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Don Airey: secundario de lujo.

En el argot ciclista se usa la palabra «gregario» para referirse al miembro de un equipo que, sin distinguirse de los demás, sin ser un referente, sigue siempre las órdenes del director o vive a la sombra del líder. Algunos han pasado a la Historia como «gregarios de lujo»: ciclistas que se ganaron fama bregando por la victoria de otro, por el éxito del equipo, cediendo su fama individual en favor de la colectiva. Y en la música también existe esa figura, la del currante de escenario y estudio que casi nunca da un paso al frente, pero sin cuya colaboración el resultado final no hubiera sido el mismo. Hoy, rendimos homenaje al teclista Don Airey, uno de esos secuaces imprescindibles, uno que acumula, según Discogs y su propia página web, más de trescientos discos a sus espaldas. O en sus dedos, más bien. Él mismo definió su trabajo: «en cualquier sitio, cuando eres el teclista, tienes que saber exactamente qué es lo que aportas, esa es tu contribución y ese es el rol principal de un teclista. Das a los demás el apoyo que les hace sentir seguros y les hace sentir que su música tiene valor».

Don Airey es uno de los músicos más prolíficos y solicitados del mundo hard roquero desde sus primeros pinitos allá por mitad de los setenta hasta su inclusión en el seno dorado de Deep Purple. De hecho, comienza la biografía de su web con esta frase: «Don ha girado con los grandes y con los buenos y ha tenido un asiento preferente en algunos de los eventos más excitantes de la Historia del rock». Quiénes somos nosotros para juzgar lo contrario. Si hasta tiene un blog realizado por sus fans.

Nacido en 1948, precoz estudiante de piano y enamorado del Hammond desde su adolescencia, tuvo su primera experiencia profesional con un personaje imprescindible en su despegue musical, Cozy Powell, quien venía de tocar la batería con el mismísimo Jeff Beck. Como Cozy Powell’s Hammer grabaron un single juntos en 1974 (Na, na, na), pero la historia no dio para mucho más. Powell le llamó cuatro años después para que probara suerte en una banda en la que estaba tocando; el puesto de teclista había quedado libre y el jefe estaba interesado en escucharle. Esa banda se llamaba Rainbow y Don se sentó tras los teclados a finales de 1978. «Tocar en Japón te hacía sentir como The Beatles: Graham Bonnet y yo tuvimos que correr para salvar nuestras vidas en un centro comercial perseguidos por una manada de mujeres». Grabó Down to Earth (1979) y Difficult to cure (1981). La buena relación con Cozy Powell se extendió a los discos en solitario del batería. Colaboró en el debut en formato largo del colega, Over the top (1979), en el siguiente Tilt (1981) o en Octopus (1983).

Sí, estos son Rainbow en 1981

Entre aquel single primigenio y su entrada en Rainbow, nuestro protagonista formó parte de uno de los combos más interesantes de finales de los setenta: Colosseum II. Otros tres álbumes duró su aventura: Strange new flesh, del 76, y Electric savage y War dance, ambos del 77. Más allá de la música, el mayor valor de aquella experiencia fue conocer a Gary Moore, guitarrista del combo. De él dijo: «Compartir el escenario con el Gary de 22 años, en plena efervescencia, fue inolvidable para la audiencia». La amistad, el buen rollo, formó una alianza que se extendió en el tiempo. Con Gary Moore, en el estudio, sonaron juntos, por ejemplo, en Back on the streets (1979), Dirty fingers (1983), Run for cover (1985) o Still got the blues (1990). De este último, dice Don: «para nuestra sorpresa, se convirtió en el álbum de blues más vendido de todos los tiempos». En directo nos dejaron Rockin’ every night – Live in Japan (1983) o Live (grabado en el 81 y editado dos años después). De hecho, la última grabación de Gary fue para el álbum de Don titulado Keyed up (editado en 2014).

Su fama como arreglista y músico de estudio crecía. Por dejar dos muestras. Le encontramos acreditado en tres canciones del álbum 20 años (1980) del grupo Pecos el mismo año que arregló y tocó en el debut en solitario de Michael Schenker al frente de su banda, MSG (The Michael Schenker Group, 1980). Y en la misma época se (re)encontró con Ozzy Osbourne. «Estar en la banda de Ozzy fue una experiencia de la que me siento orgulloso, pero no querría volver a pasar por ello de nuevo». Años turbios, seguro. La introducción mítica de Mr. Crowley le pertenece por entero. Participó en el estudio durante las grabaciones de Blizzard of Ozz (1980) y Bark at the moon (1983) y en la gira del 81/82. Por cierto, a Ozzy metiendo las teclas en el Never say die! (1978) de Black Sabbath.

La segunda mitad de los ochenta le pilló sin un puesto fijo, por lo que alternó su labor en estudio con algunas giras. Puso sus zarpas en los pelotazos multiplatino de David Coverdale (Whitesnake, 1987, y Slip of the tongue, 1989), donde se encargó de los arreglos, por ejemplo, de Is this love. Otra aventura interesante la vivió junto a Bernie Marsden en el álbum The Pack (1985) de la banda Alaska. No puedo evitar nombrar aquí el debut de Zeno (1986), disco más que reivindicable. Entre sus viajes por los escenarios, destacar la gira con Jethro Tull para la presentación de Crest of a knave (1987). Añadamos finalmente a Judas Priest: Don se convirtió, en cierto modo, en el teclista no-oficial de los metaleros británicos colaborando en Painkiller (1990). Escucha A touch of evil, por ejemplo. Las malas lenguas mantienen que el bajo del álbum lo grabó Don con un Minimoog. Debió de hacerlo bien, porque repitió en Demolition (2001), Angel of retribution (2005) y Nostradamus (2008).

A principio de los noventa tuvo que retirarse temporalmente por problemas personales. Su retorno fue progresivo, colaborando, de nuevo, como músico de estudio, yendo de proyecto en proyecto, hasta acabar en «los Purple» a comienzos de siglo. Entre todas aquellas historias, dejemos para la escucha sus colaboraciones con Uli Jon Roth (Trascendental sky guitar, 2000), Ten (Babylon, 2000) o Glen Tipton (Babtizm of fire, 1997). Pero su mayor éxito lo alcanzó con Katrina & The Waves. Comenzó como arreglista y tocando pianos y Hammond en Edge of the land (1993), siguió en Turn around (1995) y alcanzó el momento de gloria en 1997. Don arregló la canción Love shine a light que representó a Gran Bretaña en Eurovisión y la BBC ofreció a nuestro amigo la posibilidad de dirigir la orquesta el día del concurso. La canción ganó aquella edición. Airey, gran fan de Eurovisión, afirmó poco después: «ha sido mi mayor orgullo». Ahí le tenéis.

En 2001 recibió una llamada que cambió, una vez más, su vida: sustituyó temporalmente a Jon Lord tras las teclas de Deep Purple en la gira de aquel verano. Poco después, Lord anunció su retirada definitiva y Don fue nombrado miembro oficial de la banda, en la que permanece hoy en día. «Fue difícil durante dos o tres años. Estuvimos trabajando muy duro y nadie dijo mucho. Pero gradualmente encontré mi sitio en una nueva identidad». Ha grabado seis discos de estudio y ha girado incansablemente por todo el planeta. Woosh (2020) y Now What? (2013) son especialmente jugosos, con la producción de Bob Ezrin. Y si quieres saber a qué suenan estos «Purple» en directo, pincha Live at Montreux (2007) o Live in Rome (2019).

Y, claro, con tanto tiempo libre también ha publicado y girado con su propio nombre en la portada o los carteles. Cinco discos en estudio, desde K2 en 1988 hasta One of a kind en 2018, con el recomendable Keyed up (2014) en medio. Su última publicación ha sido un directo grabado en Alemania titulado Live in Hamburg (2019), donde repasa algunas de las mejores canciones de su larga trayectoria. Muy recomendable.

Para cerrar este homenaje, una reflexión sincera. «La cuestión es que soy un teclista en una banda de rock y tienes que permanecer quieto mientras tocas. Esos guitarristas y esos cantantes tienen personalidades enormes». Esos guitarristas: Richie Blackmore, Steve Morse, Randy Rhoads, Gary Moore, Jake E. Lee o Martin Barre. Esos cantantes: Ian Gillan, Ozzy Osbourne, Joe Lynn Turner, David Coverdale o Graham Bonnet. Algo sabrá de todo esto.

Retornos sonados del rock.

Cuernos

La mayoría de las veces dicen volver por amor: se echan de menos o que tenían ganas de trabajar juntos de nuevo o que ahora ha surgido la chispa adecuada. O que me muero de aburrimiento y, mira tú, vuelvo a cas a que mejor que me pelen a que me ignoren. Pero, en verdad, el dinero ronda por todas estas reuniones más o menos genuinas, más o menos insinceras. ¿A nosotros, aficionados, oyentes, acaso nos importan las razones? Que nos saquen el dinero haciendo buenos discos y ruidosos conciertos. Si luego se aman o se odian, para ellos queda. Aunque en ocasiones segundas (y hasta terceras) partes no solo no son buenas, casi indeseables. Claro, que alguna excepción siempre encontramos.

He aquí una selección de esas vueltas y revueltas en el universo sonoro del rock y el metal. Tú dirás qué te parecen.

1. El retorno clásico

La banda se cerró. No hubo más discos, ni más conciertos. Pero un buen día se encuentra. En una boda, en una barbacoa. Y deciden aceptar un encargo, tal vez para un evento concreto. Y esa coincidencia les anima. Igual murió la razón del odio. Retornos clásicos hay donde elegir. Algunos se curran uno o varios discos juntos; sirvan de ejemplo los de Deep Purple (el Mark II de 1984) o Europe (2003). Otros hacen caja con una gira y «adiós muy buenas», como Héroes del Silencio (2007). Algunas bandas continúan su periplo desde entonces. Quizá el miembro díscolo fue expulsado definitivamente. Y no nos gusta señalar a nadie.

2. El retorno temporal

Esta variedad de retorno se da cuando una banda más o menos conocida mantiene su actividad de conciertos y álbumes perdiendo eso que llamamos «miembros originales». Pasados unos años, y cuando la situación lo permite, el line-up considerado original se reúne y nos deleita con una gira o alguna grabación. Tras el arrebato inicial o el llenado de caja esos miembros reciben de nuevo la patada y la banda continúa contratando en su lugar a otros músicos. Ejemplos de este retorno, el de Barón Rojo (2011) y el de Kiss (1996). Barón Rojo reunió la formación de sus primeros álbumes para una gira y una película documental durante varios meses; después Sherpa (bajista) y Hermes Calabria (batería) no fueron invitados a continuar en el grupo y los hermanos de Castro (Armando y Carlos) llamaron a otros músicos. En el caso de Kiss, tras varias giras y un álbum de estudio, los miembros originales Ace Frehley (guitarra) y Peter Criss (batería) fueron expulsados y sustituidos por otros músicos (y hasta hoy).

3. El retorno del hijo pródigo

Por alguna razón uno de los miembros principales del grupo se larga o es expulsado. Pasados unos años, tras el fracaso de ambos por separado, se produce el regreso. A veces vuelven a romper, otras continúan con más o menos amor y éxito (inseparables). Yo propongo como ejemplos el retorno de Rob Halford a Judas Priest (2003), el de Joey Belladona a Anthrax (dos veces, que ya tiene mérito, en 2005 y 2010) o el doble regreso de Bruce Dickinson y Adrian Smith a Iron Maiden (1999).

4. El retorno con muerto

Uno de los retornos más difíciles: uno de los miembros está muerto. ¿Qué hacemos? Hay dos variedades: sustituimos al muerto por otro músico o usamos un fantasma. Grupos que han regresado sustituyendo al desparecido hay varios, entre otros Led Zeppelin (en un par de ocasiones, la última en 2007 con Jason Bonham en la batería), aunque hay que reconocerles su cuidado con la memoria del Bonham original, o Alice in Chains (William Du Vall ocupó el puesto de Layne Staley en 2005 y hasta hoy). El retorno con fantasma más famoso lo protagonizaron The Beatles con su ficticia reunión de 1995: Paul McCartney (bajista), Ringo Starr (batería) y George Harrison (guitarra) grabaron una «nueva» canción con John Lennon (cantante para la ocasión y asesinado quince años antes) utilizando una maqueta de este último. Y no olvidemos a los Thin Lizzy sin Phil Lynott, tela.

5. El retorno sin nombre

Una formación se reúne tras varios años pero ¡oh, sorpresa! no pueden usar su antiguo nombre. El ejemplo arquetípico lo ofrecen Heaven&Hell: los miembros de Black Sabbath entre 1980 y 1982  no pudieron utilizar el nombre de la banda en su reunión de 2006, por lo que utilizaron el de su álbum más famoso. Los miembros de Yes son expertos en esto.

Producido por Roger Glover

Más allá de su existencia musical al lado de Ritchie Blackmore, bien en Deep Purple, bien en Rainbow, Roger Glover desarrolló una labor como productor a lo largo de docenas de álbumes y singles. Ganó fama a los mandos tras «abandonar» en el verano de 1973 Deep Purple; entre ese momento y hasta su regreso al lado de Blackmore en la primavera de 1979, para producir y tocar en Down to earth, se encargó de una fantástica colección de canciones que hoy vamos a repasar.

Antes aún, mientras era uno de los tipos que tocaban en una de las bandas más grandes del Universo roquero, se encargó del debut de Rupert Hine, Pick up the bone (1971), y su continuación, Unfinished picture (1973) para el sello discográfico creado por los mánager de Deep Purple y que, con poca originalidad, llamaron Purple Records. En 1972 produjo el debut de Elf, banda en la que cantaba Ronald Padavona, quien poco después se haría famoso con el nombre artísitico Ronnie James Dio. Glover colaboró también en los dos siguientes (Carolina County Ball, 1974, y Trying to burn the sun, 1975). Poco después Dio se enroló en los Rainbow de Ritchie Blackmore, comenzando su ascenso a los cielos.

En el verano de 1973 Roger Glover fue «despedido» de su banda amada: junto a Ian Gillan, cantante, recibió una patada de su adorado Blackmore. En el último concierto de aquella gira el guitarrista le dijo: «no es nada personal, tan solo son negocios». Este «nada personal» despido no impidió que, años después, los dos retomaran su relación profesional. Aquellos (casi) seis años de travesía los aprovechó Roger para hacerse con los mandos de numerosos proyectos, propios y ajenos.

Uno de sus grandes clientes fueron los escoceses Nazareth. Tras dos álbumes con poco éxito y muchas ganas de ser famosos, recurrieron a nuestro protagonista en las postrimerías de 1972 para grabar Razamanaz (1973), donde comenzaron a formar su sonido característico con temas determinantes como Woke up this morning, la propia Razamanaz o Broken down angel. Repitieron fórmula en Loud’n’proud (1973) y Rampant (1974).

Curiosamente, otro de sus clientes importantes fue David Coverdale, quien entrara en Deep Purple según salió Roger. Tras la muerte del guitarrista Tommy Bolin, el grupo desapareció y Coverdale recurrió a Glover para arrancar su carrera en solitario. Produjo el debut White Snake (1977) y su continuación Northwinds (1978); él mismo toca los teclados y la mandolina y recurrió a Dio para los coros. Micky Moody tocaba las guitarras con un feeling bestial, gracias, mucho, a la magia técnica de Roger, quien, oh, sorpresa, se encargó su disco con Bob Young (The Young & Moody Band, 1977). Como la «vida púrpura» es pequeña, dos excompañeros, el teclista Jon Lord y el batería Ian Paice, acabaron formando con David la banda Whitesnake, haciendo, de nuevo, historia.

Entre el 76 y el 77 alcanzó un pico de popularidad. Tuvo ocasión de colaborar con su colega expulsado Ian Gillan en el álbum de este titulado Child in time (1976) bajo el paraguas The Ian Gillan Band. En septiembre de ese mismo año se metió al estudio con otra bestia de las seis cuerdas, Rory Gallagher, para registrar Calling card (1977). Quizá Rory quiso retomar el pulso roquero con la adición de Roger o, simplemente, lograr un sonido final distinto, pero lo cierto es que el álbum está entre los mejores de su carrera. También grabó en los Rampton Studios con unos aún desconocidos Judas Priest, resultando una de sus primeras gemas, Sin after sin (1977), con canciones como Sinner o Diamonds and rust.

Tuvo tiempo de grabar un single con Status Quo (Wild side of life, 76) y meter mano a numerosos artistas, más o menos desconocidos: Strapps, Eddie Hardin, Grand Theft, entre otros. Grabó dos discos en solitario. El primero, The butterfly ball and the grasshopper´s feast (1974), un álbum conceptual basado en el poema infantil del mismo título, contó con una colección impresionante de colaboradores; como ejemplo, cantaron David Coverdale, Gelenn Hughes, John Lawton, Eddie Hardin o Ronnie James Dio, quien dio voz al single Love is all. Para su segundo largo también intentó otro salto mortal, incluyendo a la orquesta filarmónica de Munich: canciones dedicadas a los cuatro elementos y un pequeño final, composiciones progresivas llenas de sintes, cambios y atmósferas distintas. Elements (1978) se tituló.

Con todo esto, alcanzamos la primavera de 1979, cuando su ex-compañero Blackmore le reclama para producir el que sería cuarto trabajo de Rainbow. De inicio, la labor de Glover no iba a ir más allá, pero el baile de músicos en aquellos meses hizo que tuviera que grabar la mayor parte de las líneas de bajo y hacerse cargo de las letras y las melodías vocales durante la composición. Así, apoyado por Cozzy Powell (batería) y Don Airey (teclista) acabó siendo miembro permanente de la banda y responsable, al final, de la producción no solo de Down to Earth (1979), si no también de los siguientes cuatro largos del grupo: Difficult to cure, 81, Straight between the eyes, 82, y Bent out of shape, 83. Cuando en 1984 decidieron retomar el trabajo con Deep Purple junto a Ian Gillan, Ian Paice y Jon Lord, volvió a encargarse de la producción; no dejó los controles en los siguientes seis álbumes, cuando ya fue «sustituido» por Michael Bradford, primero, y Bob Ezrin, después.

En medio, se permitió pocas licencias. En 1980 acudió en ayuda de Michael Schenker para su debut como The Michael Schenker Group y diez años después se lo hizo con Pretty Maids y su extraordinario Jump the gun.

Un tipo de inquietudes musicales, como demuestran sus obras en solitario, que fabricó un estilo tras los mandos que ha dejado una excelente discografía, digan de pasar una buena tarde con las orejas atentas.

Canciones basadas en 1984 de George Orwell

Algunas obras literarias trascienden sus propias páginas y se convierten en mitos incluso para quienes jamás se acercaron a ellas. Algunas, como 1984 de George Orwell, siembran un poso de obsesión entre sus lectores, aquellos que creyeron a lo largo de los años que sus vaticinios se harían realidad. No acertó del todo Orwell con la fecha, pero sí con los hechos fundamentales. Lo curioso es que, publicada en 1949, el autor trataba de compartir su visión del absolutismo de los regímenes comunistas y fascistas, a la vez que avistaba el futuro de cualquier sociedad que dejase el poder en manos de una élite. El control de unos pocos sobre el comportamiento y los pensamientos del resto: la erradicación de la propia persona, del amor, de las decisiones, del individualismo. Al fin y al cabo, una novela sobre la libertad y la condición humana. Una fábula de lo que el mundo es, en cierto modo, hoy en día.

Esta narración anticipatoria caló en las cabezas de muchos de nuestros artistas. Algunos se obsesionaron con 1984 dedicándole canciones de manera más o menos directa. Otros escogieron personajes, frases o escenas emblemáticas de la novela como lema o razón de sus propios mensajes. Y aquí os presentamos una pequeña selección de canciones inspiradas en la obra de George Orwell, 1984.

David Bowie – We are the dead

En 1973 Bowie estaba enfrascado en musicar el libro con (hasta) una veintena de canciones. Por motivos legales, el proyecto no salió adelante y el cantante decidió grabar un álbum «tradicional» que acabó titulándose Diamond dogs (1974). Sin embargo, al inicio iba a llamarse como esta canción, We are the dead. Junto a 1984 y Big Brother salieron de ese fallido proyecto. En esta, Bowie toma una frase de Winston Smith, personaje que trabaja en el Ministerio de la Verdad corrigiendo el pasado.

Spirit – 1984

La banda de Randy California editó este single en 1969 y lo incluyó en su álbum Clear del mismo año. Reflexionan sobre la pérdida de la libertad, del propio pensamiento, tan presente en el libro: «Oh just where will you be when your freedom is dead/Won’t you listen tonight?» para implorar en el estribillo a modo de advertencia «1984/Knockin’ on your door/Will you let it come?».

Muse – Resistance

Muse dedicaron buena parte de su álbum The Resistance (2009) a las historias de la novela. El tema Resistance nos sitúa en una escena íntima y prohibida donde dos amantes (Winston y Julia) esconden sus sentimientos «Is our secret safe tonight/And are we out of sight/Or will our world come tumbling down?». Un amor prohibido, pero, a la vez, su única forma de resistir «Love is our resistance/They’ll keep us apart and they won’t stop breaking us down».

Rage Against the Machine – Testify

En esta ocasión, los RATM utilizan la idea de control total de la obra («We found your weakness/And it’s right outside your door») y la acercan a la realidad de su época. Parte del éxito hoy en día de 1984 radica en la fuerza de algunas de sus imágenes y lo cercanas que son a nuestra propia vida. Utiliza el lema de el Partido (The Party) como colofón y resumen: «Who controls the past now, controls the future/Who controls the present now, controls the past». ¿Una idea descabellada?

Elton John – Restless

Supongo que no fue casual en en el año 1984, el de la publicación de esta canción en el álbum Breaking hearts, Bernie Taupin y Elton John hicieran un alegato anticomunista utilizando el ideario de la novela de Orwell: «The walls have ears, Big Brother’s watching/They tell us that we’re poisoned from everything that we’re touching». La canción se inspiró, también, en la situación de Alemania, por entonces dividida, y la tensión producida por el debilitamiento paulatino del bloque comunista: «they’re breaking down doors in foreign countries».

Incubus – Talk shows on mute

En su álbum de 2004 A crow left of the murder… reflexionan sobre la importancia del control y la imagen «Come one, come all/Into nineteen-eighty four/Yeah, three, two, one…/Lights! camera! Yeah!» y cómo condicionan nuestros gustos, una pesadilla «Gran Hermano» dentro de nuestras cabezas. Muy curioso el vídeo.

Todd Rundgren – Sons of 1984

Relectura del mito de la obra. Rundgren avisa a los jóvenes que el control y la falta de libertades ya está aquí: «Open your eyes and see/the world I couldn’t change for you» y les invita a revelarse «You are the only ones/there is nobody left but you». Ellos son los hijos del control, de 1984, pero tienen la oportunidad de cambiarlo «but the brothers broke stride, the sisters cried/now you have to start all over again». Grande Rundgren.

Judas Priest – Electric eye

Los británicos usaron el nombre y la idea del ojo omnipresente de la obra que vigila constantemente a la población: «Up here in space/I’m looking down on you/my lasers trace/everything you do». Nadie puede escapar al control «I am perpetual/I keep the country clean/I’m elected electric spy». El Gran Hermano que todo lo controla. Del Screaming for vengeance de 1982.

Death – 1000 eyes

Los brutotes Death también recogieron esta falta de privacidad, esa obsesión por el control de la obra de Orwell: «Privacy and intimacy as we know it will be a memory/among many to be passed down/to those who never knew/living in the pupil of 1,000 eyes». Donde el control y el espionaje son lo más importante. De su álbum Symbolic (1995).

Thrice – Doublespeak

En el imaginario de 1984, una élite de personas fingen ignorar lo que ocurre alrededor, toleran la situación para conservar su estatus a expensas de otros: «Honey if think you have seen a crime/you just look the other way». Mira para otro lado, organiza tu cabeza, aquí no pasa nada «I slowly cut my soul away/and piece by piece I sacrificed/tTo comfort and piece of mind». Montaña de feedback sobre una progresión de piano en el séptimo álbum de Thrice titulado Beggars (2009).

Radiohead – 2+2=5

En Hail to the thief (2003) Radiohead siguen con la misma idea, los que conocen y no se oponen porque creen que así no hacen nada malo. No creo que haya un ejemplo más clarividente de los falsos dogmas impuestos por la élite gobernante en 1984. ¿Es posible negar la razón lógica más básica? Esta expresión matemática irracional debe ser creída como si fuera cierta. Por que así es el mundo que os proponemos, un tiempo y un espacio donde todo será como nosotros queramos, porque todo fue como nosotros queremos.

Bad Religion – Boot stamping on a human face forever

El título está extraído literalmente de una frase de la obra: «If you want a picture of the future, imagine a boot stamping on a human face… FOREVER!». La canción enfoca la dificultad del individuo para decidir libremente en una sociedad tan controladora, el miedo a ser un ente individual. «Sometimes it’s never a crime to spend the day in bed» y eso es exactamente lo que Winston y Julia hacían cuando fueron detenidos. En el álbum The Empire strikes first (2004), al que pertenece esta canción, utiliza varias referencias de la obra de Orwell.

Canciones sobre mitos y leyendas

¿Qué sería de la humanidad sin sus mitos, sus religiones, sus leyendas? Caminos de vida, historias llenas de esperanza y terror, de lecciones falsas y verdaderas, muchas de ellas han trascendido hasta nosotros de infinitos modos. Nuestros músicos se han inspirado en numerosas ocasiones de manera más o menos directa en las aventuras de personajes emblemáticos, estereotipos de las cualidades mejores y peores de cada uno de nosotros. Aunque hay cientos de canciones, nos hemos permitido seleccionar, por ahora, estas, diversas.

Como de costumbre, dale al play…

Tierra Santa – Las walkirias

Las damas que acompañan al guerrero caído hacia el más allá, hacia la eternidad feliz: «Ellas te conducirán/Al reino de los muertos/Viajaras hacia el lugar/De la inmortalidad». Canción que escuchaos en el álbum de 2003 titulado Indomable.

Amon Amarth – Death in fire

La discografía de estos suecos gira en torno a la mitología vikinga, de la que se consideran fieles seguidores. Como curiosidad, su nombre deriva de una lengua élfica «inventada» por J.R.R. Tolkien. En esta ocasión, nos hablan del final de los tiempos, del Ragnarok: «Storm of lethal flames/Only death remains/Ragnarok is closing in/Die for honor, glory, death in fire». Parte del álbum Versus the world (2002).

Nektar – Away from Asgard

La mitología escandinava da para una entrada ella sola (quizá en el futuro). La banda, formada en Alemania por músicos británicos, comenzó su sexto lanzamiento titulado Magic is the child (1977) con esta oda a la venganza y la protección de los dioses «Away from Asgard his hammer needed in the North/the warring people will know his power and his force»

Anthrax – Medusa

En su ascenso a los cielos metaleros, los neoyorquinos grabaron este homenaje a la monstruosa Medusa, que convertía en piedra a quienes osaban mirarla a los ojos. Y de eso trata la canción: «cannot move, no eyes to see, a statue now/For all eternity Medusa laughs at you/And you’re her slave». La escuchamos en el segundo álbum, de 1985, titulado Spreading the disease.

Warcry – El guardián de Troya

Los asturianos recuerdan el episodio de la conquista de Troya a través de uno de los guardianes de la ciudad, y su triste final: «siento llegar la oscuridad/muero tranquilo, he luchado hasta el final/por mi hogar doy la vida/no puedo, dar más». Uno de los cortes más logrados de Alea Jacta Est (2004).

Cream – Tales of brave Ulisses

Clasicazo narrando otro clasicazo: el viaje de regreso a casa de Ulises. Las dificultades y las aventuras que corrieron. «How his naked ears were tortured/By the sirens sweetly singing/For the sparkling waves are calling you/To kiss their white-laced lips». Era el año 1967 y el álbum Disraeli gears.

Avalanch – Cambaral

Pero no solo de mitología nórdica y helénica vive el roquero. Otros asturianos rescatan una leyenda de su tierra. Cambaral, cruel pirata que asolaba las costas asturianas, se enamoró en presidio de la hija de su captor. Al huir, este les encontró en el puerto y, mientras se besaban, les decapitó. El beso eterno. «Dicen que ella escapó con su joven ladrón/Pero el rey les halló/Y con furia y dolor, ante un beso de amor/A los dos con su espada atravesó». Del Llanto de un héroe de 1999.

Saurom – La leyenda de Gambrinus

Y hasta centroeuropa nos llevan los gaditanos Saurom para compartir la leyenda del inventor de la cerveza, del semidiós que, según la región, adquiere diversos poderes sobre las cosechas, el ánimo de las personas o la fabricación de diversos productos. «Te enseñaré a disfrutar/bebe para olvidar/luego el corazón dejará de suspirar». Se incluyó en el álbum Vida del 2012.

Caifanes – La llorona

El espectro de una mujer que sufre, un alma en pena que ahogó a sus propios hijos y los busca arrepentida lamentándose noche tras noche. Aparece en el folclore de centroamérica y los estados sureños de Estados Unidos y se le supone un origen prehispánico. Los mexicanos Caifanes utilizaron la tristeza de este espectro para grabar una canción de amor perdido «no quiero amarte/no quiero llorar contigo/déjame ver tu piel/déjame ser tu piel». Cerraba su disco El nervio del volcán (1994).

Judas Priest – Halls of Valhalla

La llamada del Valhalla durante la batalla, el paraíso de los guerreros caídos en combate: «The storm in the night takes us there/on an unrelenting tide/as the wind drives us ashore/Halls of Valhalla». Escuchamos a Rob Halford tronar este estribillo en Redeemer of souls (2014), en el que, por cierto, hay otras referencias a mitos y leyendas.

Zenobia – Ícaro

En toda religión y mitología encontramos un personaje que infringe las leyes sagradas, se enfrenta a los dioses, a los reyes, y cae en el abismo, el sufrimiento o la perdición. El mito de Ícaro, por ejemplo, hijo de Dédalo, quien osó huir de su encierro para acabar muerto por su inconsciencia o su arrogancia, según. Zenobia lo recrean en el álbum Alma de fuego (2010).

Black Sabbath – The battle of Tyr/Odin’s court/Valhalla

Y cerramos con un dios germánico. Curiosidad: la palabra viene de una palabra del idioma protoindoeuropeo que también dio origen a Zeus y Júpiter (máximos dioses de la cultura griega y romana). En algún momento Tyr perdió protagonismo frente a Odín en las mitologías nórdicas, pero su influjo se mantuvo en los pueblos germánicos. Black Sabbath dedicaron el título de este álbum de 1990 y un instrumental al dios, aprovechando para narrar odiseas y mitos nórdicos en Odin’s court y Valhalla. Por cierto, el martes sajón es el día de Tyr (tuesday=día de Tiw, el mismo nombre en inglés antiguo).

¿Qué canción de qué mito nos hemos dejado en la papelera?

Judas Priest – Rebuscando en la basura de «Ram it down» – 1988

¿Son tan malos los discos malos de nuestros artistas favoritos?

Hoy rebuscamos en la basura de Judas Priest y su álbum de 1988 Ram it down.

Para una banda que llena estadios, con diez discos de estudio en su haber, en lo más alto de su carrera, lidiar con un nuevo álbum no es fácil. La dinámica de éxito que comenzó a finales de los setenta y que llegó a 1985 con Judas Priest a pleno rendimiento intentó parir un álbum doble que habría de llamarse Twin Turbo. Tenían preparadas más de veinte canciones. Pero la compañía de discos no lo vio claro y editó uno sencillo, Turbo, plagado de sintetizadores y coros amables. Lo cierto es que vendió muy bien (más que ningún otro), les llevó a girar por grandes recintos a lo largo de todo el planeta y les llenó el bolsillo de dinero (más aún). Pero los fans viejos les llamaban traidores, les decían que habían abandonado el heavy metal para recrearse en sonidos «modernos» ¿Qué hacer ante la grabación de un nuevo disco?

Lo que hicieron Glen Tipton (guitarra), K. K. Downing (guitarra), Ian Hill (bajista), Dave Holland (batería) y Rob Halford (cantante) fue repescar algunas canciones sobrantes del proyecto Twin Turbo y regrabar las guitarras y algunas voces. Compusieron (o terminaron de componer, según) otras ocho y metieron una versión que originalmente se hizo para una banda sonora. Y con eso y una mezcla salió a la calle Ram it down.

Al undécimo disco de estudio de Judas Priest se le ha calificado como flojo, previsible, poco inspirado. Se dice de él que Halford hace uno de sus peores interpretaciones, que la batería está toda programada, que los sintetizadores siguen siendo protagonistas. Que dónde está el bajista. Que no hay buenas canciones. En definitiva, un disco olvidable.

Pero, ¿qué rebuscamos en la basura de este Ram it down?

Como siempre, rescatamos las mejores canciones, bien grandes incluso en el Universo de unos monstruos en lo suyo. La inicial Ram it down con su riff veloz y ese grito inicial del Metal God nos regala un anticipo de lo que sería Painkiller dos años después; buena letra y gran estribillo. El doble bombo de Hard as iron, con una sección de armonías guitarreras digna de Defenders of the faith, por ejemplo, otra gran interpretación de Halford y un excelente solo de Glenn. La épica Blood red sky, con sus ocho minutos crecientes desde la iniciática calma hasta el clímax final; quizá la canción en la que los sintetizadores mejor suenan, adornando la historia del cyborg o el guerrero metálico, que se enfrenta a su batalla final. El rock metal de estadio de I’m a rocker, con su letra simplona («I live each day like it’s my last/I live for rock and roll I never look back»). Incluso Come and get it, con un estribillo facilón pero pegajoso, contiene buenas guitarras. La autocomplaciente Monster of rock, con su rollo Black Sabbath en la construcción, te arrastra a una sonrisa de complicidad.

Es obvio que Ram it down no está entre los cinco mejores trabajos de Judas Priest. Pero es que Judas tienen mucho nivel. Quizá si se hubieran metido en el estudio con Chris Tsangarides (por ejemplo) y estas canciones hoy no estaríamos rescatando este disco del olvido metalero, quién sabe.

Suficiente basura para que te pongas a escuchar como se merece este Ram it down. Y si ya lo amabas antes, para recrearte una vez más. Aquí os dejo, de regalo, un enlace a un bootleg de la gira correspondiente.

Y si quieres más basura de Judas Priest, pincha por aquí…

Las portadas de Judas Priest

Las mejores versiones de Judas Priest

Guerra de décadas: Judas Priest (¿fueron mejores los 70 o los 80?)

El heavy poppy de los años ochenta.

Aquellos años en los que las bandas de cualquier tipo comenzaron a parecerse sospechosamente: una fotografía llena de cardados, unas cuantas baladas («los heavies, las mejores baladas»), un montón de tipos medio vestidos, o medio desnudos, con una mezcla de cuero y encajes, el sonido a caja y lata en las baterías, las guitarras por debajo de los platillos, los coros infinitos y edulcorados, el reverb a tope y muchos teclados y sintetizadores. Esa es la imagen que los no aficionados al género se han quedado de los años ochenta, injustamente quizá.

Esta imposición del mercado, sobre todo yanqui, afectó a bandas de todo origen, creándose una cantidad de discos curiosos a cargo de músicos más o menos consagrados y más o menos originarios del heavy metal. Algunos aceptaron los sintetizadores y dieron protagonismo a los teclados. Otros directamente se gastaron un pastón en peluquería, cambiaron de productor, de país, de gustos sexuales y hasta de barra de labios. Otros aceptaron compositores externos que edulcoraran sus letras y sus escalas. Otros iban tan drogados que les daba igual. Algunos lo hicieron una vez y se arrepintieron. Otros se cebaron en el drama. Y los hay que aprovecharon la ausencia del líder para pastar en otros estilos.

Es difícil determinar cuándo comenzó este cruce de sonidos. La influencia del éxito del AOR, la explosión disco y la irrupción de la new wave puso de moda los sonidos sintetizados a finales de los setenta y comienzo de los ochenta. El auge del videoclip dio cada vez más importancia a la imagen. Las mejoras técnicas, con mesas de grabación más complejas y el acceso a secuenciadores y efectos cada vez más diversos, tuvieron mucho que ver también, así como el hecho de que grupos con trayectoria hard rock como Rainbow o Rush se atrevieran a experimentar con éxito sintetizadores, teclados y coros comerciales animó a las compañías a invertir en sus viejas nuevas glorias.

Sin embargo, lejos de despreciar esta colección de discos, venimos a defenderlos. Algunos están entre nuestros favoritos. Y son mejores que otros muy aclamados, más heavies, más aguerridos, más virtuosos. Azúcar metalero, heavy poppy. Allá vamos con nuestra pequeña selección de discos de bandas hard&heavy (más o menos) metidos en el sintetizador, la sobreproducción o, directamente, en el bote de laca.

Rush – Moving pictures – 1981

Quizá uno de los primeros en lograr un éxito viniendo del hard rock en este nuevo mundo del sinth-metal. Los canadienses, que ya habían comenzado la década simplificando su propuesta en Permanent waves, ahondaron más aún en este casi perfecto álbum. Los teclados, la percusión y ese sonido característico destacan en Tom Sawyer, The camera eye o Limelight, por ejemplo. El éxito de ventas (más de cuatro millones de copias en Estados Unidos) animó a la banda a continuar experimentando esta senda y a las majors del negocio a intentar emularles.

Z Z Top – Eliminator – 1983

A estos se les fue la mano con los sintetizadores, las piernas largas y la sobreproducción de estudio. Claro, que consiguieron vender más de diez millones de copias y, así, cualquiera no repite. Y dos años después se plagiaron, con menos fortuna y menos calidad, en Afterburner. Cinco singles, con Gimme all your lovin quedando como himno de época, o ese vídeo sonrojante para promocionar Legs. Los barbudos dieron lo mejor de sí, a pesar de ellos, y salieron victoriosos. Cuidado con I need you tonight, synthblues eighties.

Saxon – Destiny – 1988

Lo de Saxon comenzó, principalmente, con el cambio de compañía discográfica. Ya desde Innocent is no excuse (1985) dieron muestras de «debilidad» aunque mantuvieron la tensión (un poco) en Rock the nation (1986). Y se lanzaron al vacío. Destiny está lleno de azúcar, desde la versión de Christopher Cross (Ride like the wind), el protagonismo de los teclados en Song for Emma y Calm before the storm o la melodísima I can’t wait anymore. Adiós motos británicas, hola descapotables de California.

Dio – Sacred heart – 1985

Quizá de los mejores de esta selección, Dio pasó de esconder a su teclista a un lado del escenario a darle protagonismo, de roncar himnos míticos a melodear historias para todos los públicos. Consiguió cierto equilibrio con sus obras anteriores en truenos enmascarados con el sonido moderno: Rock’n’roll children o Hungry for heaven, incluso la misma Sacred heart; pero la fórmula no da más de sí en Shoot shoot o Like a beat of a heart. Una pena que el último álbum con Vivian Campbell no le dejara brillar como en anteriores entregas.

Judas Priest – Turbo – 1986

Después del éxito de Defenders of the faith (1984) se enmarcaron en el megaproyecto: un álbum doble con teclados, baterías sintéticas y guitarras sonando juntas sobre historias de amor, sexo y corazones solitarios. La compañía les cortó las alas y editó uno de sus discos más vendidos y aclamados, a pesar del cambio de look, no solo musical, si no también estético. La portada, las fotos de promoción. La dimensión del cambio se aprecia desde la inicial Turbo lover, la comercial Private property, con su riff y su coro de estadio, el hard rock previsible de Rock you all around the world o la cama de teclados de Out in the cold. Quedan momentos de antaño como la rabia de Reckless.

Iron Maiden – Somewhere in time – 1986

La fiebre alcanzó a una banda llena-estadios como Iron Maiden en mitad de los ochenta. El líder supremo, Steve Harris, entendió que necesitaban otro estilo, otro aire, y arrimó los sintetizadores y los trucos sonoros de estudio a sus huestes. El resultado, algo desigual, nos regaló momentos casi bíblicos, como Heaven can wait, Sea of madness o Wasted years, junto a otros algo más duros. La banda, a pesar del cambio, supo mantener la esencia, el estilo, además de adornarse con una imagen futurista que justificaba, en cierto modo, el cambio (ese Eddie cyborg). Los sintetizadores acabaron quedándose en el siguiente Seventh son of a seventh son (1988).

Van Halen – 5150 –  1986

Ya hablamos de este álbum por aquí. Eddie llevaba unos años dirigiendo su propuesta musical hacia sonidos más «comerciales», con grupos como Foreigner o Journey en su ideario. Los teclados y las melodías cobraban cada vez más protagonismo y el éxito de Jump con sus teclados míticos le acabó de convencer. La fuga de David Lee Roth fue la consecuencia o la razón para acabar produciendo un álbum como 5150. Baladas poderosas (Why can’t this be love, Love walks in), mucho teclado y armonía amable (Dreams) y alguna licencia roquera (Best of both worlds). El tercer álbum más vendido de Van Halen (casi ocho milloncejos despachados).

Y&T – Down for the count – 1985

Después de intentarlo con diferentes productores de éxito en el metal y el hard rock, como Chris Tsangarides (Mean streak) y Tom Allom (In rock we trust), los de Meniketti se dejaron invadir por la producción fácil, los sintetizadores, las letras tontas y los coros overdubs. Esta vez tampoco tuvieron suerte. Incluso tiraron de versiones, todos quería ser Quiet Riot: All american boy y You’re mama don’t dance como gancho de un disco que apenas alcanzó a vender lo que sus hermanos anteriores. El productor elegido, Kevin Beamish, hizo multiplatino a REO Speedwagon y fue un habitual de este sonido (Saxon, MSG, Keel). Curiosamente la balada Hands of time resulta excelente en el ideario de Y&T, como la inicial In the name of rock o (salvemos la letra) Don’t tell me what to wear. Lo dicen ellos mismos: Anything for money.

Blue Öyster Cult – The revölution by night – 1983

Otro dinosaurio que logró su éxito a mitad de los años setenta acabó cayendo del lado del poppy sintetizado. Sin perder su buen hacer compositivo, los chicos de la Östra Azul ficharon a la por entonces joven promesa Bruce Fairbairn para hacerse cargo de la producción, buscando, conscientemente, ampliar sus registros, digamos, radiables. No faltan grandes temas con buenos riffs, como Take me away, Veins o Feel the thunder, pero la mayoría de las canciones dan protagonismo a los arreglos de sintetizador y suenan baterías electrónicas. El álbum funciona en su conjunto y suena muy bien (si te gusta el estilo) en Eyes on fire, Dragon Lady o Shadow of California.

Uriah Heep – Head first – 1983

Tras más de diez años de dar guerra por los escenarios y las orejas de medio mundo, a comienzos de los años 80 Uriah Heep se encontraban en una encrucijada. Sin cantante, el teclista y compositor principal Ken Hensley se largaba junto al carismático bajista Trevor Bolder. Reclutaron al cantante Peter Goalby, al teclista John Sinclair y al bajista Bob Daisley. Con la producción de Ashley Howe, la banda se monta una colección de canciones donde se mezcla el AOR de radiofórmula predominante en la época (Journey, Foreigner) con buenos riffs metaleros y estribillos polifónicos. A destacar: The other side of midnight, Love is blind, Red lights y Weekend warriors. Curiosa la versión del joven Bryan Adams Lonely nights.

Sirva esta pequeña selección de muestra. Hay más. Se extendió a lo largo de toda la década. Podríamos nombrar a Accept (Eat the heat) aunque fuera solo por esa portada hiperlaqueada, a Blackfoot y su Vertical smile, Alice Cooper con su retorno mainstream de la mano de Desmond Child en Thrash, o la conversión de KISS desde el heavy de Lick it up hasta el azúcar de Crazy nights. Al final, fueron las bandas jóvenes, nacidas al calor del heavy de principios de década mezclado con los sonidos más sintetizados y las letras hedonistas, las que se hicieron la segunda mitad de década con la MTV y el mercado: Mötley Crüe, Ratt, Bon Jovi, Poison, Cinderella, Warrant y tantos otros.

Una gozada. Un infierno. Tú decides.

Sexo en el Rock (17): caliente como un volcán

 En ocasiones nos sentimos excitados, nerviosos, inquietos, emocionados, insatisfechos. Nos sube la temperatura desde algún sitio interior ocupando todos los pensamientos. Lujuria, fuego, carne. Nos sentimos calientes. Muy calientes. Como un volcán a punto de estallar. Fiebre ardiente.

Y rebuscando canciones sobre el tema he descubierto que los años ochenta debieron ser muy «calurosos» y «febriles». La selección de hoy se centra exclusivamente en el mal de amores de esa década. Así que acomódate en tu sitio y descubre qué artistas se ponen verriondos, tórridos, flamígeros.

Van Halen – Hot for teacher

El primero no podía ser otro que el más provocador y gigoló de toda la década de los ochenta. David Lee Roth se siente atraído por su nueva profesora, se pregunta porqué perdió tantas clases. Ahora quiere clases extras: «I brought my pencil/Gimme something to write on». Está calentito y preparado para su lección… Del archifamoso 1984 del mismo año.

Burning – Una noche sin tí

Hasta los hombres más viriles tienen sus momentos de soledad y deseo.  «No puedo hablar con nadie y que se yo, si estoy tan solo, necesito tu amor». Ni siquiera la música consigue traer el sueño. Del álbum Noches de rock&roll de 1984 (qué casualidad).

Bruce Springsteen – I’m on fire

Incluso el Boss sufre de calenturas hasta el punto de empapar sus sábanas blancas. «At night I wake up with the sheets soaking wet/(…)/only you can cool my desire/I’m on fire». Corría el año 1984 (¿otra vez?) y el disco se titulaba Born in the U.S.A.

Foreigner – Urgent

Esta vez viajamos a 1981 (vaya con los ochenta) para escuchar del álbum 4 su primer single en estado emergencia: «I’m not looking for a love that will last/ I know what I need and I need it fast». Si de calor y necesidad se trata, no hay nadie como Lou Gramm.

Sangre Azul – Sediento de sangre

Estos no se cortan. «Salvaje (salvaje) en la noche (en la noche)/Sediento (de sangre) Buscaré…/Mi víctima en la noche, un cuerpo de mujer».  Si hay fiebre, hay que buscar la medicina. Parte de su debut, Obsesión, allá por 1987.

Judas Priest – Fever

Ni los más duros se escapan. El Metal God está solo en su cuarto, nervioso, porque siente un calor que no aplaca la noche. «Fever. You set my soul on fire/Fever. You fill me with desire». Una fiebre llena de deseo y necesidad. Parte del álbum de 1982 Screaming for vengeance.

Mudhoney – Touch me I’m sick

La banda inspiradora de la generación grunge también pasó sus necesidades: «Wow! I won’t live long/And I’m full of rot/I’m gonna give you, girl/Everything I got». Pasean con su calentura por el año 1988 en el primer single que grabaron para SubPop.

Twisted Sister – I’m so hot for you

No hace falta disimular, quererte igual no, pero te voy a dar todo lo que tengo: «Say I’m in love, babe, it’s much too soon/But you know I’d give you everything that I have». Dee Snider no puede aguantar sus ganas, no te resistas, nena «I got to have you, girl, you know you’re driving me mad». Del último coletazo de la banda, Love is for suckers, de 1987.

Barricada – Tan fácil

Abriendo su Pasión por el ruido de 1989, «El Drogas» confiesa su necesidad calenturienta tras una noche de consumos excesivos: «Echo en falta llegar detrás/agarrar tus tetas sin avisar/notar ese culo junto a mí/dejar caer mi lengua por tu espalda/¡Cómo me enseñaste a amar el vicio!». A quién no le ha pasado.

Blue Oyster Cult – Burning for you

Aunque a veces las canciones admiten muchos significados, para mí es claro el de esta tonada del Fire of unknown origin de 1981, me quemo por tu culpa: «I’m burning for you(…)/Burn out the day/Burn out the night/I can’t see no reason to put up a fight/I’m living for giving the devil his due».

Y aún hay más. De esta década y de cualquier época. Porque el rock es lo que tiene: a veces se gana, a veces se pierde. Pero siempre se cuenta (o se canta más bien). ¿Alguna sugerencia?

Por cierto, quizá estas fiebres se curen con estos doctores del amor y sus medicinas.

Rock y poesía (2). Otros diez poemas pasados por la guitarra.

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En cierto modo es inevitable. La poesía y la música se tocan muy de cerca. Muchas de nuestras vivencias están asociadas a letras de canciones. Así que desde aquí volvemos a explorar la asociación entre escritores de poemas y compositores de canciones que comenzamos en la primera parte de Rock y poesía (dedicado a poemas y músicos de habla hispana: aquí tenéis el enlace.

Esta segunda parte recoge diez canciones en inglés basadas en otros tantos poemas. Como de costumbre, dale al play y disfruta.

Derek & The Dominos – I am yours

Basado en el poema The story of Layla and Majnum, que, de paso, inspiró la canción Layla. La mayoría de la letra la escribió el poeta persa Nizami, y así se acredita en la propia canción. Aparece en el imperdible Layla and other assorted love songs de 1970.

Celtic Frost – Sorrows of the moon

Tom G Warrior canta la versión en inglés de este poema de Charles Baudelaire. Aparece en el álbum Into the Pandemonium de 1987.

Roger Waters – Wait for her

Waters grabó para su Is this the live we really want? de 2017 una versión del poema Lesson from the Kama Sutra (wait for her) del poeta palestino Mahmoud Darwish. El músico se quedó prendado del valor trascendental del amor e intentó reproducirlo con su música.

Nightwish – Song of myself

Tuomas Holopainen escribe su propia versión del poema homónimo de Wal t Whitman en un intento de mezclar la épica musical con la épica lírica. Del álbum Imaginaerum (2011).

Wishbone Ash – Stand and deliver

Jugando con el antagonismo del poema de Alfed Noyes The Highwayman la banda realizó su propia versión para el disco de 1978 No smoke without fire.

Iron Maiden – Rime of the ancient mariner

No podía faltar. Catorce minutos gloriosos de la Historia del Metal basado en el poema de Samuel Taylor Coleridge. Steve Harris compuso la música para el álbum de 1984 Powerslave.

Steve Nicks – Annabel Lee

Aunque apareció en su disco de 2011 titulado In your dreams, Nicks asegura que tenía la canción escrita desde sus 17 años. Los productores de su disco, Dave Stewart y Glen Ballard, le animaron a terminarla. Basada en el poema de Edgar Allan Poe.

Peter Gabriel – Mercy street

Basada en el poemario de Anne Sexton, en especial en 45 Mercy Street, una mujer enferma mental cuya historia impresionó a Gabriel hasta el punto de contar en esta canción con las propias palabras de Anne. Aparece en So (1986).

Rush – Out of the cradle

De nuevo un poema de Walt Whitman sirve de base para una canción. La reflexión profunda sobre la pérdida y el amor acabó en el disco Vapor trails de 2002.

Judas Priest – Sea of red

Rob Halford hizo su propia versión del poema In Flanders fields de John McCrae acerca de la devastadora imagen de los campos de batalla durante la I Guerra Mundial. Lo escuchamos en su último Firepower (2018).

¿Y si… Rob Halford se hubiera unido a Black Sabbath?

En noviembre de 1992 Rob Halford, cantante de Judas Priest como ya sabéis por aquí, se unió en dos conciertos a Black Sabbath, formado entonces por el inmortal Tony Iommi a las guitarras, Geezer Butler al bajo, Vinny Appice a la batería y Geoff Nicholls a los teclados. Los shows, de poco más de una hora, quedaron inmortalizados en bootlegs y vídeos caseros, que podéis repasar por aquí. Por entonces Halford pasaba una crisis existencial a la que se sumaba la distancia musical con sus compañeros de banda, en la ola del éxito tras un formidable Painkiller. Así que, de algún modo, los rumores que ya habían sobre la separación de Judas Priest se acrecentaron. ¿Se uniría Rob a Iommi y compañía? Al fin y al cabo, Black Sabbath estaban sin cantante…

Pero no sucedió. No llegó a existir Black Priest.

La causa de estos conciertos fue curiosa. Por un lado, tenemos a Ozzy Osbourne (cantante de los primeros años del grupo, ya sabéis) en la gira que, supuestamente, acababa con su carrera en los escenarios. A Ozzy (y señora) se les ocurrió contratar a la banda para telonear dos fechas de esta gira y, quizá, subirse al final del show para tocar juntos. En su cabeza ya estaban preparando una reunión que acabaría ocurriendo varios años después. Por otro lado, tenemos a Black Sabbath con Dio al frente girando con su disco Dehumanaizer. Cuando Iommi aceptó tocar con Ozzy el pequeño gran Dio declinó viajar: él ya se olía la tostada. Así que, deprisa y corriendo, contactaron con Rob Halford, sustituto de oro. Y, efectivamente, al final del segundo concierto los Black Sabbath «casi originales» se unió Ozzy a sus excolegas tocando cuatro canciones.

Lo curioso es que Rob Halford volvió a unirse a Black Sabbath en el año 2004 sustituyendo al propio Ozzy Osbourne. El loco se había quedado afónico y ya sabéis que la máquina nunca para, así que en New Jersey volvieron a disfrutar del Metal God junto a Iommi.

Y tampoco hubo continuidad. Rob Halford acababa de volver a Judas Priest tras casi doce años de separación y los Sabbath con Ozzy tenían una gira que cubrir.

Pero… ¿cómo hubiera sonado esa unión demoníaca? Nunca lo sabremos. O quizá sí. Porque hay rumores de una posible colaboración este año. Quién sabe…

 

¿Y si… Eddie Van Halen se hubiera unido a Kiss?

¿Y si… David Coverdale se hubiera unido a Michael Schenker?