Canciones inspiradas en El Señor de los Anillos.

Hoy en día, ser fan de una obra LITERARIA del calibre de El Señor de los Anillos no es fácil. O sí. Depende, claro, de cómo se enfoque: apuesto un orco a que muchos «fanes» de los personajes y las historias de Tolkien no han abierto el libro nunca. La magia del cine, claro. Para quienes mamamos aquellas historias en papel (tres gruesos volúmenes) y fuimos friquis raros muchos años, el advenimiento de tanto turista a la Tierra Media no fue agradable necesariamente. Se estaba mejor antes.

En cualquier caso, la pasión por los héroes y los villanos de El Señor de los Anillos ha fascinado a nuestros músicos desde su más tierna juventud. Y aquí nos dedicamos a recopilar unas cuántas canciones inspiradas en aquellas letras negras sobre papel blanco. Algunos clásicos (de sobra conocidos) mezclado con sorpresas y curiosidades.

Friqui Rock Metal en toda su plenitud.

Como siempre… dale al play.


Saurom – Regreso a las Tierras Medias

El propio nombre de la banda (originalmente, Saurom Lamderth) ya confiesa la inspiración de estos gaditanos. Ocuparon buena parte de su discografía inicial en los personajes y las narraciones de Tolkien. Aunque su debut, El guardián de las melodías perdidas (2001), coincidió con la primera parte de la trilogía fílmica, y a la par que ella fue editando sus siguientes obras, muchas de las canciones que lo formaron, como esta, se grabaron en distintas maquetas desde unos años antes.

Bob Catley – The wraith of the Rings

Alejado de sus imprescindibles Magnum, el voceras Catley dedicó su tercer disco en solitario (Middle Earth, 2000) a las aventuras de los personajes de nuestra trilogía protagonista. Compuesto y producido por Gary Hughes, solo puede sonar bien.

Azrael – El hechizo de Galadriel

Cerraban su debut Nada por nadie (1996) con esta hermosa y breve pieza instrumental en honor a la elfa Galadriel.

Camel – Nimrodel/The procession/The white rider

Ni cortos ni perezosos, para su disco Mirage (1974) se marcaron ni más ni menos que una mini ópera roquera de casi diez minutos dividida en tres partes intentando desarrollar la transformación de Gandalf de Gris a Blanco. Emotivo y no carente de cierta magia.

Glass Hammer – Song of the Dúnadan

En 1993 este dúo estadounidense (Steve Babb y Fred Schendel) grabó un álbum, Journey of the Dúnadan, protagonizado por Aragorn, quien narra en una ópera rock su visión de las desventuras narradas en la trilogía. El buen resultado del álbum y la recepción les llevó a intentar repetir el experimento con las obras de C. S Lewis, pero eso es otra historia.

Dark Moor – Starsmaker (Elbereth)

La épica particular de esta banda no podía dejar de lado tan magna obra. En su tercer álbum, The gates of Oblivion (2002), hacen referencia al poema A Elbereth Gilthoniel que aparece (hasta tres veces) en El Señor de los Anillos.

Ten Years After – Hobbit

Estos británicos, con mucha sorna, titularon así al solo de batería que Ric Lee se marcaba en directo y que escuchamos, en esta ocasión, en un concierto de 1975. Lo dejaron para la posteridad en el álbum Recorded Live de 1973.

Bo Hanson – Living Shire

Esta es una de las aventuras fantásticas que he descubierto documentando este post. El multi instrumentista sueco Bo Hanson grabó en 1970 un álbum instrumental titulado Sagan om ringen. Efectivamente, Hanson es sueco. Tal fue el éxito, que dos años después se publicó en el Reino Unido con el título Music inspired by Lord of the Rings.

Mostly Autumn – Riders of Rohan

Y, de igual modo, estos británicos dedicaron su cuarto disco a nuestros protagonistas con el original título de Music inspired by The Lord of the Rings. Teclados, flautas, pianos, programaciones y algunas guitarras. Recomendable (y curiosa) escucha.

Led Zeppelin – Ramble on

¿En qué no se habrán inspirado Led Zeppelin? Los escenarios de El Señor de los Anillos ocuparon varias de sus tonadas, entre las que rescatamos esta del Led Zeppelin II (1969). «How years ago in days of old/when magic filled the air/’T was in the darkest depths of Mordor/I met a girl so fair/But Gollum, and the evil one/crept up and slipped away with her».

Rush – The necromancer

El batería Neil Pearl, responsable de las letras de Rush, hace referencia al Nigromante (The Necromancer) y a tres viajeros, que no son otros que Frodo, Samsagaz y Gollum, a su llegada a Willodale. La canción se divide en tres partes: Into darkness, Under the shadow y Return of the Prince. La escuchamos en Caress of steel (1975).

El Reno Renardo – Camino a Moria

De regalo, esta ¿obra de arte? La letra más irreverente que encontraréis sobre el viaje mítico sobre la música de la canción Camino a Soria de Gabinete Caligari. Impagable. «Me llevo pal camino un bocata de foagrás/y vamos toda la peña cantando Manowar»

Lo mejor de UFO… con Vinnie Moore.

Moore-Parker-Mogg-Raymond

A comienzos del 2003 UFO estaba más muerto que vivo. Tras unos años guiados por la brújula desmagnetizada del guitarrista Michael Schenker (te alabamos, óyenos), Phil Mogg (cantante) decide atarse bien fuerte los pantalones, calarse el sombrero y montar el caballo huesudo de ahí en adelante. Schenker le cedió los derechos del nombre, cerrando otro capítulo de la muy larga Historia de la banda, un capítulo que algún día repasaremos también.

Como Mogg necesita volver a los escenarios, comienza buscando otro guitarrista. La primera opción fue John Norum. El noruego aceptó encantado (UFO es una de sus bandas fetiche) y comenzaron a hacer planes, pero la oferta de reunión de Europe dejó en conato a estos UFO. Vinnie Moore se presentó como voluntario en este contexto, aportando varias composiciones que, pensaba, cuadrarían con los gustos y las intenciones de Mogg. Y no se equivocó. Resulta, cuando menos, curiosa esta mezcla, en especial el interés, casi de fan, con el que Moore se acercó a Mogg. Uno de los guitarristas más célebres de aquello que se llamó shred en los ochenta, había editado hasta entonces seis discos en solitario (instrumentales) y su participación en otras bandas se resumía al álbum debut de Vicious Rumors (Soldiers of the night, 1985) y a colaboraciones puntuales, como en Hey Stoopid (1991) de Alice Cooper. No era, precisamente, un hombre de banda.

Pero Mogg no se lo piensa, acoge al guitarrista a su lado y llama a Paul Raymond (teclista) y Pete Way (bajista) para comenzar a trabajar en un nuevo álbum, el del (nuevo) retorno. En el fondo, UFO es el famoso eterno retorno. La plaza de baterista recae, sin muchas vueltas, en Jason Bonham. Este quinteto comenzó la aventura que hoy compartimos, los años de Vinnie Moore mandando en la composición y el arte de UFO a través de seis discos de estudio.

Vinnie Moore of UFO (Photo by Burak Cingi/Redferns via Getty Images)

Y este viaje arranca con You are here (2004), un álbum equilibrado donde brillan especialmente Moore y Mogg. Bonham y Way hacen muy buena pareja y la producción de Tommy Newton le sienta muy bien al grupo. Comienza con un guitarrazo de Vinnie en When daylight goes to town, de excelente melodía, que resume lo que va a venir después. Destacan  a su lado I was born on a rolling train, Black cold coffe (riffazo) y Give it up, esta con un combinación especial de Raymond con el guitarrista y Mogg en su mejor versión. En The wild one suenan a los «viejos» UFO, muy Schenker la guitarra, dejan un toque bluesrock en Call me y aportan dos medios tiempos, Mr Freeze y Sleeping away (casi pop esa melodía y ese estribillo). Y no puedo dejar de destacar una maravilla como Baby blue, con sus acústicas iniciales y esa pegajosa melodía.

Para The monkey puzzle (2006) regresa Andy Parker (batería). Será el último que grabe Pete Way; ya no podrá seguir el ritmo de sus compañeros por sus diversos problemas de salud. El disco destaca por una producción muy limpia y una ejecución tranquila y precisa. Comienza, curiosamente, con un corte muy David Lee Roth, con Mogg fraseando en Hard being me, canción pegadiza de buen estribillo. Agresividad en Heavenly body (pocas veces Phil ha cantado con esa oscuridad) y Black and blue, compuesta por Raymond. El pasado Schenker se cuela en Down to the river y Who’s fooling who. De mis favoritas, Drink too much y Rolling man.

Contaron con Peter Pichl para hacerse cargo del bajo en The visitor (2009). Repite Tommy Newton en la producción, manteniendo una línea sonora con sus obras anteriores, aunque quizá esta sea menos intensa, más comedida. Raymond aporta una agradable balada, Forsaken, y un rollazo blusero en el corte On the waterproof. Aroma Coverdale en Saving me, caña en Can’t buy a thrill y momentos southern en  Rock ready. La juguetona Living proof, de fantástico riff y gran solo, y Stop breaking down, un puntito por delante del resto.

Seven deadly (2012) tiene una producción más agresiva, tanto en las guitarras como en el ataque de Mogg. Prueba de ello lo tenemos en el comienzo cañero con Wonderland (riff bestial), Flight night y Mojo Town, con un rollo setentero, coro femenino incluido y bestial solo de Moore, coro que regresa, por cierto, en Angel station. Riffazo (¿cuántos van?) guiando The last stone rider, aunque los mejores momentos de Vinnie estén, quizá, en Steal yourself y Burn your house down (bestial). De nuevo, Raymond aporta una joya setentera, The fear, armónica de regalo. Bonito cierre Waving good bye.

Estos años de estabilidad, quizá el periodo más largo en la Historia de UFO, en buena parte por la continuidad del núcleo duro (Mogg-Moore-Raymond-Parker) y su alianza con Newton a los controles, se rompe un poco con A conspiracy of stars (2015): coge los mandos en el estudio el clásico Chris Tsangarides. Y aunque el sonido cambia (mayor protagonismo de la batería y el teclado, coros más elaborados), es un cambio continuista, sin grandes rupturas. Se suma como miembro oficial al bajo Rob de Luca, quien, además, aporta dos buenas composiciones: la inicial The killing kid y One and only (quizá la mejor interpretación de Mogg). Raymond, en esta ocasión, se conforma con añadir a la colección The real deal (cómo no, viaje a décadas pretéritas). El resto lo ponen Moore y Mogg: ojo con Ballad of the left hand gun, la elegantísima Sugar cane, el riff y el estribillo de Devils in the detail o la excelente interpretación de Paul (y, otra vez, Vinnie) en Precious cargo.

La última entrega en estudio de UFO, The Salentino cuts (2017) se rellena con doce versiones dispares. Aportan sorpresas o, al menos, referencias poco esperables: Mad Season (River of deceit), Tom Petty (Honey-Bee) o John Mellencamp (Paper in fire). Añaden canciones de sus años jóvenes: Heartful of soul (The Yardbirds), Break on through (The Doors), The pusher (Steppenwolf), Mississipi Queen (Mountain) o Rock candy (Montrose). Curiosa la versión del Just got pide de ZZ Top. En general, una curiosidad entretenida.

Y si mi opinión cuenta algo, este periodo de la banda no es peor que otros del pasado. Moore y Mogg hacen una pareja compositiva brillante. El guitarrista, además, personaliza todos los cortes de estas obras, sin duda alguna, dejando una huella especial, pero sin arrebatarle personalidad histórica a UFO. Andy Parker y Paul Raymond demuestran estilo y oficio, no fallan y aportan siempre. Buenas canciones, solos brillantes y un cantante que, con su incipiente vejez, pierde parte de la energía de la juventud, pero lo compensa con saber, estilazo y experiencia. Mis favoritos, You are here y A conspiracy of stars.

La aventura de UFO parece que no vaya a dar más capítulos. Paul Raymond falleció en 2019 de un ataque al corazón y poco después lo haría Pete Way. El 1 de marzo del 2020 (justo al comienzo de esta pandemia en la que vivimos aún) UFO dio su último concierto, en el Rock Legends Cruise, colofón a su gira de despedida. ¿Esta será de verdad?

Larga vida a UFO.

Retornos sonados del rock.

Cuernos

La mayoría de las veces dicen volver por amor: se echan de menos o que tenían ganas de trabajar juntos de nuevo o que ahora ha surgido la chispa adecuada. O que me muero de aburrimiento y, mira tú, vuelvo a cas a que mejor que me pelen a que me ignoren. Pero, en verdad, el dinero ronda por todas estas reuniones más o menos genuinas, más o menos insinceras. ¿A nosotros, aficionados, oyentes, acaso nos importan las razones? Que nos saquen el dinero haciendo buenos discos y ruidosos conciertos. Si luego se aman o se odian, para ellos queda. Aunque en ocasiones segundas (y hasta terceras) partes no solo no son buenas, casi indeseables. Claro, que alguna excepción siempre encontramos.

He aquí una selección de esas vueltas y revueltas en el universo sonoro del rock y el metal. Tú dirás qué te parecen.

1. El retorno clásico

La banda se cerró. No hubo más discos, ni más conciertos. Pero un buen día se encuentra. En una boda, en una barbacoa. Y deciden aceptar un encargo, tal vez para un evento concreto. Y esa coincidencia les anima. Igual murió la razón del odio. Retornos clásicos hay donde elegir. Algunos se curran uno o varios discos juntos; sirvan de ejemplo los de Deep Purple (el Mark II de 1984) o Europe (2003). Otros hacen caja con una gira y «adiós muy buenas», como Héroes del Silencio (2007). Algunas bandas continúan su periplo desde entonces. Quizá el miembro díscolo fue expulsado definitivamente. Y no nos gusta señalar a nadie.

2. El retorno temporal

Esta variedad de retorno se da cuando una banda más o menos conocida mantiene su actividad de conciertos y álbumes perdiendo eso que llamamos «miembros originales». Pasados unos años, y cuando la situación lo permite, el line-up considerado original se reúne y nos deleita con una gira o alguna grabación. Tras el arrebato inicial o el llenado de caja esos miembros reciben de nuevo la patada y la banda continúa contratando en su lugar a otros músicos. Ejemplos de este retorno, el de Barón Rojo (2011) y el de Kiss (1996). Barón Rojo reunió la formación de sus primeros álbumes para una gira y una película documental durante varios meses; después Sherpa (bajista) y Hermes Calabria (batería) no fueron invitados a continuar en el grupo y los hermanos de Castro (Armando y Carlos) llamaron a otros músicos. En el caso de Kiss, tras varias giras y un álbum de estudio, los miembros originales Ace Frehley (guitarra) y Peter Criss (batería) fueron expulsados y sustituidos por otros músicos (y hasta hoy).

3. El retorno del hijo pródigo

Por alguna razón uno de los miembros principales del grupo se larga o es expulsado. Pasados unos años, tras el fracaso de ambos por separado, se produce el regreso. A veces vuelven a romper, otras continúan con más o menos amor y éxito (inseparables). Yo propongo como ejemplos el retorno de Rob Halford a Judas Priest (2003), el de Joey Belladona a Anthrax (dos veces, que ya tiene mérito, en 2005 y 2010) o el doble regreso de Bruce Dickinson y Adrian Smith a Iron Maiden (1999).

4. El retorno con muerto

Uno de los retornos más difíciles: uno de los miembros está muerto. ¿Qué hacemos? Hay dos variedades: sustituimos al muerto por otro músico o usamos un fantasma. Grupos que han regresado sustituyendo al desparecido hay varios, entre otros Led Zeppelin (en un par de ocasiones, la última en 2007 con Jason Bonham en la batería), aunque hay que reconocerles su cuidado con la memoria del Bonham original, o Alice in Chains (William Du Vall ocupó el puesto de Layne Staley en 2005 y hasta hoy). El retorno con fantasma más famoso lo protagonizaron The Beatles con su ficticia reunión de 1995: Paul McCartney (bajista), Ringo Starr (batería) y George Harrison (guitarra) grabaron una «nueva» canción con John Lennon (cantante para la ocasión y asesinado quince años antes) utilizando una maqueta de este último. Y no olvidemos a los Thin Lizzy sin Phil Lynott, tela.

5. El retorno sin nombre

Una formación se reúne tras varios años pero ¡oh, sorpresa! no pueden usar su antiguo nombre. El ejemplo arquetípico lo ofrecen Heaven&Hell: los miembros de Black Sabbath entre 1980 y 1982  no pudieron utilizar el nombre de la banda en su reunión de 2006, por lo que utilizaron el de su álbum más famoso. Los miembros de Yes son expertos en esto.

Ratt – Detonator – 1990

¿Puede un álbum de rock excelente convertirse en el epitafio de una gran banda?

Ratt representa el sonido y la imagen glam metal de los ochenta como pocos: su éxito ayudó a abrir las casas a otros grupos que mezclaban las influencias del heavy rock al estilo Judas Priest o Van Halen (metan aquí a los Saxon primigenios) con arreglos más melódicos y letras sucias. Quizá empujado por los primeros Mötley Crüe (aquel Shout at the devil, 1983) o el éxito del Metal Health (Quiet Riot, 1983) consiguieron un contrato para grabar su primer álbum (EP mediante) del que despacharon 3 millones de copias nada menos. Tras tres discos más que alcanzaron el platino, llegaron a un punto en el que se veían obligados a eso que se llama “evolucionar”. Lo que viene a ser, en palabras de la compañía de discos, fabricar más singles para vender más aún. La banda tenía un contrato muy jugoso con Atlantic, Guns N’Roses lo había revolucionado todo en 1987 y el rock ya no era lo mismo. Los propios Mötley habían necesitado a Bob Rock (cambiando a su eterno Tom Werman) para dar el pelotazo con Dr. Feelgood (1989) y Poison hicieron lo propio con Bruce Fairbairn (Flesh&blood, 1990). En su cuarto largo, Reach for the sky (1988) habían intentado ese movimiento, cambiando a su productor habitual, Beau Hill, por Mike Stone (Journey, Asia, April Wine); al final Hill acudió al rescate de todos modos.

Esto dijo Hill respecto a una llamada de Doug Morris (jefazo de Atlantic): «He said I need a favor, I want you to do Ratt and I said I thought Mike Stone was doing it. He said he heard some roughs and his quote was ‘they sound like a Holiday Inn band.’ So I said ‘ok, I will do what you want me to do.’ I listened to the roughs and we talked and I said what are my rules of engagement here and he said ‘do whatever the fuck you want.” Y cuando le preguntan por la opinión de los miembros de la banda sobre su regreso para terminar Reach for the sky, añade: “…being completely honest with you I don’t think any of them were. They knew their backs were up against a wall, they tried to do something different hoping they would get a great result and the record company rejected it. They were given an ultimatum, Beau is going to fix the album and if you don’t want Beau to fix it, here’s your walking papers and best of luck.”

En este camino sin señalizar ¿qué hacer?

El álbum.

Podríamos decir, exagerando un poco, que en el año 1990 Ratt comenzaba a ser una reliquia del mercado. Había ido reduciendo su importancia, lo que significa que cada vez le costaba más vender el milloncete de discos y llenar pabellones. Pero seguían ahí arriba. Lo peor estaba dentro: las tensiones internas se iban acumulando y los malos e insistentes vicios comenzaban a pasar factura. Robbin estaba tan colocado que apenas podía participar en la grabación del álbum, pasando, incluso, una temporada en rehabilitación. Pearcy empezaba a dar síntomas de agotamiento; su voz comenzaba a fallar, de vez en cuando se perdía alguna cita. ¿Qué hacer? La banda o la compañía decidieron dar un salto mortal sin red: contratar a un compositor externo o a un productor de brillantina que le diera una vuelta a Ratt. Y el elegido (o el disponible) fue Desmond Child (unos meses antes había convertido en platino a Alice Cooper y sus canciones se vendían con facilidad). Y Desmod se encargó de compartir las labores de composición con la banda, Pearcy y DeMartini fundamentalmente, y puso a su secuaz Arthur Payson a los mandos.

Comienza el disco con Intro to shame/Shame, shame, shame. Una intro melódica, intensa, de Warren para entrar, batería mediante, en uno de los mejores cortes del álbum y de la Historia de Ratt: excelente riff, buen estribillo, gran solo. Lovin’ you’s a dirty job sigue y suena más a “clásico” Ratt, con un riff stacatto, un puente-estribillo excelente con un arreglo vocal intenso, voces dobladas y DeMartini jugando al fondo con la melodía, sumando capas de guitarra. La alargada mano de Child se nota en los arreglos y en la resolución de la canción. A estas alturas ya destacan varias cosas: la voz es más limpia, menos rasgado, sin tanto eco; la batería suena seca, cortada, con reverb y los platos pierden protagonismo y brillo; las guitarras pasan a segundo plano en las líneas vocales, pero se ha puesto énfasis en que suenen más melódicas y menos rítmicas. El sonido general huye (un poco) del característico glam-metal que la banda había ayudado a dar fama (ya lo hicieron en el anterior Reach for the sky) para asomarse a ese hard rock más “skidrowciano”.

Scratch that itch aumentan los decibelios y la velocidad y sea, probablemente, la mejor versión de DeMartini en muchos años. Porque es uno de los ganadores de Detonator: usa todos sus trucos, a veces acelera, otras, suelta unas líneas melódicas bestiales, aguanta con líneas atmosféricas las canciones, en fin, quizá de sus mejores obras. Y si tenemos en cuenta el estado de su colega puede resultar obvio que se encargó de la mayor parte de la grabación.  Además, Blotzer se sale machacando un fantástico patrón. Regresa la melodía pop en One step away que desemboca en un pegajoso estribillo, nada Ratt, por cierto, muy Poison, pero en la voz de Pearcy resulta hasta conmovedor “somos barcos en la noche, pero esta noche no te vas a alejar, estoy a un paso, ha llegado el momento adecuado”. Ojito al fraseo de guitarra tras las voces. Fantástico single hubiera sido. Hard time viaja al lado heavy de Ratt en guitarras y batería. Letra muy curiosa en el álbum, quizá acerca de un sintecho durmiendo “en una esquina con una taza de café” o, de manera más genérica, recordando las épocas malas en las que uno “en medio de la noche, uno no puede ver la luz”. Jon Bon Jovi hace unos pinitos en el estribillo de Heads I win, tails you lose con fuerte carga melódica, buscando ese cambio de aires, otra canción poprock resultona, contundente en su ejecución, en la que todo está muy equilibrado, demasiado quizá, pensando en ese mercado “nuevo” que había que ganar. Buen puente-estribillo, todo muy aseado y pegadizo. Esto es rock’n’roll y estamos en los fuckin’ eighties. Ojito al sencillo y efectivo solo.

Suena a los Aerosmith de los ochenta All or nothing, el riff, el ritmo, la batería, la forma de cantar (casi rapeando por momentos), la resolución del puente-estribillo, incluso ese final con voz chillona femenina. Desmond mete mano definitivamente aquí, desde luego. Y Blotzer aparece también en los créditos; no en vano, uno de los puntos fuertes del tema es el patrón rítmico. Incluso el sonido y el juego a dos guitarras recuerda enormemente a Perry y las producciones de los ochenta. Buena canción, claro, con este patrón, vacilona incluso “dame lo que quiero o quítate de mi vista, lo quiero todo o nada, lo quiero ahora”. Can’t wait on love tiene un guitarreo del bueno, rápido e inspirado, jugando con un riff “cuasimetal” en la que ambas guitarras evolucionan a una parte central más abierta melódica. Estribillo muy típico de Ratt (lo que significa “bien”). Pasa por una de las canciones menores del disco y de la banda, pero ya hubieran querido muchos grupos no ya de hoy en día, si no de la época, haber grabado una canción “menor” como esta. Los niños andan calientes “no puedo esperar a tu amor, estoy tan caliente que no puedo dormir” o “soy la llave que abre tu cerradura”. Aparece una balada «de época», otra rareza en Ratt, que si bien habían bajado ritmos y decibelios en entregas anteriores, quizá no con tanto descaro. Givin’ yourself away, que así se titula, con Pearcy cantando “limpio”, sin trucos ni desgarros laríngeos. La composición recae en Diane Warren, una experta de la megabalada mojabragas en la época. Nada pretenciosa, juega sus bazas en una melodía sencilla, bien interpretada, con arreglos de sintetizador, todo precioso. Cierra Top secret, más “heavy Ratt metal” para cerrar el disco, con un sonido similar al de sus primeras dos obras (Desmond mediante). Unas guitarras jugosas, juguetonas y ruidosas en una canción uptempo de manual.

El final de una banda.

Tras la publicación del disco ocurrió lo previsible para todos los que vivían en la realidad de Ratt: una relación difícil (imposible) mucho tiempo sustentada por el dinero y la fama. Realizaron una pequeña gira por locales pequeños, sobre todo alrededor de Los Angeles; retornaron a sitios como el Whisky a GoGo en West Hollywood, donde habían comenzado años atrás. Siguió una gira por Japón (si te falla el mercado de casa siempre te quedarán los nipones) tras la cual la situación con Crosby no se pudo sostener más y fue expulsado. Contaba DeMartini que en alguno de los conciertos incluso se olvidaba de cambiar de guitarra y tocaba en afinaciones distintas sin darse cuenta o que “improvisaba” algunas partes de ciertas canciones. La gira por Estados Unidos sufrió de ventas bajas y en numerosas ocasiones los recintos estaban a mitad de capacidad o tuvieron que cambiarse las ubicaciones. Para esta parte de la gira contaron con la colaboración del mismísimo Michael Schenker e introdujeron una versión de UFO en el setlist (Lights out). La grabación del (obligatorio) MTV unplugged también contó con el germano.

Grabaron una canción para la película Point break (Le llaman Bodhi en España), titulada Nobody rides for free, como cuarteto y como cuarteto salieron en el vídeo del tema. Este corte se incluyó, en septiembre del 91, dentro del recopilatorio titulado Ratt&Roll 81-91.

Poco tiempo después, el propio Pearcey dio un volantazo y abandonó la banda, formando Arcade.

Ratt desaparecieron durante una buena temporada. En realidad, para siempre.

Canciones rock y metal para un cumpleaños diferente.

8

¿Cansado/a de las típicas tonadas de cumpleaños?

Para celebrar un cumpleaños muy especial te proponemos esta selección, a nuestro estilo, unas cuantas canciones distintas para soplar velas, beber cervezas y comer asado. O zumo de arándanos y tofu, cada uno lo que quiera. Lo importante es celebrar. Igual Google nos dedica un día y todo. El día del heavyaños feliz. O del happymetal birthday.

Y no todas las coplas que compartimos son alegres y optimistas. Hay gente a quien cumplir años no le gusta. Le trae malos recuerdos, les hace sentirse solos o viejos. También lo celebramos con ellos.

Como de costumbre… ¡dale al play y sopla las velas!

The Beatles – Birthday

Abriendo la tercera cara del álbum blanco (White album, 1968) esta especial felicitación con las voces de Pattie Boyd y Yoko Ono (parejas por entonces de John Lennon y George Harrison). Canción para estar de fiesta todo el día «they say it’s your birthday/we’re gonna have a good time».

Lenny Kravitz – Happy birthday

Canción para empezar el cumpleaños «We’ll gonna celebrate the day that you were born/and we will start right with this song» y continuar con la celebración «we gonna cook you all the food we know you love/and wash it down with lots of beer» para acabar soplando velas y abriendo regalos. De su álbum Strut del 2014.

Steppenwolf – Happy birthday

Una revisión en clave sureña de la clásica felicitación, con un excelente adorno acústico y vocal. De su At your birthday party de 1969. Canción para felicitar con ternura «one more day for you to look/Happy Birthday, sweet, sweet baby».

B. B. King – Happy birthday blues

No podía faltar un poco de blues por aquí con esta especial felicitación de B. B. King a su chica «And where the fun with finally stops/everybody knows/girls it’s me and you/doing what we do»

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Chicago – Birthday boy

En su disco de 1980 Chicago XIV, incluyen esta canción contra la tristeza «Life can be easy ‘til the end, ‘til the end/that empty feeling won’t go away». Si estás en una mala racha no te preocupes, hoy es tu cumpleaños y tienes que ser optimista y pensar que las cosas cambiarán «Birthday boy, blow out the candles/good friends around you, you should feel O.K.» La canción tampoco es que sea una fiesta precisamente, pero la intención, ahí está.

Urge Overkill – Blackie’s birthday

Queda claro que «today Urge Overkill celebrates Blackie’s birthday» aunque no sea un buen día y sientas que el tiempo se va. Hay que mirar adelante, agarrar la vida y «fill your life with the love or lose it/like a’ rock ‘n roll music». Del álbum de 1991 The supersonic storybook.

Panda – Cumpleaños feliz

La banda de Monterrey realiza un hermoso tema con esa letra en recuerdo de la persona que ya no está con nosotros, a la que se recuerda «hasta el día que me muera». Con cierto aire de superación, aparece en su MTV Unplugged del 2010.

Kyuss – Happy birthday

En cambio los amigos de Kyuss no son capaces de olvidar con dolor «Happy, happy birthday/two years dead today/(…)/I can’t escape the memories/that haunt me every day and night». Del Sons of Kyuss de 1990.

Y si nos quieres desear el mal y que el chiringuito se cierre, como si celebrara el cumpleaños un o una expareja, un jefe maldito, una cuñada pesada, pues apúntate estos cortes tan (in)sensibles.

The Smiths – Unhappy birthday

No te quedes con las ganas y desea un auténtico cumpleaños infeliz con esta tonada «I’ve come to wish you an unhappy birthday/because you’re evil/and you lie». Casi nada.  Era 1987 y el álbum Strangeways, here we come.

NOFX – New happy birthday song?

Y para rematar la (no)felicitación esta sencilla y directa letra «happy fucking birthday/you’re not special». Para gente que odias. Aquí la versión de su segundo disco en directo They’ve actually gotten worse de 2007.

Y por si no has tenido bastante, o lo tuyo es más extremo, aquí te dejo a King Diamond felicitándonos el cumpleaños, una versión instrumental y metalera del clásico tema y un pequeño regalo de Deathlok.

Algunos discos que sigo escuchando (16): rescatando del olvido.

Con gusto retomamos esta sección casi, como hoy, de arqueología musical. Música que poco éxito tuvo en su momento y que rara vez se recuerda, se pincha o se compra. De hecho, algunas de estas obras ni siquiera han tenido una reedición. Por suerte, una de las ventajas del mundo digital hiperconectado es poder acceder al instante a (casi) cualquier música del planeta hard&heavy. Por si es el caso, te pegamos los enlaces para su disfrute. Cinco propuestas de hard rock (más o menos) melódico, lleno de fantásticas guitarras, coros envueltos en vaselina y mucho, mucho amor.

Comenzamos…

Bangalore Choir – On target – 1992

Un disco que lo tenía todo para triunfar. Un buen cantante que venía de un disco con impacto (para bien y para mal), un productor de renombre, famosos ayudando en la composición y una compañía grande detrás. Pero no funcionó. Quizá podríamos achacarlo «al grunge» o quizá no. Pero David Reece, el cantante al frente del Eat the heat (1989) de Accept, comandó una excelente colección de temas hard rock con bellas melodías y la producción de Max Norman (Ozzy, Y&T, Megadeth). Buenas guitarras de Curt Mitchell y John Kirk, con Ian Mayo al bajo y Jackie Ramos a la batería. Contundente comienzo con Angel in black, bárbaras guitarras hardroqueras en All or nothing (y ese deje Coverdale en la voz) y mas caña en Freight train rollin’ y su pirotécnica guitarra. Espacio para las baladas y los medios tiempos, comenzando con la increíble interpretación de Mr. Reece en If the good die young (we will live forever) y siguiendo con las acústicas de Hold on to you (balada de manual ochentero). Y de regalo los estribillos de She can’t stop y Slippin’ away. En Deezer y en Spotify.

Brighton Rock – Young, wild and free – 1986

Siento curiosidad por saber cómo una banda canadiense desconocida convenció a Michael Wagener para que le produjera su disco debut. Bueno, el dinero y tener un contrato con una compañía grande igual influyó. El caso es que Mr. Wagener dejó su sello a lo largo de los diez cortes del álbum, un compendio de buen hard rock de mitad de los ochenta. En Estados Unidos apenas tuvo distribución y tuvo que «conformarse» con un disco de oro en Canadá. Gerry McGhee canta y comanda la nave con Greg Fraser en las guitarras (componen todas las canciones), Steve Skreebs al bajo, Mark Cavarzan a la batería y Johnny Rogers en los teclados (muy acertado, por cierto). Las canciones no tienen complicación ni pirotecnia y se basan en pegadizas melodías bien arregladas coronadas por estribillos jugosos. ¿Qué más quieres? Como curiosidad, Greg Fraser se enroló en Helix tras el final de Brighton Rock en 1992 y ese mismo año McGhee estuvo a punto de sustituir a Vince Neil en Mötley Crüe. Pegadizas Young wild and free, el single We came to rock (protagonismo del teclado), Assault attack y la balada Can’t wait for the night, con ese estribillo bombástico. Pero estos chicos también roqueaban (aunque sin desmelenarse mucho) en Jack is back, Change of heart y Rock and roll kids. En Deezer y en Spotify.

Vamp – The rich don’t rock – 1989

Esta historia también es buena. ¿Qué hacía falta para triunfar en el rock a finales de los ochenta? Exacto: unos chicos guapos con mucha peluquería, un productor de renombre y una compañía poniendo dinero. Aquí tenemos a los melenudos: Dicki Filszer a la batería, Oliver Scholz al bajo, Ricolf Cross a las guitarras y Tom Bellini a la voz. Sí, son alemanes. El productor, Tony Platt, había trabajado a la sombra de «Mutt» Lange para AC/DC y Foreigner y se había curtido en singles y discos de Iron Maiden, Saxon, Motorhead o Gary Moore, entre otros. Y la compañía no podía ser más grande: Atlantic. Además, parieron una joya de hard rock melódico que puede rivalizar con cualquiera. No tuvieron suerte en el Reino Unido (la compañía tampoco apoyó mucho) y no se editó en Estados Unidos. El mercado local tampoco les fue favorable, demasiada laca ya en la radio y la televisión. El único que tuvo cierto recorrido en la escena musical fue el batería, Dicki Filszer, quien acabó uniéndose a los británicos Skin. ¿Y qué escuchamos entonces? A destacar, los guitarrazos de Heartbreak, heartache, la adictiva The rich don’t rock, con su estructura in crescendo, la barbaridad de All night (incluyendo un pedazo de solo de batería), Lonely nights (cómo no fue este tema un exitazo), la vacilona Like I want y las hevilorras Why, Talk is cheap y Shout. ¿Baladas? Renegade. En Deezer y en Spotify.

Fate – Cruisin’ for a bruisin’ – 1988

No se complicó Hank Shermann (guitarrista) cuando acabó la aventura de Mercyful Fate y se quedó solo. Decidió formar una nueva banda con el nombre de Fate. Reclutó a unos cuantos músicos y editó dos discos en dos años para, después, abandonar su propia creación. Este Cruisin’ for bruisin’ es el tercer largo de la banda y participaron Jeff Limbo a la voz, Jacob Moth a las guitarras, Flemmin Rothaus a los teclados, Pete Steiner al bajo y Bon Lance a la batería. El productor elegido fue Simon Hanhart, currante con Marillion y los discos ochenteros de Saxon. Y en ese sonido juega este álbum de los «renacidos» Fate. Estos estaban en EMI. Mezcla de líneas melódicas en la voz, con mucho teclado y algunos buenos guitarrazos, aunque todo muy acaramelado. El comienzo con Beneath da’ coconuts promete, rehacen su propio Love on the rox, pegajoso el single Lovers, extra de azúcar en Babe, you got a friend y roquean en Dead boy, cold meat y Look you up. En Deezer y en Spotify.

Shelter – First stop – 1983

En plena efervescencia AOR, las compañías de discos buscaban el nuevo hitmaker del momento. Polydor firmó a un puñado de músicos para componer ese disco multiplatino; la banda se llamó Shelter y este fue el disco. Que, obviamente, no triunfó. Y, de nuevo, no puede decirse que los diez cortes de First stop carezcan de calidad, aunque, claro, todo suena a Survivor, Journey o Foreigner. Y quizá ese lastre, la falta de personalidad, de sonar a «lo mismo», impidió que triunfaran. Russ De Salvo a las guitarras, Peter Valentine a los teclados, Carl Bova al bajo, Bill Messinetti a la batería y Joe Lamente a la voz y la segunda guitarra. Resulta curioso que la mayoría de las canciones fueran compuestas por Mesinetti y Bova (la pareja rítmica). Escucha Foolish lover, Shelter o Tricks, la deliciosa On the line, el piano y los arreglos estupendos de The way I feel y las roquerillas So glad I found you o Who do you love. En Deezer y en Spotify.

Invitando a Sebastian Bach: sus mejores colaboraciones.

Es inevitable en ocasiones: abandonas la empresa en la que te hiciste grande buscando un futuro mejor y la pifias una vez tras otra. Que sí, que tú eras el que iba por delante, el de las ideas brillantes, el de la cara bonita, el de los contratos fetén. Pero no hay manera. Y, al final, estás deseando que te llamen para volver a tu antiguo puesto, que, al fin y al cabo, tampoco les ha ido bien a ellos desde que te fuiste. Y esa, más o menos, podría ser la historia de Sebastian Bach desde que (le echaron) abandonó Skid Row hasta nuestros días. Muchos proyectos, muchos jardines, pero cosechas más bien flojas. Aunque hay que reconocerlo: sus discos con Frontiers no suenan mal.

El bueno de Seb, además, ha participado en programas de televisión diversos y algunas series. Un par de realitis musicales: en SuperGroup se juntó con Ted Nugent, Scott Ian y Jason Bonham para formar una banda (Damnocracy) y grabar un álbum en doce días; en Gone Contry compitió por ser el mejor cantante country del grupo. Genial su papel de «músico-viejo» que forma parte de una banda de jóvenes en las Chicas Gilmore.

A pesar de muchos sinsabores, a Bach no le faltaron los amigos y las ofertas. Además de hacer coros en discos diversos, apareció como invitado, incluso como telonero, en varias giras, con especial mención a Axl Rose y su «Democracia China». Hoy queremos recoger algunas de sus mejores colaboraciones en estudio, casi todas en discos tributo, a veces con enormes músicos a su lado. Algunas curiosidades hay.

Trouble

Antes de abandonar Skid Row, su colega Duff McKagan (Guns N’Roses) le invitó a cantar uno de los cortes de su álbum en solitario Believe in me (1993).

Rock bottom

Fue asiduo de numerosos álbumes de versiones y homenajes diversos. En 1996 participó en Spacewalk: a salute to Ace Frehley cantanto Rock bottom junto a John Alderete (Racer X) y Scott Travis (Judas Priest).

Working man

También con músicos conocidos cantó esta y Jacobs’s ladder en el homenaje coral Working man. A tribute to Rush (1995). Le acompañan Billy Sheehan, Mike Portnoy y Jake E. Lee. Nada mal.

Crazy train

A Randy Rhoads le rindió homenaje en dos álbumes, uno en el año 2000 (Randy Rhoads Tribute) y otro en el 2015 (Randy Rhoads Remembered). De entre todas, elegimos esta especial lectura de un clasicazo de Ozzy Osbourne.

T.N.T.

Menea el culo como nadie cuando se mete en el papel de Bon Scott en Thunderbolt: a tribute to AC/DC (1998). Cambia ligeramente el registro para llevarse el tema a su terreno.

Another nail

Más agresivo pone voz a este corte de la banda de metal cristiano Libery N’Justice, que contaba con numerosos e ilustres cantantes en todos sus discos. La participación de Bach fue en Soundtrack of a soul (2006).

I don’t live today

Michael Schenker le reclutó para su (¿adivinas?) álbum de versiones Heavy hitters (2008). La batería la machaca Eric Singer, el bajo lo toca Tony Franklin y Bob Kulick acompaña en la guitarra. La original es autoría de Jimmi Hendrix.

Alone again

Una de las últimas y más curiosa. En 2011 se formó la banda T&N, con Jeff Pilson, George Lynch y Mick Brown (Dokken casi al completo, vaya). Grabaron el álbum Slave to the Empire un año después y contaron con Sebastian para versionar este viejo single de Dokken.

Children of the Damned

Y cerramos con otra cover. De las más contundentes. Bach se mete en la piel de Bruce Dickinson en el disco homenaje Slave to the Power: the Iron Maiden tribute (2000). Caña.

Ahora que se rumorea una especie de reunión de los Skid Row originales, no está demás revisar la colección de canciones que Sebastian Bach ha ido dejando a lo largo de estos casi treinta años de aventura en solitario.

…dale al play!

April Wine – The nature of the beast – 1981

El noveno disco de estudio de April Wine se convirtió en su mayor éxito comercial. Publicado en enero de 1981, alcanzó en poco tiempo el disco de platino en Estados Unidos aguantando treinta y cuatro semanas en el top200 de ventas; en su Canadá natal, llegó al doble platino, impulsándoles un escalón más arriba del que ya estaban. Porque estos tipos vivían desde principios de los setenta, de un modo u otro, dando guerra. April Wine alcanzaron su primer éxito a ambos lados de la frontera con su cuarto trabajo, Stand back (1975), doble platino en Canadá, y mantuvieron el pulso con los siguientes discos, pero, sobre todo, con varios singles que llamaron la atención del público ascendiendo en las listas de ventas. Se convirtieron en habituales de los circuitos acompañando a bandas como Rush, Kiss, Triumph, Journey o Styx. Su disco de 1979 First glance se convirtió en el primero en alcanzar el oro en Estados Unidos; haber firmado por Capitol demostró ser determinante. Para ese álbum (para la gira anterior, en realidad) habían introducido un tercer guitarrista en el grupo, consiguiendo un sonido bestial en directo que intentaron trasladar al estudio. Tras un más que recomendable Harder… faster (1980), que aparecerá por aquí pronto, llegamos a este noveno álbum, el que les dio armas para comandar su propio tour como cabezas de cartel en los USA y a girar por Europa.

La banda la formaban Myles Goodwyn, único miembro original a estas alturas, a la voz, la guitarra y los teclados, los otros dos guitarristas, Gary Moffet y Brian Greenway (este también a la voz), el bajista Steve Lang y el batería Jerry Mercer. Lo produje el jefe Goodwyn con el afamado Mike Stone (ese mismo año hizo el Escape de Journey) en los estudios británicos The Manor, lugar en el que ya habían grabado por entonces Mike Oldfield, Gene Simmons, Queen o Van Morrison. 

Me gustan los discos que comienzan enseñando todas las armas, como diciendo «aquí vas a escuchar esto». Y «esto» son riffs a dos guitarras o tres, melodías vocales pegadizas, estribillos con el único objetivo de hacerte cantar y letras hedonistas sobre la vida desenfrenada. All over town tiene todo esto y añade una voz procesada acompañando a la principal en el estribillo y voces dobladas sin vergüenza ninguna. «You´re so neat, you´re so cute, you´re so fine/you know that eveybody wants some action». La mujer inalcanzable se marcha de mi corazón (al de otro). Una canción trabajada para ser un single de la época. Nos retrotrae unos años atrás Tellin´me lies, con unas guitarras seventies y un tratamiento de las armonías más parecido a discos anteriores, con un gran estribillo a varias voces y los guitarristas jugueteando entre sí. Suena a continuación la cover de Sign of the Gypsy Queen, que se convirtió en un obligatorio de sus directos. Combina las acústicas de las estrofas iniciales con un arranque guitarrero rotundo en el estribillo, con voces armonizadas, para volver de nuevo a repetir el esquema. Funciona muy bien, sobre todo porque la línea melódica de la voz se desarrolla con ligereza y fluye bien. Además, uno de los temas más elaborados, con un cambio de tono y ritmo en la parte central para arrancar de nuevo hacia el final. La balada necesaria se titula Just between you and me y juega con una hermosa melodía sobre un ritmo simplón y unos arreglos manidos. Sin embargo, las partes de guitarra y el estribillo dan poder al corte. Se editó como single rompiendo la barrera del top20 y manteniéndose en lo alto de las listas de ventas durante once semanas. El contraste con Wanna rock es bestial: apenas dos minutos de rock directo con cierto tufillo rockabilly (años cincuenta a tope), divertido y bailable «don’t waste my money driving ‘round in a car/save my money for electric guitars». Y cerramos la cara A con Caught in the crossfire, más elaborado y profundo, jugando con los tempos y los espacios sonoros, en especial en la forma de introducir y esconder las guitarras; quizá el rollo espacial de la parte central tenga un tufo arcaico hoy en día.

La cara B comienza con  Future tense y su mensaje carpe diem «I try for satisfaction/you always let it slide/every day is like the last day». Uno de los cortes más poperos, comienza con una estrofa en la que guitarra y voz se van alternando, con un puente-estribillo con una voz robotizada, para pasar a un solo de pregunta-respuesta seguido de una parte melódica estupenda. Más roquera suena desde su inicio Big city girls, con buen riff y las guitarras conjugando con los arreglos y las armonías entre ellas y con las voces, dando pie a un curioso juego sonoro. El estribillo me recuerda (de lejos) al Big city nights de Scorpions. Una canción sobre las chicas de la calle: «the message was clear/if you wanna play, you gotta pay». Aceleramos a fondo en Crash and burn y su canto a la vida rápida, sin pensar en las consecuencias «the paper´s gonna say we´re crazy/no matter what the say/you know I´m gonna rock all night/gonna rock all night and day». Estribillo directo brutote y gran solo. Mantiene el pulso malote Bad boys con el riff a dos guitarras y más hedonismo en su mensaje; los chicos malos salen de pesca «I look out the window, see the fishes get the run-around». El (quizá) mejor solo con un juego curioso con el bajo, excelente todo el corte, por cierto. Y fantástico riff twin guitar en One more time que aparece otra vez en el puente y en el solo, gran estribillo. Una canción genial, divertida, directa, para cerrar con una letra sencilla: ¿a quién no le ha pasado? ¿a quién no le han dicho «tómate la última»? Pues eso. «One more time before we go». Casi se palpa la resignación en la forma de cantar.

La portada, encargada a Bob Lemm, representa esa fuerza del directo, ese animal que las letras del disco intentan describir, el salvaje del día a día al que poco le importa lo que pase al final del concierto o las consecuencias de lo que hace. Esa es la naturaleza de esta bestia. Además, da una sensación de ritmo, de movimiento. De la foto de la contraportada, obra de Andrze Duvel, poco voy a añadir; los ochenta fueron años duros para la estética roquera. Como curiosidad, el álbum está dedicado a John Bonham y Johnny Weissmuller (sí, el famoso Tarzán).

Disfrutad de una banda hoy en día muy poco admirada y que fabricó excelentes discos, como este.

Black Sabbath en diez versiones.

¿Quién no adora a estos clásicos de los sonidos oscuros? Más de cincuenta años desde que dieran sus primeros conciertos y grabaran su debut, luz seminal para la evolución del hard rock y el heavy metal. Les contemplan diecinueve álbumes de estudio y una treintena de músicos colaboradores de modo más o menos permanente, todo bajo la supervisión del jefe, el único que ha grabado todas las canciones: Mr. Tony Iommi. Ya era hora de hacerles un homenaje a través de otros músicos. Porque su legado, enorme, se diluye y se expande en las manos y las voces de sus hijos bastardos. Algunas, obvias; otras, curiosas.

He aquí nuestro pequeño decálogo de versiones más o menos acertadas de Black Sabbath. Como siempre…

dale al play!

Stryper – After forever

Los cristianos del metal por excelencia haciendo una versión de sus metaleras deidades. Curiosa la asociación entre satanismo y Black Sabbath, cuando en más de una canción han rendido homenaje al Dios cristiano, como en esta ocasión: «Could it be you’re afraid of what your friends might say/If they knew you believe in God above?/They should realize before they criticize/That God is the only way to love». En otras cambiaron de tercio, pero eso es otra historia. La original formó parte de Master of Reality (1971) y la versión apareció en Fallen (2015).

Iced Earth – Electric funeral

En su The melancholy EP (1999) los de Florida reflexionan sobre un fin del mundo atómico: «dying world of radiation/victims of man’s frustration/burning globe of obscene fire/like electric funeral pyre». La original formó parte del imprescindible Paranoid (1970).

Queensryche – Neon knights

La primera gran metamorfosis de la banda llegó con el despido de Ozzy Osbourne y el fichaje de Ronnie James Dio. El resultado se tituló Heaven&Hell (1980) e incluyó el single Neon knights. Queensrÿche lo incluyó en su álbum de versiones Take cover (2007), recomendable escucha donde los aguerridos muchachos recrean tonadas de, entre otros, Peter Gabriel, U2 o Pink Floyd.

Overkill – Never say die

Y en otro álbum de versiones titulado Coverkill (1999) los de New Jersey se marcaron este pedazo de recuerdo a uno de los álbumes menos apreciado de los años setenta, Never say die! (1978). En el mismo disco incluyeron versiones de otros dos cortes del grupo: Changes y Cornucopia, ambos del Vol. 4 (1972).

Cathedral – Wheels of confusion

Y, precisamente, de ese Vol. 4 (1972) los reyes del doom metal de los noventa tomaron prestado un corte para el álbum tributo Master of Misery: an Earache tribute (1992). Los años de felicidad fueron un espejismo: «Lost in the wheels of confusion/running thru valleys of tears/eyes full of angry delusion/hiding in everyday fears». Cathedral le da una impronta fantástica. Por cierto, esta (y dos más) aparecieron poco después en diferentes versiones de otro disco tributo imprescindible del que luego hablaremos, Nativity in black (1994).

Kyuss – Into the void

¿Cómo no iba a recordar a Black Sabbath uno de sus hijos predilectos? Estaban Kyuss en transición (o desmembramiento) cuando grabaron en 1995 esta cover que apareció como single al siguiente año. Después se incluyó en un curioso EP titulado Kyuss/Queen of the Stone Age (1997). «Everywhere is misery and woe/pollution kills the air, the land and sea/man prepares to meet his destiny» y una vía de escape al espacio, fuera de este planeta que se consume. La original la escuchamos en Master of Reality (1971).

Rata Blanca (con Glenn Hughes) – No stranger to love

Hay muy pocas versiones (decentes) de los discos que la banda publicó sin Ozzy o Dio a la voz. Rescatamos por aquí una curiosa y muy lograda. En el álbum Sabbath Crosses (2004), un tributo de la escena argentina, principalmente, Walter Giardino y sus muchachos contaron con la voz del mismísmo Glenn Hughes para (re)interpretar el tema que él mismo cantó en el polémico Seventh star (1986).

Fates Warning – The sign of the southern cross

En otro disco tributo, en este caso a Ronnie James Dio, los progresivos Fates Warning incluyeron uno de los mejores cortes de Mob rules (1981). El susodicho disco homenaje se titulaba Holy Dio: a tribute (1999). «Sail away to the sign!».

Venom – Megalomania

Que el lado más duro y negro del metal ha bebido de las enseñanzas de Iommi lo corrobora, por ejemplo, esta versión de Venom. Los (casi) vecinos se marcaron en el Prime evil (1989) esta barbaridad de uno de los álbumes de la época Ozzy, de mítica portada: Sabotage (1975). Fantástica.

Bruce Dickinson and Godspeed – Sabbath bloody sabbath

Y acabamos este decálogo escogiendo un tema de uno de los mejores discos homenaje a Black Sabbath; se tituló Nativity in black (1994) y contó con una segunda parte en el año 2000. En este caso, curiosa mezcla de Bruce Dickinson con unos nóveles Godspeed. La original formó pare, cómo no, de otro imprescindible: Sabbath bloody Sabbath (1973).

Pero la lista es inmensa. ¿Nos recomiendas alguna?

Las enfermedades mentales en el rock y el metal.

Tan malo es permitir que las personas con enfermedades mentales vivan en un tabú social, la incomprensión y la discriminación, como frivolizar sobre ellas afirmando «padecer» algún tipo de trastorno para ser «moderno» o «distinto» y destacar en el mundo del arte. Y esto último (parece) habitual últimamente en el pop y la música mainstream, donde cada vez más artistas jóvenes exponen sin tapujos sus (supuestas) enfermedades. En cierto modo me alegro de que cada vez más se nos visibilice, aunque mantengo mis dudas si no será más que una cuestión de marketing para arrastrar a esos jóvenes (cada vez más) aislados y estigmatizados emocionalmente al consumo de un producto.

De todos modos, las personalidades con tendencia a padecer algún tipo de enfermedad mental y aquellas que han reconocido padecerla abundan en la ya larga Historia del rock y el metal. Se han creado obras magníficas e imprescindibles que en ocasiones abordaban directamente el problema, como The Kinks en Soap opera (trastorno de personalidad), lo utilizaban de transfondo para desarrollar una narración, como Pink Floyd en The wall (trastorno esquizotípico de personalidad) o, simplemente, sus protagonistas presentaban algún tipo de enfermedad, como Jim y Caroline en el álbum Berlin de Lou Reed. Echadle un ojo a este enlace para más detalles.

Así, hoy, nos hemos dedicado a seleccionar algunas canciones de lo más diverso cuya temática versa sobre alguna enfermedad mental o alguna persona que lo padezca. Hay muchísimas. Y si añadimos las que hablan del tema de manera indirecta o «parece» que hablan de otra cosa, vas a sorprenderte.

Como siempre, dale al play.

Mago de Oz – Los renglones torcidos de Dios

En su álbum Finisterra (2000) incluyeron esta canción, cuyo título e inspiración cogen de una obra literaria de Torcuato Luca de Tena. La letra describe en primera persona el sufrimiento del «loco» que vive encerrado y su imposibilidad para salir de su situación: «Ahogar la locura es como intentar/tapar y ocultar con un dedo el sol/parir pensamientos es como vaciar/solo con mis manos el mar».

Green Day – Basket case

«Sometimes my mind plays tricks on me» canta Billy Joe Amstrong en este single que catapultó a la banda a la fama mundial. Amstrong, diagnosticado de trastorno de pánico, escribió la letra contando sus ataques de ansiedad y las dudas sobre su propia vida que le producían «Am I just paranoid?/Or am I just stoned?». Del álbum Dookie (1994). El vídeo, por cierto, está ambientado en un centro psiquiátrico.

Fear of Missing Out – Empty

Vamos con algo muy especial. El álbum Disorders (2019), de la mano de Carlos Morales, está compuesto por siete canciones de corte progresivo con letras escritas por pacientes que padecen uno de los siete trastornos que se tratan. Una iniciativa cuyos beneficios van destinados a FEAFES Galicia y puedes saber más sobre este y otros proyectos que relacionan arte y enfermedad mental y contribuir en este enlace. Nosotros elegimos el corte dedicado a la anorexia, con la voz de Xela Rivera (Sweet Death).

Alice Cooper – Quiet room

Hablar de «enfermedad mental» y «Alice Cooper» es todo uno. Porque ha introducido personajes perturbados y enfermos en sus canciones y porque la propia persona tras el personaje (Vincent Furnier) ha padecido trastornos depresivos, adictivos y alimentarios a lo largo de su vida. Dedicó (al menos) dos discos enteros, con un trasfondo conceptual, a las enfermedades mentales. En 1975, Welcome to my nightmare relata los sueños y las visiones de un niño, Steven, en una infancia traumática. En 1978, From the inside narra los efectos de las paranoias y las adicciones del propio Cooper y su paso por un centro psiquiátrico en Nueva York. De este, elegimos el recuerdo de su «cuarto almohadillado».

Nirvana – Lithium

Las sales de litio se utilizan para el tratamiento de la manía, la depresión y la bipolaridad. Kurt Cobain dedicó esta canción a configurar una escena de paranoia en la que el protagonista amanece feliz «Because today I found my friends/They’re in my head» y «I’m so excited, I can’t wait to meet you there». Cobain padeció depresión y su fuerte adicción a la heroína pudo desencadenar todas estas imágenes. Parte del ya mítico Nevermind (1991).

The Doors – People are strange

Cuando un artista fallece y se convierte en un mito es complicado hablar de él. Y Morrison, seguramente, sufría algún tipo de trastorno depresivo o, quizá, un trastorno de personalidad. Por esto, u otras razones, sus experiencias con las drogas son ya míticas, igual que sus improvisaciones en el escenario o sus reyertas policiales. En el álbum Strange days (1967) la banda The Doors grabó esta canción en la que Jim habla de su alineación y la soledad que sentía.

Nine Inch Nails – Hurt

«I hurt myself today/to see if I still feel». Trent Reznor habla de las autolesiones y las mutilaciones autoinfringidas, acto relativamente frecuente en personas con depresión severa, trastornos de la personalidad y tendencias suicidas. El propio Reznor sufrió de depresión aguda, ansiedad y desórdenes de personalidad, asociados, también, al consumo de múltiples sustancias. Lo grabó en 1995 para The downward spiral. Johny Cash hizo una versión de este tema para su American IV (2002).

Pearl Jam – Bugs

Eddie Vedder compuso esta sencilla y estridente canción con un acordeón y sin doble intención. Narra un episodio de alucinación en el que cientos de bichos van ocupando la habitación, la piel y los orificios del cantante. «I got bugs on my skin/Tickle my nausea/I let it happen again/They’re always takin’ over/I see they surround me, I see…». El tema fue incluido en el álbum Vitalogy de 1994.

Pink Floyd – Brain damage

«There’s someone in my head but it’s not me». Otra banda que sabe de enfermedades mentales y que ocasionalmente habló en sus letras directamente sobre ello. En The dark side of the moon (1973) incluyeron esta clara referencia a la esquizofrenia: «The lunatic is in my head/you raise the blade, you make the change»..

The Who – Happy Jack

Pocas bandas han sacado tanto rédito artístico y comercial a las historias sobre personas con trastornos mentales y enfermedades «extrañas». Tommy (1969), quizá el primer disco conceptual en tener un éxito verdadero entre el gran público, está protagonizada por un niño, Tommy, ciego, sordo y mudo tras un trauma (ver a tu padre muerto y a tu madre cometer un asesinato no tiene que ser fácil de digerir). En 1973 volvieron con Quadrophenia, una retorcida mezcla de las personalidades de los cuatro miembros de la banda a través de la cabeza de un adolescente inestable enfrentado al mundo que le rodea. Sin embargo, elegimos esta tonada algo menos seria titulada Happy Jack (A quick one, 1966) en las que se recrea a un (supuesto) enfermo mental que conoció Townshend en su infancia.

Anathema – Lost control

La depresión y sus múltiples consecuencias se abordan en varias canciones de la banda, algunas incluidas en Alternative 4 (1998). La letra es impactante: «And it’s left me with a chemical dependency for sanity/yes, I am falling/How much longer ‘til I hit the ground?/I can’t tell you why I’m breaking down/do you wonder why I prefer to be alone?».

Sea esta una pequeña contribución a recordar y poner luz sobre las personas que sufren trastornos mentales de diverso tipo. Es imprescindible eliminar el miedo, la oscuridad, la vergüenza y el aislamiento que muchas veces padecen: no ser normal te convierte en un bicho, aún en el siglo XXI. Hagamos, con nuestro esfuerzo personal, que puedan vivir una vida lo más cercana a la felicidad posible.