo Fiddler on the green. Un álbum coherente, elaborado con inspiración y buen gusto, digno competidor de las bandas madre.

 

Black Tide – Light from above (2008) Black Tide

Un jovencísimo cantante y guitarrista (apenas contaba 15 años entonces) llamado Gabriel García canta, toca la guitarra y compone los temas de este Light from above. Deudor del mejor heavy metal de los ochenta, recorre en una vorágine de solos, pasajes veloces, riffs a doble bombo y estribillos con mala leche su amor por Ozzy Osbourne (con Rhandy Rhoads), Iron Maiden, Metallica, Y&T y Judas Priest. Aunque lo más destacado del álbum es, en sí, el conjunto heterogéneo de canciones, podemos destacar Warriors of time, Show me the way, Black abyss, Light from above, Enterprise y la revisión de Hit the lights. La banda, otra gran promesa, no llegó en trabajos posteriores a este nivel. Una pena. Merece, en cualquier caso, una escucha esta joyita.

 

Algunos discos que sigo escuchando (9): especial blues rock.

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Algunos discos que sigo escuchando (9): especial blues rock.

A los que seguís el blog no os extrañará una entrada dedicada al blues rock. Ya tenemos una sección en marcha sobre los clásicos del blues llamada Blues para novatos que retomaremos dentro de poco. En esta sección, además, solemos pasar revista a discos que siguen sonando por nuestras vidas, casi siempre música de grupos nacionales. Pero, mira por dónde, hoy apetece retomar algunos discos de blues rock recientes que nos encantan: si no los conocéis o no os gusta el estilo, sirven como introducción, tanto a los propios artistas como al género. Y si ya os suenan, a recuperarlos.

He aquí nuestra pequeña memoria con algunos discos de blues rock que nos encantan.

king-king-reachingforthelightKing King – Reaching for the light

Alan Nimmo es el crack tras el nombre de King King: cantante, compositor y guitarrista, demuestra un gran nivel compositivo, una furia y un bien hacer con la guitarra y una corrección vocal por encima de sus homólogos (entiéndase: guitar hero frontman). Por momentos me recuerda a Paul Rodgers (Rush hour). El guitarreo épico de Take a look o las iniciales Hurricane (ese toque hard) y You stopped the rain, con su pegajoso estribillo, bastarían para calificar este disco como excelente. Pero el resto no desentona. Lay with me con su adorable piano y la final Stranger to love demuestran la sensibilidad de este tipo. Le acompañan Bob Fridzeman a las teclas, Wayne Proctor a la batería y Lindsay Colson al bajo. No te lo pierdas.

 

The Heavy Eyes – He dreams of lions the-heavy-eyes-hedreamsoflions

Un disco nacido en pleno 1970, con su blues psicodélico, su rabia heavy primigenia, un poco de Cream, un poco de Black Sabbath, mucho fuzz y distorsión para atronar el salón de casa. Pero con inteligencia, con técnica, con buenas composiciones. Sobervio riff y tempo en Hail to the king baby, genial guitarreo en Z-Bo y temazo definitivo para cerrar con Modern Shells y sus tres minutos largos de final acústico. No esperes pausas. Todo el disco es un compendio de riffs blues y hard rock. Una pareja rítmica bestial, especialmente el bajista Wally Anderson (escucha Shadow shaker o The fool), pero sin desmerecer a las baquetas Eric Garcia. Voz y guitarra a cargo de Tripp Shumacke. No dejes de subir el volumen con el tema título, He dreams of lions.

anthony-gomes-electricfieldhollerAnthony Gomes – Electric field holler

Conocí a Anthony Gomes con su álbum de 2012 Up 2 Zero, que también os recomiendo, pero fue con este Electric field holler (su décimo de estudio si no recuerdo mal) que me enganchó definitivamente. Un tipo que mantiene el feeling en la voz de Steven Tyler pasado por lo mejor de la vieja escuela y destroza la guitarra a medio camino entre Hendrix y Kossoff, con un sentido melódico muy particular. La inicial Turn it up o Whiskey train dan una idea del rollo divertido que maneja el álbum, con riffs aparentemente sencillos, líneas melódicas que enganchan y buenos punteos y solos. En ese sentido, Love crazy es mi favorito, quizá con Back door scratching. Y de regalo, recomiendo pinchar The blues ain’t the blues no more (con su tono acústico) y Junk in the trunk. A por él.

Robert Jon and the Wreck – Good life pie robert-jon-goodlifepie

Este es más reciente, de este año vaya. Disfruté un montón con el anterior Glory bound y, aunque tarde, le hinqué con ganas las orejas a este completo Good life pie. Si conoces a la banda, blues souther rock con buen Hammond y momentos slide bien conseguidos, como en una de mis favoritas, Hit me like you mean it. Canciones muy melódicas, con un buen cantante y una banda que imagino tocando en un tugurio de Arkansas o Alabama lleno de humo y cerveza. Escucha la pegadiza Rollin’ o Good life pie, con su rollo Allman Brothers ,o el juego rítmico de Bad for you, con su fuzz incluído o Good lovin’ con su momentazo hard guitarrero. Pasajes de calma no pueden faltar en un álbum de este tipo, y aquí tenemos The death of me o Sweet Angelina, con excelentes acústicas. No desperdicies la ocasión de escuchar Good life pie o su anterior Glory bound. Robert Jon Burrison comanda la nave, con su voz y su guitarra, junto a Andrew Spantman a la batería, Steve Maggiora a los teclados, Kristopher Butcher como guitarrista principal (solos, slide) y Dave Pelussi al bajo.

Aquí os dejo una pequeña muestra de estos discos.

 

 

 

Algunos discos que sigo escuchando (8)

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Algunos discos que sigo escuchando (8)

En rockologia.com nos gusta rebuscar en nuestra discoteca particular, entre vinilos, cedés, archivos mp3 o enlaces multimedia para recordar (reivindicar a veces) algunas obras que nos acompañaron y, la mayor de las veces, aún nos acompañan en los paseos matutinos al trabajo, en los ratos de sofá o en las fiestas con amigos. Hoy traemos cuatro propuestas diferentes: un poco de rock duro, un poco de AOR, un poco de metal técnico con toques thrash y un poco de rock setentero. Allá vamos.

 

Calibre ZeroCalibre Zero – Con las botas puestas

Cuarto largo de estos roqueros que lo mismo suenan a Motörhead a Barricada a Muro que te sueltan un riff Sabbath. El disco lo grabaron los hermanos Lázaro, Miguel a las guitarras y Ricardo al vozarrón, Pedro Peláez al bajo y Antonio Cuenca a la batería . En líneas generales, el álbum se beneficia de los riffs de guitarra y el trabajo de la batería, con unas letras que obligan a reflexionar, sobre todo ensalzando la lucha personal y social. Buenos ejemplos son Previa de un nuevo amanecer («sin miedo a ganar o perder, un paso al frente, no retrocederé»), el tema título Con las botas puestas («lo quiero todo y lo quiero ya (…) morir, moriré con las botas puestas») o Nuevo orden mundial. A destacar también Tu sola presencia, con un gran trabajo rítmico, el toque heavy de Esclavizados y la arriesgada Tu día llegará («no eres inmortal»). Cierra el disco una curiosa Dejadnos vivir en paz, casi un himno comercial de ritmo fácil, estribillo a varias voces pero letra dura («dejad que la gente honrada viva en paz»). Un buen ejemplo de rock comprometido.

Airless – Changes front

Es increíble que un guitarrista como Robert Rodríguez no tenga más reconocimiento. En Changes escribe un manual de guitarra en el hard rock, con riffs melódicos, solos bien plantados y una mezcla de técnica y sentimiento bien equilibrada. Escucha Upstream y Rescue me. Además, las canciones no son solo pirotecnia: hay buenas estructuras, algunos estribillos memorables (Dead inside, Reach for you) y, en definitiva, canciones con mayúsculas. Junto a Robert, destacan el teclista Diego Rois (sobre todo en I don’t care y Start again) y las voces de Iñaki Lazcano; el bajo lo pone Miguel Manjón y de la batería se encarga Pako Martínez. Y no puede olvidarse The latest prophecy, una joya brevísima que desentona un poco en el conjunto pero que me encanta. Quizá una mezcla más lucida hubiera dado un empujoncito este trabajo de Airless. Por cierto, colabora Danny Vaughn (Tyketto) en el tema Changes.

vitaimana-oceanidae Vita Imana – Oceanide

El tercer álbum de estos madrileños se hunde en un metal técnico, difícil por momentos, diverso, con muchos cambios en los temas, un disco no sin riesgo. Se les ha comparado con Machine Head, Meshuggah o Gojira, pero creo más bien que están desarrollando su propio estilo, sonando a unos o a otros por momentos. Para empezar a pinchar, temas como Equilibrio o Depredador de luz son buenos ejemplos de cómo la percusión y los ritmos y los riffs de las guitarras manejan la canción para redondearse con la fuerza vocal. En el mismo palo, Oxígeno (de mis favoritas: «intentando ser yo mismo para no desfallecer») o Manos de sangre (thrash gordo) te vuelan la cabeza. Algunos estribillos sencillos se cuelan, que también hay que cantar en los conciertos, como en 6 almas. Y no solo de caña burra vive el artista: añadimos la pausa bienvenida de Hydros y, otra favorita, la (cuasi)épica Mar de cristales. A la voz Javier Cardoso, a las guitarras Román García y Puppy, el bajo para Pepe Blanco, la batería la machaca Daniel García y las percusiones las borda Miriam Baz.

’77 – Maximum rock N’ roll 77-maximum-rock-n-roll

Más allá de las manidas comparaciones con los famosos australianos, la banda ’77 fabricó un álbum (casi) perfecto de rock setentero, riffs pegadizos, hard blues, rock and roll a lo Chuck Berry y mucho Bon Scott (por supuesto). Canciones como la propia Maximum rock and roll o Don’t you scream son buenos ejemplos de la mezcla, mientras que en otros temas se arriman más a AC/DC: Down & dirty, Highway rebel o 16 year-old king (buen bajo, buen riff). En You bore me recuerdan a los primeros Bad Company. En Jazz it up a Aerosmith. Pero qué más da si las canciones están bien trabajadas, el sonido excelente y la diversión se mantiene a lo largo de los diez cortes del álbum. Los hermanos Valeta, Armand y LG, componen, ponen el alma, las guitarras y las voces a este proyecto, en esta ocasión junto a  Raw al bajo y Dolphin Riot a la batería. Además, en directo merecen mucho la pena. Una vuelta por el rock de ’77 siempre merece la pena.

Algunos discos que sigo escuchando (7): especial heavy metal

Cuernos

Algunos discos que sigo escuchando (7): heavy metal nacional

 A mediados de la primera década del presente siglo, hubo un pequeño boom de heavy y power cantado en nuestro idioma gracias al punto de fama que bandas como Saratoga o Avalanch habían logrado. De todos aquellos, la mayoría han pasado sin gloria a ocupar las estanterías y los archivos multimedia de muchos de nosotros. Aquí repaso algunos de aquellos discos que merece la pena recuperar de vez en cuanto.

Un poco de heavy no le hace nunca mal a nadie…

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Arkania – Eterna

Una pena que una producción floja y una mezcla mediocre afeen un disco lleno de buenas canciones de metal melódico con ramalazos heavy. Excelentes melodías con protagonismo de las teclas y el violín, con la guitarra de actor más secundario, una batería contenida y un cantante correcto, quizá demasiado en primer plano. El comienzo con La huida, Rosas sin espinas y Bandido (ese estribillo de manual) sorprende por esa mezcla de historias que Icaro (voz) y José Luis Godoy (guitarra) intercambian. A destacar, también, Salomé, la balada Golpeando el corazón, En medio de la nochePrincesa de Hielo y la que da título al álbum, Eterna. El violín de Alberto Tejera le da un punto original a las composiciones.

 

Furia Eterna – Hijos de la nada Furia eterna

Un disco debut (y único) de esta banda de Salamanca, encajado en los parámetros más clásicos del heavy con tintes power de finales de los noventa y principios de este siglo, sin un cantante chillón ni abusar del doble bombo. Buenos cambios de ritmo, riffs currados (No debes cambiar, 1942), armonías vocales correctas y alguna sorpresa agradable, como la instrumental Fantasía (Pt1 y Pt2), Libre como el viento, Cárcel de cristal o Hijos de la nada. Además de la voz de Hector Hoyos, destacan las guitarras de Alejandro Cacho y Víctor Benal y el bajo de Nuria Orgaz. Producción correcta, con fuerza en los graves y mezcla acertada de las guitarras.

 

Skydancer Skydancer – Pozo de lágrimas

Resulta un tanto inclasificable el estilo de Skydancer en su disco debut. Utilizan herramientas del thrash mezcladas con arreglos y melodías power pero con una voz que no encaja en ninguno de los dos estilos, por su crudeza, más cercana al hardcore, y por su forma de interpretar, que recuerda más al rock callejero y hasta el punk. Lo cierto es que hay buenas composiciones basadas en riffs rudos de guitarras y líneas melódicas sencillas pero efectivas. Daniel  Soengas canta, toca la guitarra, compone la mayoría de los temas y comparte protagonismo con Jonathan Lago (guitarra), Jose Gonzalves (bajo) y El Diego (batería). A destacar, la inicial Lleva mi cruz, Solo uno más, Juntos en la muerte (con sus dos partes complementarias) y No volverás a sonreir. Buen heavy desde Galicia.

 

Adgar – Tiempos de cambio Adgar

Por aquí ya hemos hablado de Ángel Rubin, cantante de Adgar en este álbum. Nos gusta su forma de interpretar, de mantener las veloces melodías y lo bien que se adapta a los distintos matices del heavy. En esta ocasión, con los guitarristas Javier Ochoantesana y Armando de Pablo (compositores), el bajista Tomás Álvarez y el batería Jose Luis Cabarga logra un más que correcto álbum de heavy a doble bombo, melodías power, buenos solos de guitarra y algunos estribillos demoledores. Más para fanáticos del estilo que para no iniciados, el conjunto se hace un poco repetitivo, aunque hay canciones muy notables, como Has cambiado (pedazo melodía y estribillo), Rosa con espinas, la balada Esa mirada triste, Heavy metal (cañera, con guiños clásicos, riff pesado) o Corazón y fe.