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Música moderna: enero 2021

El tiempo presente cabalga loco y sin destino para la música moderna, para los nuevos creadores (o los creadores viejos que hacen obras nuevas). Por eso, siempre es agradable compartir música con amigos y amigas. Música hecha hoy en día. Traigo aquí varias propuestas que me han llegado estas últimas semanas por diferentes medios, todos desde orejas amigas, y que, creo, deben seguir compartiéndose. Quizá alguna te guste. Allá vamos.

Sole Syndicate – Last days of Eden

Jonas Mansson comanda este grupo de buen hard & heavy, moderno en la producción y con una innegable inspiración en los años ochenta. Desarrollan excelentes melodías vocales apoyadas en riffs y partes de guitarra bien trabajadas y una batería potente con mucho groove. Dentro de este estilo general, meten los pies en muchos charcos: se acercan a Masterplan en …and the truth will set you free, dan martillazos en Brothers, suenan a rock moderno en We all fall apart y When darkness calls y navegan por pasajes arcaicos de nuestro rollo en We came to rock, en el toque acústico de Glory days o en Have you herad it all before con un aroma a radiofórmula fantástico. Una escucha muy agradable. Fred Bergqvist al bajo, David Gustafsson a las guitarras y Henrik Zetterlund a la batería acompañan a Mansson, quien canta, compone, mete guitarras y teclados.

Dada Memphis – Magnolias y melocotones

Desde el mismo título da pistas Dada sobre los caminos que va a recorrer el álbum: las magnolias del Mississippi y los melocotones de Georgia. Mucho blues (Los desacuerdos del corazón) y rock con dejes sureños (Relojes lentos) que unas veces suena potente y otras suave, unas veces enredadera que acaricia (Nicotina) y otras que estruja. Los mejores momentos vienen cuando raspa el rock en Índigo, La oruga o Ey! Todos los instrumentos los ha grabado Michel Cires y las voces y los coros Dada, intensa, tanto excelente transmisora emocional del mensaje que encierran las letras como cantante muy solvente, y no es fácil en este estilo.

Arias – No estoy para nadie

Parece mentira que hayan tenido que transcurrir cuarenta años para que Manolo Arias haya decidido, por fin, editar un disco en solitario. Al menos con su apellido en la portada, porque le acompañan dos colegas de Monterrey, Julio Gutierrez «Guty» al bajo y Julio Dávila a la voz, y Carlos Lillo en la coproducción y la batería, compañero de los tiempos en Atlas. ¿Y qué nos entrega el señor Arias? Un disco guapísimo de rock (podríamos decir) clásico, con mucho de los setenta y un poco también del hard ochentero, con un sonido que calificaría como «analógico», limpio, con mucha técnica y pocos efectos. Preciosa balada para cerrar Ya no tengo tu amor, buen medio tiempo en Perdida en mi mente, rollo blusero en Miedo a caer y mucho rocanrol en Tú por tu lado, yo por el mío, Bailarás para mí o la fantástica No estoy para nadie. Me encanta Entre gritos. Ojalá haya ocasión de escuchar y ver estas canciones en directo.

Lex Lüger – Rey del terror

¿Un disco dedicado a las historias de Stephen King? Eso solo puede hacerlo un loco del cine de terror como Lex Lüger. En su debut repasa las narraciones más famosas de Mr. King junto algunas joyitas menos populares. Además, juega con diferentes registros, desde le rollo más desenfadado, casi glam, de Cementerio de animales, pasando por el rock moderno, con aroma a industria alemana en Carrie (guapos los teclados) o It, una balada con rollo ochentero new wave en Aviador nocturno o su ya clásico punk-rock (cada vez más personal) en Christine o La tienda. Muy chulos los sintetizadores y el trabajo vocal en Los chicos del maíz y Habitación 1408.

SomeWhereOut – Deep in the old forest

No te va a dejar indiferente esta segunda propuesta musical de Raúl Lupiañez. Un preludio, dos interludios y nueve canciones, una de ellas de casi quince minutos, basadas en cuentos populares europeos de lo más diverso con una densa construcción, llena de matices, adornos, armonías, detalles y arreglos. Le han ayudado varios amigos y amigas como Alba Bermejo (voz), Dante Martín (voz), Francisco Garoz (bajo), Eduardo Antón (guitarra), John Serrano (voz), Begoña Ramos (cuerdas), David Santana (guitarra), Israel Lupi (guitarras) o Jesús Martínez (voz). Esta variedad se adapta muy bien a los distintos registros de las canciones. El propio Raúl compone letra y música y mete guitarras, bajos y teclados. Entre mis favoritas: Bone, blood and fear (basado en el cuento ruso Baba Yaga), The fallen one (basado en el cuento polaco Pan Twardowski), la emocional You and I (basado en otro cuento ruso, María de las Muertes) y la veloz The crystal mountain (basado en otro cuento polaco, La princesa y la montaña de cristal). Una experiencia única, de verdad.

Vhäldemar – Straight to hell

Una discografía sólida con un heavy metal que, evolucionando, ha llegado a su sexta propuesta. Pedro J. Monge, compositor, productor, guitarrista y lo que haga falta, nos entrega un álbum que cruza lo mejor de Malmsteen con unos Manowar inspirados, mucho guitarreo y buenas melodías sobre un filo de guadaña. Contundentes en Straight to hell, himno de puños al aire en Death to the wizard!, un toque Accept en My spirit, velocidad y doble bombo a tope en Afterlife, de lo mejor ese Fear y para rematar ese punto hard rock de Hell is on fire. Junto al jefe Monge, Carlos Escudero a la voz, Jonkol Tera a los teclados (fantástica su labor, incluso compartiendo partes solistas con la guitarra), Jandro a la batería y Raúl Serrano al bajo.

Luter – Héroe humano

«Al libre albedrío o solo curiosidad/por este laberinto en el que ando perdido» podríamos comenzar a hablar de este último trabajo de Luter, usando sus propias palabras, porque esto es Héroe humano: la libertad y la curiosidad de un artista inconformista, poético y pleno de inspiración. Doble obra (podríamos decir que son dos EPs): Héroes grabado en 2019 y Humano a caballo entre el final del 19 y el comienzo del 20. Y aquí están juntos, para navegar por las grandezas y las miserias de las relaciones humanas, más poética y luminosa, quizá, la primera, más real y cruda la segunda. Buenas y cuidadas letras («fue prestarle al infinito horas perdidas/dentro de una cama que en la aurora desafina/como dos caballos desbocados/que añoran la estampida») con un acierto musical sin complicaciones pero sin sencilleces, todo muy pensado y con arreglos bien metidos. Me quedo con Mar abierto, el pop-rock de Amalur, el aroma a esquina de bar de Lo desconocido, los siete minutos rocanrol de La ocasión o la sinceridad y el buen guitarreo de La nieve.

Invitando a Rosendo: sus mejores colaboraciones

Ahora que se retira… O no, que esto de las idas y las venidas, de los adioses y los ¡qué ganas de volver! están muy de moda. En fin, ahora que (dice) se retira de los escenarios uno de los más influyentes músicos de rock en español, hemos decidido rescatar algunas de sus mejores colaboraciones. «El rosen» siempre da un punto particular con su voz y su forma de entonar a todo lo que canta. Nos hemos ahorrado las versiones de temas ajenos y propios para seleccionar doce coplas diversas, con alguna curiosidad: lo mismo sale por victormanuel que se marca un heavy metal.

Raimundo Amador – Voy por pilas

Con un toque «muy Rosendo» este tema cachondo junta a dos monstruos de la guitarra: «voy por pipas/por conguitos». Del álbum Isla menor (2003).

Turrones – Calientes y crujientes

Una de las últimas y a la vez de las más curiosas. «Nadando sin guardar la ropa/calientes y crujientes nos van a zampar». Con el colega Kike Turrón para el álbum Bi (2017).

Víctor Manuel – Canción de la esperanza

Otra curiosa también, pero en otro estilo. Grabada en directo para el álbum de 2014 titulado 50 años no es nada. Un clásico de cuando los dos eran más jóvenes.

Marea – Al culo de una lombriz

Cuando Marea consiguió el éxito de público a principios de siglo, se dio el gustazo de grabar una canción con uno de sus ídolos, con un título, una letra y un estilo muy «homenaje» al maestro». El disco se llamó 28000 puñaladas (2004).

Los Enemigos – Yo el rey

Entre clásicos anda el juego. Para el imprescindible Obras escocidas (2000) contaron con Rosendo sin pestañear, dando como resultado este corte donde la diablura de Josele se mezcla a la perfección con el arte de Rosendo.

Tako – Defiéndete

Nuestros favoritos Tako llamaron al maestro para dos cortes de No son horas de pescar (1991). En este Defiéndete demuestra su capacidad para hacer suyo cualquier estilo.

Luter – Quitabien (asustaviejas)

Debió de ser divertida la grabación de esta canción, con un aletra un punto dispersa, como la mayoría de las del maestro, con su punto de mala leche. Del álbum Ignora (2010). «Somos ignorantes a motor/dando tumbos/víctimas, aprovechaos»

Platero y Tú – Sin solución

Otros herederos. Le reclamaron para colaborar en Muy deficiente (1992) y le dedicaron una canción (Si la tocas otra vez) años después. Incluso Fito (cantante) le reclamó para uno de sus discos en solitario. Una relación seria.

Labuela – Habla el mar

Aquí descubrimos el lado más heavy del jefe. Y no se le ve forzado. Otra curiosidad que escuchamos en Derecho a ser humano (2010). ¿Cómo hubiera sonado la guitarra de Rosendo sobre este riff?

Porretas – Los doce mandamientos

Con los colegas Porretas compartió estudio y escenario varias veces. Por aquí elegimos estos mandamientos del disco Baladas para un sordo (1997).

El cuarto Verde – Cómo purgar el radiador

Un disco que mereció más atención. La voz del Rosen en este corte de Metroglobina (2015) da un toque blusero al riff heavy. «No espero nada/la solución/no decir lo que dice la mayoría»

Joaquín Sabina – El blues de lo que pasa en mi escalera

Y otra de colegas. Sabina da protagonismo a la guitarra y la voz (en la parte final) de Rosendo marcando claramente el estilo y la personalidad del corte. Editado en Esta boca es mía (1994).

Cantautores del rock: poetas eléctricos de hoy.

Comentó Rulo, cuando dio el paso de abandonar La Fuga para comenzar su carrera en solitario: «soy bipolar, tengo un cantautor y un cantante de rock dentro de mí». Y de esa reflexión reflexiono yo lo difícil que resulta definir la frontera entre el músico que lidera una banda y el cantautor roquero que se rodea de una banda (¿rockautor?). Rulo se fabricó La Contrabanda, Fito hizo lo propio con Los Fitipaldis. Como ellos, muchos cantantes y compositores pisan sin vergüenza ninguna a ambos lados de esa frontera: Bunbury, Cristina Rosenvinge, Quique González, Robe Iniesta, Kutxi y hasta El Drogas, por poner algunos nombres conocidos y con mayor o menor éxito. Hasta cantautores punk tenemos aquí; recordemos a Manolo Kabezabolo si hace falta. Quizá salgamos del prejuicio que la etiqueta cantautor aún tiene «de aburrido» si recordamos algunos songwriters de habla anglosajona; Johnny Cash, Neil Young, Tom Waits o un tal Bob Dylan. Allí se idolatra, aquí se vilipendia.

Bailando en este concepto de cantautor del rock (¿cantaurock?), además de los nombrados y otros famosillos, hay un puñado de excelentes propuestas que, por diversos motivos, no llegan al gran público. El estilo, la continuidad, el dinero, la calidad, la temática. Da igual. Hoy queremos rescatar a algunos cantantes y compositores que lo mismo se suben al escenario a pecho descubierto con una guitarra o un piano que se rodean de músicos amigos para formar una big band roquera.

Malos Pelos – Malos Pelos

Cuatro años han pasado desde que editara este álbum, tras su experiencia, más o menos mediática, al mando de Señor Trepador. En 2018 publicó un directo muy recomendable: Yo también pensé que eran molinos y resultaron ser gigantes. La capacidad interpretativa de Óscar Linares, el hombre tras el cantante, es el punto más destacado de esta propuesta. Si añadimos su buen gusto por las melodías, algunos aciertos compositivos sobresalientes, letras sencillas y directas pero con un poso poético intenso, tenemos un álbum redondo. Juega con estribillos jugosos en Hagamos más el amor y menos la guerra, Postal sideral, Fumando bajo la lluvia o A veces; letras simpáticas en Prometo o Que te vaya todo bien («un todo incluido no es muy bueno en Alhaurín»); confesiones e historias desnudas en Como las lombrices, Soy un desastre o Tengo miedo («Tengo miedo de la letanía que deja un te quiero»). Buenas guitarras en Amores de carretera y Como lo hiciste ayer. Una escucha gustosa.

Rafa Pons – La guerra del sexo

Reconozco cierta debilidad por este tipo aparecida después de escuchar Disimula (2015). A finales del 2018 editó este La guerra del sexo con un sonido acústico a medio camino entre el rock, el folk, algún ramalazo country y su habitual genialidad en las letras. Una frase que me cayó como un martillo: «no necesito libro de autoayuda/para eso ya está el Playboy». Deja poco hueco al aburrimiento. Historias de amor hermoso en Los reyes del mundo o Imposible, despecho y rabia en Como un hombre («como coño supera tantas cosas la gente») o No te guardo rencor, un poco de crítica social en Capullo Tonic y algunas épicas personales en Podré soportarlo («me acusas de perder tu juventud/…/si nadie va a quererme como tú/tienes que comprender amor/que yo podré soportarlo»), Reina o Niño viejo («me camuflo con el barro/y pongo rumbo al rock and roll»). Un grande.

Solanas – Invencibles

Un «antihéroe de sí mismo» que dice tener mucho que aprender, y en ello está, confeccionando mientras tanto discos impecables, inspirados, donde encontrar sonrisas y lágrimas. Pincha la modernez de Mi luz, la (hiper)positiva Invencibles («nada nos puede parar/solo podemos ganar/que juntos somos invencibles»), el rock de Por ti o El cazador, el agradable tufo buenosaires de Flores, las divertidas y certeras Buscando enfermeras o Huelga de pereza («me he apuntado a los mundiales para batir el récord de pesadez»), el toque reggae de El circo («tú que eras una estrella ahora te acuerdas de mí, de este payaso»), la crítica mordaz de Underground. Y si no tienes bastante, revisa el anterior Gigantes, otra joyita de Fernando Solanas.

Víctor Rojo – Entelequias

Un alumno aventajado, un ejemplo de cantaurock. Autoproducido. Grabado con amigos y familia. Sencillo, profundo, acústico, eléctrico, triste, positivo. Mezcla de emociones e influencias en trece canciones personalísimas que bailan entre el rock íntimo, el punk y el sentido callejero no carente de inteligencia. Predominan los acústicos, quizá por «el presupuesto», como en La vida buena («Que viva la vida buena/que viva y que muera la rutina de ayer/que nadie te diga lo que debes hacer»), Tormenta de verano (con un toque aflamencado), Mi nueva trampa, de excelente estribillo, o Ni vino ni rosas. Se salen del tono habitual con Por que siempre salga el sol («Si no fuera por las drogas, por el sexo y el rocanrol/Habría muchas mañanas en que no saldría el sol») o Tan perdido como… Ojalá tenga suerte para desarrollar la carrera que promete.

Luter – 333

Si antes hablábamos del alumno, ahora hablamos del maestro. El cantautor más auténtico del underground musical: un clásico con más de veinte años de arte en su garganta. Su cuarta entrega, 333, ancla su alma en los sonidos de los setenta pasados por la producción de Kolibrí Díaz (Marea), con una atmósfera limpia en cada detalle. La melodía y las guitarras son protagonistas en Hagamos que pase, con buen estribillo, en Veterano de Vietnam, con un Hammond interesante («verás que algún día de aquellos/que prometí quererte de por vida/mostrarán su cicatriz») o en No hay quien me gobierne («yo quisiera definirme pero no puedo/en este mundo la contradicción tiene más peso»). Me acuerdo del Ramoncín ochentero en la preciosa balada Perseguir estrellas. Se atreve con un tango en La orquesta de la libertad («no habrá más realidades que las que podamos tocar/siempre serás en mi vida la orquesta de la libertad»). Preciosas acústicas en Anda de pie. Buen blues de título El crucigrama («mi madre desguaza la vida al reír»). Preciosa Buffalo Bill sigue vivo con un gran slide. Ahora está en plena publicación de un nuevo álbum que va regalando a cuentagotas; por ahora conforma un EP de título Héroe.

Jairo Martín – Hombres mejores

Un canario madrileño con una musicalidad asombrosa. Lo suyo es el piano locomo demuestra en su último directo (La resistencia bohemia, 2018) y las buenas compañías. Se desangra en arreglos y letras particulares mientras baila con las semillas de Sabino Méndez, Jaime Urrutia o Andrés Calamaro entre noches de humo y buenas (o malas) compañías. Aires roqueros en Las mieles del éxito («con las velas raídas en una deriva de días, apuntándome a cualquier tipo de sarao»), Miles de hijos y Si quieres; un toque glam para En mi coche; surge el macarra en Hombres mejores; historias de mujeres particulares en Barbie, Barbie, Bárbara y Puntos de break; adorable la poesía de El olor de tu pijama (versión de Alberto Urrutia) y Todos nuestros peores amigos («todo el mundo sabe lo que pasa/pero no hay nada en mi casa/que explique el sentido»). Incluso su gato tiene una canción estupenda: Canción de Bobo/La colina de los gatos. Una pena que no se prodigue más.

Txema Benítez – Autopsia

Hijo y hermano de Marea (Kutxi), La Fuga (Rulo) o Forraje (Lulu), Txema grabó quince cortes de preciosistas guitarras: el uso de las acústicas, como protagonistas (Como no llovió jamás, Sangre de mil corazones) o como apoyo; los puentes y los solos a doble guitarra; y en todos los arreglos, en muchas ocasiones escuchas tres guitarras. Sirvan de ejemplo Reflexión ( más que humo) o Sed. Junto al buen uso a las seis cuerdas, otro acierto es el aporte de Beatriz Pastor en los coros y las armonías vocales, dando el contrapunto; me gusta especialmente Locos, Otra batalla y Esa noche («esta noche será menos puta si cuento tus lunares»). Para mover el culo añado Qué quieres que diga. Un piano y arreglos de cuerda en Ni contigo, ni sin ti para redondear la propuesta. A esperar un segundo envite.

Sin duda, hay muchos más. Y estás invitado a añadir a quien más te guste.