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Bad Company – Desolation angels – 1979

Bad Company antepusieron la naturalidad a la técnica, la sencillez al espectáculo, la banda antes que el lucimiento individual, todo para compartir canciones que emocionaran a la primera escucha y, a la vez, soportaran el paso del tiempo. Ese fue el gran secreto de estos cuatro bizarros roqueros desde su debut en 1974 hasta su parón a principios de los ochenta. Desolation angels fue su quinto y penúltimo disco de la primera época, un disco excelente que grabaron con mimo y gusto, pensando cada corte, cada pista, dejando algunas joyas para su catálogo sonoro. La banda se formaba entonces con Paul Rodgers a la voz, Mick Ralphs a la guitarra y los teclados, Boz Burrell al bajo y Simon Kirke a la batería. Compartieron las labores compositivas, mezclaron ideas, se ayudaron en los arreglos y disfrutaron en los Ridge Farm Studios ingleses de unas semanas de jolgorio y trabajo a finales de 1978. 

La primera bomba abre el disco. Rock’n’roll fantasy mira sin vergüenza ninguna a lo mejor de su catálogo, un single que se metió en el top 20, una canción sobre los sueños y los milagros de los creyentes del rock, de la música en general. Tiene unos sutiles pero efectivos adornos de sintetizador, un ritmo discotequero, machacón, una buena melodía y un gran estribillo: «it’s all part of my r’n’r fantasy». Sigue una balada con unas acústicas muy Page, protagonistas absolutas, y una letra melancólica; Crazy circle comienza con la voz y la guitarra en solitario para ir sumando instrumentos, con su crescendo contenido hasta el segundo estribillo, con un piano de apoyo que da ese toque especial al conjunto. Aparece el hard rock en Gone, gone, gone, de estupendo riff; Mick hace que lo sencillo suene especial. Una línea de voz muy cuidada, una letra sobre la pérdida, pero de una manera especial: «I don’t know if i am happy, I don’t know if I am sad/…/I’d better get the boys round/and do some drinkin’ fast».

Seguimos en el tren del hard con Evil wind, una batería buenísima que daba pie a Simon a hacer un solo en directo en mitad de la canción, otro riff de Mick con un toque metalero, un buen cambio en el estribillo y a cantar «evil wind, passed me by, troubled waters, pay me no mind, I have heard the thunder». Otra preciosa canción con un recuerdo a sus primeras composiciones y cierto aire beattles para celebrar el amor incondicional, quizá la más sentida  interpretación de Paul, de título Early in the morning demuestra que estos tipos se lo estaban tomando en serio, bien arreglada, se basa en una melodía de piano que Rodgers compuso en la soledad de la playa.

La cara B abre con Lonely for your love, más sonido clásico, con esa guitarra que te engancha y ese bajo boogie tan pegajoso, Rodgers forzando los agudos, recuerda en estructura al mega éxito Can’t get enhough, y solo un poco por debajo se queda. Excelente solo de guitarra incluido. Y Mick vuelve a salirse en Oh, Atlanta: ¿necesitas un respiro? «I’m coming back to you in a fine day/no need to worry» porque vuelvo a Atlanta «hear me calling» a disfrutar de la buena vieja vida. Qué bueno escuchar después Take the time, con un feeling southern, sobre todo en el ritmo y en las acústicas, con una sencillo arreglo en el puente y el estribillo para romper la dinámica del tema y un solo slide. La penúltima de Desolation angels tiene el curioso título de Rhythm machine: compuesta por Boz recreando la modernidad disco de la época en base a un ritmo funk, una guitarra y un bajo que marcan un ritmo constante y otra guitarra y un piano que van haciendo figuras al fondo. De claro tono sexual («I’m a rhythm machine/you know what I mean»), juega con el doble sentido lírico y sonoro, pues imita a las máquinas de ritmo que estaban de moda por entonces pero ejecutado con los instrumentos clásicos del hard rock. Y el cierre majestuosos con la épica balada She brings me love. Cómo canta Rodgers, ese coro soul femenino y la delicadeza de la guitarra de Mick. Nada más que añadir señoría.

Desolation angels significó un éxito de ventas (alcanzó el doble platino en Estados Unidos), un empujón a su por entonces quebrada fama y les permitió organizar una de sus giras más largas. Sin embargo, poco más ofrecieron estos tipos; tras otro álbum y un par de años de tiras y aflojas acabaron separados y buscándose la vida en el mundillo del rock. Disfrutemos de este gran álbum, pues.

Lo mejor de Bad Company: los años con Brian Howe (1986-1994)

Brian Anthony Howe falleció el pasado mes de mayo del 2020 de un paro cardíaco. Contaba 67 años y su legado musical está vivo en cuatro álbumes en estudio y un directo de Bad Company. Howe llegó a formar parte de la banda por pura casualidad. Cantante amateur, uno de tantos, tuvo su primera oportunidad profesional de la mano de la productora de Ted Nugent; cantó en el disco Penetrator (1984) y realizó la gira posterior. A partir de ahí, el ambicioso Brian quiso montárselo en solitario y llegó a colaborar con Mick Jones (Foreigner), pero la cosa no salió adelante. En ese proceso, Mick le presentó a Simon Kirke y Mick Ralphs, quienes intentaban montar un nuevo grupo tras la desbandada de Bad Company en 1982. Sus aventuras en solitario fueron bastante poco exitosas y eso de tocar en salas pequeñas por poco dinero no les sentaba nada bien. Los dos músicos no arrancaban ningún proyecto y la compañía de discos (Atlantic Records) les «sugirió» recuperar Bad Company. En el año 1986 el cantante Paul Rodgers andaba montado en el grupo The Firm junto a Jimmy Page, Chris Slade y Tony Franklin sin ganas de abandonar tan sabroso barco para retornar a «quién sabe qué» futuro-pasado. Así que, de nuevo, la compañía les «sugirió» trabajar con Brian Howe.

Fame and fortune se editó en octubre de 1986 con la producción de Keith Olsen y la colaboración de Mick Jones. Con estos nombres está claro que la deriva sonora hacia los sonidos vendedores del AOR de principios de los ochenta estaba servida, en un viraje que otras bandas ya habían hecho en eso que llamamos heavy poppy (ese año se publicaron, entre otros, el 5150 de Van Halen o el Turbo de Judas Priest). Howe se encargó de la voz, Kirke de la batería y Ralphs de las guitarras, contratando para el estudio a Steve Price al bajo y Gregg Dechert a los teclados. El álbum contiene buenos momentos, como Fame and fortune, la más parecida a los «viejos» Bad Company, Tell it like it is (fantásticas guitarras), la inicial Burning up, con ese toque Jones, la final If i’m sleeping o el sintetizador y los coros pegajosos de Valerie. Howe canta más por Lou Gramm que por Paul Rodgers, cierto, y el disco, en general, parece de una banda con otro nombre (pongan aquí Foreigner o Toto). No vendió lo esperado y los jefes Kirke y Ralphs tuvieron que pensar mucho el siguiente paso.

Intentaron convencer al bajista Boz Burrell para que se uniera al proyecto. El tipo había decidido no volver a una banda de rock tras la primera desaparición de Bad Company, pero allá que fue a ayudar a los colegas. Apenas aguantó la gira. La compañía «sugirió» un colaborador externo y Terry Thomas apareció en escena. Al principio iba a componer con Howe y Ralphs y acabó siendo el productor, el compositor principal y el segundo guitarrista en el estudio. Dangerous age se publicó en el verano de 1988 y, esta vez sí, alcanzó un digno éxito, sobre todo por que tres singles vendieron muy bien: One night y Shake it up se auparon al top 10 y No smoke without fire alcanzó el cuarto lugar. El álbum lo grabaron como cuarteto dotándolo de un sonido más guitarrero, con buenos riffs y arreglos rítmicos, y resulta un gran álbum de rock. Escucha Bad man, Dangerous age (la más blusera), Rock of America (simple y sencilla, con un rollo Bryan Adams inconfundible) y The way that it goes. El éxito comercial (alcanzó el disco de oro) reñía con las vivencias de la banda durante la gira: Brian viajaba solo; Ralphs y Kirke no le soportaban, sobre todo por su «estilo de vida».

En la gira incluyeron a Larry Oakes como segundo guitarra y teclista (vaya, el tipo ya había tocado con Foreigner, qué casualidad) y Steve Price se encargó del bajo. Ambos acabaron fuera de la banda. Estamos en otra encrucijada: buenas ventas, mal ambiente. Tanto Ralphs como Kirke intentaron que Rodgers volviera al grupo. Ni la compañía se lo permitió (con lo que había costado) ni él puso mucho empeño. No en vano tenía en los juzgados a sus ex-colegas por el uso del nombre de la banda. La solución única era continuar con la máquina y en junio de 1990 salió al mercado Holy water. Y fue su mayor éxito. Alcanzó el millón de copias y colocó tres single en lo más alto: la balada If you needed somebody, Holy water (número uno en los charts roqueros) y la (semi)acústica Boys cry tough. Con Felix Krish al bajo, la ayuda en la producción de Andrew Scarth y Tony Harris y una buena publicidad, se convirtieron en una de las últimas atracciones mediáticas del rock melódico. El disco no carece de recursos: Walk through fire engancha, Stranger stranger suena contundente, Fearless y Dead of the night recuerdan a unos AC/DC melódicos, buenos el estribillo de I don’t care y el tufillo a Lou Gramm en Never too late. Cierra el disco una breve canción acústica cantada por Simon.

Resulta curioso cómo la fama y la fortuna hacen de pegamento en ocasiones. Claro, que todo tiene un límite entre el éxito de ventas y la lucha interna. Howe pensaba que sería su último trabajo en Bad Company. En los créditos agradece a Terry Thomas los dos años juntos y a Mick Jones por darle la oportunidad y animarle (curiosidad: por entonces, ambos, Jones y Thomas, andaban grabando el álbum Unsusual heat bajo el nombre de Foreigner). En estas, Ralphs abandonó su propio grupo argumentando la falta de oportunidades para colar sus composiciones (aunque hubo asuntos familiares por medio), mientras Brian le recriminaba su falta de compromiso y su poca contribución; llegó a decir que el guitarrista vivía muy bien a su costa. Aquella gira la realizaron Howe y Kirke, como único miembro «original», junto a los guitarristas Geoffrey Whitehorn y Dave Colwell y el propio Krish al bajo. Ralphs lo pensó bien, o solucionó sus problemas personales, y acabó entrando en el final de la gira.

El último esfuerzo en estudio de estos caballeros se llamó (¿irónicamente?) Here comes trouble. Publicado en septiembre de 1992 tuvo ventas más modestas. Aún así, alcanzó el disco de oro y colocó dos singles en listas: How about that (de lo mejor) y la propia Here comes trouble. El trío Kirke-Ralphs-Howe firmó como productores y contaron con Thomas en la composición y como músico de apoyo. Grabaron también Colwell (guitarras) y Krish (bajo). Aunque la línea musical resultó continuista e intentaron esconder sus malos rollos, hay claras diferencias entre las canciones «Howe» y las canciones «Ralphs». Both feet in the water o Little angel suenan más clásicas, mientras el resto tiene un deje más melódico, con otros buenos momentos en Brokenhearted, de excelente guitarreo, el medio tiempo What about you o Take this town.

La historia no se podía estirar más. Un contrato a punto de finalizar con Atlantic y todo el rencor acumulado a lo largo de estos años, con la desidia de la rutina de las giras, Brian Howe y Bad Company separaron sus caminos. Para cerrar las obligaciones contractuales la compañía publicó What you hear is what you get: the best of Bad Company live. Un digno directo con un reparto equilibrado entre las canciones de los setenta y las de la «nueva» era.

Quizá si se hubieran llamado de otro modo no habría tanta inquina y polémica con estos años en los que Brian Howe estuvo al frente de Bad Company. Puedo afirmar que es lamentable el olvido de esta época por parte del aficionado y los propios componentes del grupo. Sin entrar en comparaciones, que podríamos, como si todo lo parido en los años de Paul Rodgers fuera épico, esta reencarnación de la banda supo mantener la estrella mediática y dejó algunas excelentes canciones y cuatro álbumes de los que sentirse orgulloso (unos más de mi gusto que otros, claro). Si nunca te has arrimado a esta música ya estás tardando.

Canciones que empiezan con una cuenta atrás (o adelante).

Efectivamente. Con cualquier cosa hacemos una lista de canciones. ¿De verdad no te has parado a pensar en la cantidad de temas que comienzan con una voz, más o menos audible, realizando una cuenta? One-two-three o tres-dos-uno… y al lío. Este recurso, habitual para hacer que toda la banda entre a la vez en un directo o en una toma, da apariencia de grabación orgánica, de «ahí estamos todos en tu altavoz machacando los instrumentos ahora mismo para ti». Y con ese rollo muchas de estas canciones fueron las primeras de un disco o de una cara de vinilo.

La lista ha quedado muy jugosa. Dale al play y disfruta.

Bad Company – Can’t get enough

«One… two… one, two, three» y comienza uno de los discos emblemáticos del hard rock de la primera mitad de los setenta, el debut Bad Company (1974).

The Beatles – I saw her standing there

«One, two, three, ¡four!» y a darle caña a este rock de amor con una adolescente «How could I dance with another/when I saw her standing there?». Arrancaba así el primer largo de la banda, Please please me, editado en 1963.

Rare Earth – I just want to celebrate

«One, two, three, four» y a marcar un ritmo pegajoso en esta canción de celebración de la vida hedonista: «I just want to celebrate another day of life». Cerró la cara A del vinilo One world (1971) y fue el primer single de dicho álbum.

The Who – Slip kid

Comienza Keith Moon con su batería, marca «one… two… one, two, three» y entra la banda en este fantástico tema que grabaron para abrir The Who by numbers (1975).

Rush – Animate

Abría Neil Peart el álbum Counterparts (1993) con «one… one, two» para guiarnos por uno de sus mejores trabajos. «Goddess in my garden/Sister in my soul/Angel in my armor/Actress in my role».

Barricada – Objetivo a rendir

«Un, dos, tres, ¡fuego!» gritaba Enrique Villareal «El Drogas» al comienzo de esta canción dedicada a los desesperados: «Para ti no es aventura/ Intentar salir de aquí/Pues esta calculado/Que seas vapuleado/Objetivo a rendir». Abría la cara B del álbum Pasión por el ruido (1989).

Tom Petty & The Heartbreakers – You got lucky

«One…» y se intuye el gesto, el ademán de conteo para comenzar con el primer golpe a tempo todo el mundo. Compuesto por Mick Campbell y el jefe Petty, fue segundo corte del álbum de 1982 Long after dark.

James Brown – Get up (I feel like been a) sex machine

Tras una presentación con público de fondo, «one, two, three, four» y a darle caña al cuerpo con uno de los más emblemáticos cortes de James Brown. ¿Alguien se resiste al ritmazo de la máquina sexual? Se grabó como single en 1970 y abrió el álbum Sex machine del mismo año en una versión de más de diez minutos. Shace your money maker…

J.J. Cale – Crazy mama

Más comedido «one, two, three, four» y metido en una tonada country con un hermoso slide, J. J. Cale se rinde a la mujer que regresa a su vida. Abría la cara B de otro imprescindible, el Naturally de 1971.

U2 – Vertigo

En «perfecto» español comienza Bono «un, dos, tres… catorce» sobre la introducción instrumental de esta canción, single y espectacular vídeo del How to dismantle an atomic bomb (2004).

Foo Fighters – Wheels

Un alargado «one, two, three, four» da paso a una de las dos canciones que fueron novedad en el recopilatorio Greatest hits (2009). La canción fue compuesta en memoria de un amigo fallecido de Dave Grohl.

Manfred Mann – 5-4-3-2-1

Y para terminar, la reina del conteo. No solo comienza con un «five, four, three, two, one», si no que la letra de la canción, casi en exclusiva, es esa. Se editó como single en 1964 junto al tema Cock-A-Hup. «Uh-uh, it was the Manfred’s»

Interesante colección de canciones, diversas y dispersas. Hay muchas esparcidas por el cosmos sonoro: ¿nos confiesas cuál has escuchado últimamente?

Canciones del Lejano Oeste: cowboys y llaneros solitarios.

La imagen del vaquero que cabalga solo en la pradera o en el desierto, al atardecer, esperando que llegue la noche para tumbarse en la tierra y tapar su cara con el sombrero. El misterio, el romanticismo, la épica del héroe anónimo que se busca la vida, que busca su destino, que huye de la injusticia o que, simplemente, no tiene a dónde ir. El cine ayudó a crear este mito moderno y nuestros músicos lo han adaptado a su estilo; algunos han creado cowboys de hoy en día mientras que otros, los que hoy traemos, han narrado historias ambientadas en el Lejano Oeste.

Once canciones sobre cowboys, justicieros, llaneros solitarios y el Salvaje Oeste.

Bad Company – Bad company

Una de las canciones clásicas del rock atemporal. Un desertor que se declara una mala compañía: «Oh I was born 6-gun in my hand/Behind a gun I’ll make my final stand». Dicen que Paul Rodgers grabó la canción en una fría noche de noviembre para dar el tono. Del debut del mismo nombre de la banda, allá por 1974.

Volbeat – Pearl Hart

La hermosa Pearl Hart está en la cárcel: se vistió con ropa de hombre, cogió su Colt y paró una diligencia, robando a sus tres ocupantes. Uno de los temas extraído como single del álbum de 2003 Outlaw gentlemen & shady ladies.

Christopher CrossRide like the wind

La historia del que huye de la horca, el forajido camino de México en mitad de la noche: «ride like the wind/To be free again». El mayor éxito de Christopher Cross, single de 1979 de su álbum debut.

Thin Lizzy – Cowboy song

El vaquero solitario que recuerda entre aullidos de coyote una aventura amorosa, allá en Texas, cerca de la frontera. Porque » Lord, those southern girls all seem the same». Del clásico Jailbreak de 1976.

The Eagles – Desperado

Otra rola sobre la soledad del vaquero. The Eagles hablan del paso del tiempo y la soledad representado en la figura de cowboy que envejece solo: «Your pain and your hunger, they’re drivin’ you home». Da título al álbum de 1973.

Jon Bon Jovi – Blaze of glory

La tierra como cama y un viejo abrigo como manta, huyendo siempre, el buscador de éxito: «I’m a devil on the run/A six gun lover». ¿Alguna vez llegará esa llamarada de gloria? Primer sencillo del primer disco en solitario de Jon Bon Jovi (1990) para la película Young Guns II (Arma joven II). Se llevó un Globo de Oro y una nominación al Oscar. Por cierto, Jeff Beck a la guitarra.

Styx – Renegade

Lejos de la poética del buscador, del fugitivo, Styx se marcan una letra desesperada, el renegado que clama a su madre por su vida: «Oh, Momma, I been years on the lam/And had high price on my head/Lawman said, Get ‘em dead or alive!». El sheriff finalmente le captura y su vida pende, literalmente, de un hilo. Del álbum Pieces of eight de 1978.

Aerosmith – Back in the saddle

Como no todo es cabalgar, el vaquero llega, alguna vez, a un pueblo: «Ridin’ into town alone by the light of the moon/I’m lookin’ for old Sukie Jones, she crazy horse saloon». En este caso (siendo Aerosmith qué menos) a tomar unas copas, juguetear con unas chicas y meterse en alguna pelea. Parte del clásico Rocks de 1976.

Ratt – Wanted man

Y otra de peleas: » I’ll make you feel like a/Human target, in my eyes «. Aquí el único cuello que va a romperse es el que rompa la pandilla Ratt. Sencillo del Out of the cellar (1984).

Bob Dylan – Knockin’ on heaven’s door

A veces llega el final. Casi siempre. La historia del fugitivo, del vaquero fronterizo, acaba con sus huesos en el suelo y enfrentado a la muerte: «It’s gettin’ dark, too dark to see/I feel I’m knockin’ on heaven’s door». Tema perteneciente a la banda sonora de Pat Garret and Billy the Kid (1973).

Billy Joel – The ballad of Billy the Kid

La mística de algunos personajes atrajo a muchos de nuestros músicos. En este caso, Joel reseña la vida de enfrentamiento y soledad de Billy el Niño: «Well he never travelled heavy/yes he always rode alone». Grabada para el álbum Piano man (1973).

  Y aún hay más…

Bad Company – Bad Company – 1974

No tengo ninguna duda en señalar a Paul Rodgers como uno de los cantantes más carismáticos y particulares de la Historia del rock, uno de mis favoritos, desde luego, y componente de dos bandas imprescindibles como Free o Bad Company (si hace falta recordamos su paso por Queen). Este primer álbum de Bad Company se fraguó en el otoño de 1973 de la unión de Paul y Simon Kirke (batería y compañero en Free) con Mick Ralphs (guitarrista tremendo que tocara en Mott the Hoople) y Boz Burrell (bajista, entre otros, de King Crimson). Un buen cuarteto, una reunión de genios rebotados de otras aventuras.

La banda contó con la ayuda de Ron Nevison en la grabación y las mezclas, que se hicieron en los estudios Headley Grange en Hampshire con la unidad móvil de Ronnie Lane. El artwork lo realizó Hypgnosis. Con este cuadro, solo faltaban unas buenas canciones para triunfar. Al fin y al cabo, estamos hablando de música.

Pocas canciones tan míticas como I can’t get enough, de reconocible riff, grandioso solo y gran estribillo, un clasicazo rock donde la magia de Ralphs y Kirke se mantiene imperecedera más de cuarenta años después. El feeling blues se cuela en Rock steady, con una fantástica interpretación de Rodgers. La figura de guitarra se repite a lo largo de toda la canción apoyada en otra buena batería. Brutal final. Ready for love trae una calmada tonada a lo largo de un medio tiempo de energía contenida. Burrell destaca en el conjunto y el piano que va y viene a lo largo del corte marca un punto melódico y rítmico interesante. La canción fue rescatada por Ralphs del All the young dudes (1972) de Mott the Hoople, consiguiendo darle una nueva vida, otro de los grandes de este álbum. No puedo dejar de acordarme de The Beatles en Don’t let me down. Quizá por el parecido al corte de mismo título de los de Liverpool, quizá por los arreglos melódicos. Sorprende el saxo en el interludio tras el primer estribillo, efectivo, seguido de un sentido solo de Ralphs.

Otro de los puntos fuertes abría la cara B del vinilo, este Bad Company. La mejor interpretación de Rodgers, sobresaliendo en un corte con mucha tensión, lleno de detalles (el piano, los adornos de batería, el toque preciso del bajo, los cambios de tempo) y rematado con otro estupendo solo de Ralphs, el rey de este disco. Una de las grandezas de Bad Company radica en los cambios que protagonizan cortes como The way I choose, otra balada arrastrada por el fango blues (por momentos parece un vals), muy emocional, donde su aparente sencillez agarra nuestra atención con el ritmo, un delicado puente y un largo estribillo, y otro acertado arreglo de viento. Tras la calma otra tormenta rítmica con Movin’ on, de mis favoritos. Esa batería alucinante, el riff machacón, el puente y el estribillo, otra historia de vida en la carretera, genialidad la parte central con Burrel muy inspirado también. Y cerramos con otra joya acústica. Seagull mantiene una sencillez melódica base sobre la que Rodgers se sale, por técnica y sentimiento: «here is a man asking the question/is this really the end of the world». Un toque folk para cerrar esta obra maestra.

Alcanzó el número uno en Estados Unidos y despachó un millón de copias en poco tiempo, gracias a dos singles tan exitosos como Can’t get enough y Movin on (ambas compuestas por Ralphs). Desde entonces ha recibido cinco discos de platino en el mercado yanqui y se calcula que ha despachado otros tantos en el resto del planeta. Una burrada bien merecida, un clásico, una obra maestra del género.

 

Discos que cumplen 40 años (1)

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 Discos que cumplen 40 años (1)

Ya por aquella época decían que el rock estaba muerto y el punk y la música disco por poco lo consiguen unos años después. Sin embargo, hace 40 años se editaron algunos clásicos que no pueden faltar en tu discografía. En Rockologia.com hacemos una selección muy nuestra de esta cosecha que alcanza la crisis de los cuarenta.

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 Bad Company – Bad Company

No tengo duda en señalar a Paul Rodgers como uno de los cantantes favoritos del blog. El primer álbum de Bad Company se fraguó en otoño de 1973 y vio la luz en el verano de 1974. Paul Rodgers se juntó con Mick Ralphs (guitarrista), Boz Burrell (bajista) y Simon Kirke (batería). Alcanzó el número uno en Estados Unidos y despachó un millón de copias. Contiene dos single de éxito imprescindibles, Can’t get enough y Movin on, y temazos como Rock Steady o Seagull.

Kiss hotter than tell

KISS – Hotter than hell 

Era una época en la que los grupos tenían la constante presión de editar dos y hasta tres discos en doce meses. Tras el debut incendiario de KISS en febrero, la banda se metió de nuevo al estudio en otoño para grabar estas diez canciones urgentes, sucias, roqueras, compuestas y tocadas con virulencia. Algunos momentos fabulosos como la propia Hotter than hell, el riff incendiario de Parasite, la delicadeza de Goin’ blind o Comin’ home o la rompedora Let me go rock’n’roll. Peter Criss a la batería, Paul Stanley a la guitarra junto al cada vez más genial Ace Frehley y Gene Simmons al bajo. Y todos a las voces. Un inolvidable en apenas treinta minutos.

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 Eric Clapton – 461 Ocean Boulevard

Eric Clapton había andado perdido por el mundo de la heroína varios años y decidió volver al estudio con unos amigos y el productor Tom Dowd. Eligió Miami, eligió probar cosas nuevas, buscar cosas viejas y juntarlo todo en uno de sus mejores trabajos. Contiene su primer número 1, la versión de I shot the sheriff de Bob Marley. Otros temas geniales como Let it grow, Motherless children o Get ready. Clapton se luce y da su particular toque al I can’t hold out de Elmore James. A partir de este disco, la carrera de Clapton despegó hacia el estrellato.

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Aerosmith – Get your wings 

Antes de alcanzar la fama, antes de entrar en las listas de ventas y de las orgías en coches de lujo, Aerosmith editaron su segundo álbum, el primero producido por Jack Douglas, mago de sus años mágicos, este mismo. Aunque no vendió demasiado, contiene varios clásicos de los Toxic Twins, como Same old song and dance o la versión de Train Kept A-Rollin. La banda la formaban Steven Tyler (voceras), Joey Kramer (batería), Tom Hamilton (bajo), Joe Perry y Brad Whitford (guitarras). Justo unos meses después se hicieron un hueco en la historia del rock con Toys in the attic.

Versioneando: las mejores versiones de Paul Rodgers

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Las mejores versiones de Paul Rodgers

Cantante y compositor en dos bandas clásicas del hard rock como Free y Bad Company, amén de sus proyectos con otros grandes músicos (The Firm, Queen), la discografía de Paul Rodgers es inmensa. Aquí hemos seleccionado cinco de sus mejores canciones, cinco versiones de otros clásicos que demuestran la versatilidad y la gran voz de este frontman. Inmenso.

Born under a bad sign (1993)

Dedicó un álbum a su cantante predilecto: Muddy Water. De esa colección de canciones me quedo con esta, famosa en la guitarra de Albert King desde 1967.

Stone free (1993)

Ese mismo año dedicó un EP a otro grande, un tal Jimi Hendrix. Entre las canciones se incluye esta brutal Stone free, que el mago negro de la guitarra editó en 1966 como cara B de su primer single, Hey Joe.

You’ve lost that loving feeling (1985)

En su primera colaboración con Jimmy Page en The Firm hicieron esta cover de los Righteous Brother, quienes la editaron a finales de 1964 para conseguir un single de éxito en los primeros meses del siguiente.

Young blood (1976)

En el largo y fabuloso camino comandando Bad Company, Rodgers se marcó una revisión de este single de 1957 a cargo de The Coasters. Se metió en el top 20.

The hunter (1969)

Tal vez la más famosa, quizá la que mejor ha acompañado a lo largo de los años a Paul en muchos directos, apareció en el debut de Free (Tons of sobs). La primera versión de este tema la hizo Alber King dos años antes.

El castillo de Clearwell

Clearwell-Castle

El castillo de Clearwell en Gloucestershire

¿Un castillo en medio de una campiña inglesa entre bosques? ¿Qué tiene que ve esto con los lugares míticos del rock? Pues tiene que ver con la historia de esta mole de piedra en los años setenta.

La vivienda, tal como la vemos hoy, se construyó a principios del siglo XX y permaneció abandonada hasta que la familia Yates la reformó después de la Segunda Guerra Mundial. A principios de los setenta, los propietarios, necesitados de dinero, construyeron un estudio de grabación y una sala de ensayos en los sótanos, junto a las mazmorras, y comenzaron a alquilarlo a las bandas de rock. Y es que en esa época todos los grupos huían de sus ambientes habituales, los estudios o las salas de ensayo urbanas, buscando la inspiración… bueno, y tratando de minimizar su acceso a sustancias ilegales.

Black Sabbath – Sabbath bloody sabbath

Los primeros clientes fueron Black Sabbath. El propio Geezer recuerda los ensayos en las mazmorras y los fantasmas que habitaban el castillo, aunque quizá los treinta gramos de cocaína que el grupo consumía a diario tuvieran algo que ver. En cualquier caso, en esas mazmorras surgió el famoso riff de Sabbath bloody sabbath y la composición del álbum del mismo título.

Unos meses después, unos remozados Deep Purple (con Coverdale y Hughes) ocuparon el mismo espacio y crearon la música de Burn. Sí, efectivamente, Mistreated creció entre estos muros. La banda grabó después el álbum en Montreaux, con la Rolling Stones Mobile Studio.

Deep`Purple – Mistreated

Peter Frampton compuso en 1975 su álbum Frampton y los propios Led Zeppelin se retiraron en una época de excesos por parte de Page con la heroína y Bonzo con el alcohol para componer buena parte de su In through the out door antes de viajar a Suecia  para su grabación. Fue base habitual de Whitesnake en los primeros ochentea y Bad Company o Mott the Hople también pasaron sus buenos ratos entre estos muros.

La moda decayó a mitad de los ochenta y el negocio de los estudios en las campiñas se echó a perder. Actualmente, el castillo de Clearwell es un hermoso enclave donde celebrar un boda por todo lo alto. Si alguna vez os apetece visitar el sitio, nada mejor para dormir que el The Rock B&B en Coleford.