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Sexo en el rock (18): groupies y demás compañías

Groupie (o grupi) se define como una persona (usualmente fémina) que admirando a un músico desea tener «intimidad» con dicho músico. Vamos, que quiere follar o coger con el susodicho personaje y si puede ser demostrarlo o llevarse un recuerdo. Hoy en día bastaría con un selfie (un autorretrato, vaya), pero en años vintage había groupies que necesitaban recuerdos de lo más curioso: pelos del pubis o una escultura del miembro viril del artista. Ahí lo dejamos.

Carne de cañón, el premio al final del concierto, rompematrimonios, se han hecho famosas por su insistencia, su encanto y su capacidad para abordar al objeto de sus necesidades obsesivas. En este enlace podéis cotillear algunas de las groupies más famosas. Mientras, dale al play de nuestra pequeña selección de canciones exclusivas sobre las gruopies compuestas por sus víctimas.

Rainbow – All night long

A Graham Bonnet no le cabe duda alguna: «You didn’t come just to see the show/I guess you know what you want to see». La chica tiene la mente sucia, pero las manos limpias. Single del álbum Down to earth (1979).

Ian Hunter – Once bitten twice shy

Curioso que el tema de más éxito de Ian Hunter fuera el primero que compuso tras su salida de Mott the Hoople. La expresión inglesa tiene un equivalente castellano: gato escaldado huye del agua. Hunter la compuso por una groupie que una y otra vez era «engañada» por los músicos de la banda (y de otras bandas). No aprendía la lección.

The Allman Brothers Band – Little Martha

¿Los sureños también necesitan amor tras un sudoroso concierto? Duane Allman compuso esta tonada acústica en homenaje a una amante que conoció en uno de sus bolos. Instrumental del disco de 1972 Eat the peach.

Mr Big – Daddy, brother, lover, little boy (the electric drill song)

El bajista Billy Sheehan escribió la letra de esta canción basada en sus experiencias «tras-concierto». Eric Martin, cantante, le dio una vuelta y se marcó el estribillo: seré tu papá, tu hermano, tu amante, tu niño pequeño, lo que tú necesites. Del álbum Lean into it (1991).

Led Zeppelin – Sick again

Si de groupies hablamos quién si no los más corrosivos tras los escenarios. Dedicaron varias canciones al tema y nos quedamos con esta del Physical graffiti (1975). Aunque no sabe su nombre, Robert Plant sí sabe que la chica que espera en el recibidor del Hotel Paradise, la misma que ha visto desde su limusina al entrar al concierto, va a pasar la noche con él.

AC/DC – Go down

Tema dedicado a una groupie habitual de Bon Scott, llamada Ruby Lips, de cuyos placeres orales disfrutaba el cantante con cierta frecuencia. Era el año 1977 y el disco se titulaba Let there be rock.

Them – Gloria

Si alguien quiere saber qué sucede cuando una groupie se acerca a una estrellita del rock que preste atención a esta canción. Compuesta por Van Morrison y grabada en 1964, se convirtió en un auténtico hit y un estándar del rock. La versión de casi veinte minutos que The Doors hicieron pocos años después, más explícita, no tiene desperdicio.

King Crimson – Ladies on the road

Hasta un tipo tan serio como Robert Fripp tiene sus necesidades. Con la letra del, por entonces, habitual Pete Sinfield, nos cuenta las correrías con esas chicas que siempre aparecen en la carretera. Más bien detrás del escenario. A veces antes del concierto. Del álbum Islands (1971)

Winger – Seventeen

Kip Winger se hizo músico por las mujeres. Con quince años tonteaba por los bares con sus bandas amaters y siempre acababa en cama ajena. Cuando con veintisiete años publicó su disco debut tuvo que acordarse de una «urgencia» con una menor: » Daddy says she’s too young, but she’s old enough for me».

Kiss – Plaster caster

Para el álbum Love Gun (1977) el bueno de Gene Simmons se marcó este homenaje a dos famosísimas groupies de la época, que se dedicaban a hacer esculturas de escayola de los miembros de los miembros de las bandas de rock. Simmons insiste en que tuvieron que usar mucha escayola con él.

Mr Big – …the stories we could tell – 2014

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Mr Big – The stories we could tell – 2014

Lo primero que debo decir de este …the stories we could tell es que suena a Mr. Big por todos lados. Ahí están los arpegios y los maravillosos solos, intros y outros de Paul Gilbert, la maestría de Pat Torpey, esa forma única de mantener un tema en tempo mientras los otros se lucen, la voz inconfundible de Eric Martin (¿qué pacto ha hecho este hombre con el diablo para conservar la voz tan bien?) y, finalmente, el mago Billy Sheehan con sus licks,  sus trucos estratosféricos y su impasible maestría. Todo muy bien producido, muy bien acabado, con capas de guitarras, armonías casi perfectas y canciones buenas, algunas muy buenas. En todos los temas han buscado colaboradores para la composición, sobre todo Andre Pessis, que participa en once de los trece cortes.

Todo para conseguir un producto digno del nombre y la Historia de la banda.

Escucha la inicial Gotta love the ride: si no te gusta, no sigas. Ahí han resumido todo: la guitarra, el bajo, la batería, las voces, la melodía. «Vas a disfrutar del viaje» dicen sin ningún tipo de dudas. Una de las que más deseo escuchar en directo, I forget to breathe: un blues lleno de hard rock o un temazo hard lleno de blues, qué más da. Fabulosas guitarras y ese groove que Pat Torpey impone; estribillo fantástico, armonías muy logradas y uno de esos solos que parece tan sencillo, pero… Sigue esa especie de falso medio tiempo con garras titulado Fragile («under my skin I ‘m still fragile») donde Martin se luce de manera increíble. Satisfied nos da el rock que les puso en primeros puestos hace treinta años, sencillo, directo, pero tan atractivo y pegajoso que te apetece volver a cantarla: ese puente y ese estribillo, buff.

Mr. Big – Gotta love the ride

 

Nos faltan baladas. Ahí llega The man who has everything con acústicas y Martin en primer plano entregado y con un toque soul; Sheehan se sale también, aunque el tema flojea un poco. Las baladas y los medios fueron una seña de identidad del grupo y en este álbum encontramos  Just let your heart decide, que comienza también con acústicas y Eric muy comedido, pero va creciendo poco a poco hasta regalar otro de esos geniales estribillos; no te puedes perder las guitarras. Y aunque me repita: cómo va a echar esta gente de menos a Pat. Me gusta más East/West, más rítmica, mejor trabada, con unos coros bien metidos.

La caña no para en el resto, trece cortes en total. Cinderella smile, penúltima, tiene el tufillo de los primeros trabajos, un toque funky en el ritmo, resuelta con maestría por el grupo,  de aparente sencillez, uno de esos up-tempo donde Martin está a gusto. The monster in me tiene la entrada típica de Gilbert, roquea con aspereza el tema, la banda se desmelena y salen bien parados, vaya. En la misma línea rápida y sucia, The light of day es brillante, con un final Gilbert/Sheehan tremendo. ¿Ya hemos hablado de las genialidades de Torpey? Seguimos roqueando fuerte con It’s always about that girl y cerramos con la classic-Mr. Big song que da título al álbum The stories we could tell, muy en la línea de su debut allá por…

 Resulta fantástico pinchar un trabajo tan bueno, hecho con tanta profesionalidad. Más si lo pare una banda con tantos años a sus espaldas. De lo mejorcito que ha salido este año, no lo dudes.