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El heavy poppy de los años ochenta.

Aquellos años en los que las bandas de cualquier tipo comenzaron a parecerse sospechosamente: una fotografía llena de cardados, unas cuantas baladas («los heavies, las mejores baladas»), un montón de tipos medio vestidos, o medio desnudos, con una mezcla de cuero y encajes, el sonido a caja y lata en las baterías, las guitarras por debajo de los platillos, los coros infinitos y edulcorados, el reverb a tope y muchos teclados y sintetizadores. Esa es la imagen que los no aficionados al género se han quedado de los años ochenta, injustamente quizá.

Esta imposición del mercado, sobre todo yanqui, afectó a bandas de todo origen, creándose una cantidad de discos curiosos a cargo de músicos más o menos consagrados y más o menos originarios del heavy metal. Algunos aceptaron los sintetizadores y dieron protagonismo a los teclados. Otros directamente se gastaron un pastón en peluquería, cambiaron de productor, de país, de gustos sexuales y hasta de barra de labios. Otros aceptaron compositores externos que edulcoraran sus letras y sus escalas. Otros iban tan drogados que les daba igual. Algunos lo hicieron una vez y se arrepintieron. Otros se cebaron en el drama. Y los hay que aprovecharon la ausencia del líder para pastar en otros estilos.

Es difícil determinar cuándo comenzó este cruce de sonidos. La influencia del éxito del AOR, la explosión disco y la irrupción de la new wave puso de moda los sonidos sintetizados a finales de los setenta y comienzo de los ochenta. El auge del videoclip dio cada vez más importancia a la imagen. Las mejoras técnicas, con mesas de grabación más complejas y el acceso a secuenciadores y efectos cada vez más diversos, tuvieron mucho que ver también, así como el hecho de que grupos con trayectoria hard rock como Rainbow o Rush se atrevieran a experimentar con éxito sintetizadores, teclados y coros comerciales animó a las compañías a invertir en sus viejas nuevas glorias.

Sin embargo, lejos de despreciar esta colección de discos, venimos a defenderlos. Algunos están entre nuestros favoritos. Y son mejores que otros muy aclamados, más heavies, más aguerridos, más virtuosos. Azúcar metalero, heavy poppy. Allá vamos con nuestra pequeña selección de discos de bandas hard&heavy (más o menos) metidos en el sintetizador, la sobreproducción o, directamente, en el bote de laca.

Rush – Moving pictures – 1981

Quizá uno de los primeros en lograr un éxito viniendo del hard rock en este nuevo mundo del sinth-metal. Los canadienses, que ya habían comenzado la década simplificando su propuesta en Permanent waves, ahondaron más aún en este casi perfecto álbum. Los teclados, la percusión y ese sonido característico destacan en Tom Sawyer, The camera eye o Limelight, por ejemplo. El éxito de ventas (más de cuatro millones de copias en Estados Unidos) animó a la banda a continuar experimentando esta senda y a las majors del negocio a intentar emularles.

Z Z Top – Eliminator – 1983

A estos se les fue la mano con los sintetizadores, las piernas largas y la sobreproducción de estudio. Claro, que consiguieron vender más de diez millones de copias y, así, cualquiera no repite. Y dos años después se plagiaron, con menos fortuna y menos calidad, en Afterburner. Cinco singles, con Gimme all your lovin quedando como himno de época, o ese vídeo sonrojante para promocionar Legs. Los barbudos dieron lo mejor de sí, a pesar de ellos, y salieron victoriosos. Cuidado con I need you tonight, synthblues eighties.

Saxon – Destiny – 1988

Lo de Saxon comenzó, principalmente, con el cambio de compañía discográfica. Ya desde Innocent is no excuse (1985) dieron muestras de «debilidad» aunque mantuvieron la tensión (un poco) en Rock the nation (1986). Y se lanzaron al vacío. Destiny está lleno de azúcar, desde la versión de Christopher Cross (Ride like the wind), el protagonismo de los teclados en Song for Emma y Calm before the storm o la melodísima I can’t wait anymore. Adiós motos británicas, hola descapotables de California.

Dio – Sacred heart – 1985

Quizá de los mejores de esta selección, Dio pasó de esconder a su teclista a un lado del escenario a darle protagonismo, de roncar himnos míticos a melodear historias para todos los públicos. Consiguió cierto equilibrio con sus obras anteriores en truenos enmascarados con el sonido moderno: Rock’n’roll children o Hungry for heaven, incluso la misma Sacred heart; pero la fórmula no da más de sí en Shoot shoot o Like a beat of a heart. Una pena que el último álbum con Vivian Campbell no le dejara brillar como en anteriores entregas.

Judas Priest – Turbo – 1986

Después del éxito de Defenders of the faith (1984) se enmarcaron en el megaproyecto: un álbum doble con teclados, baterías sintéticas y guitarras sonando juntas sobre historias de amor, sexo y corazones solitarios. La compañía les cortó las alas y editó uno de sus discos más vendidos y aclamados, a pesar del cambio de look, no solo musical, si no también estético. La portada, las fotos de promoción. La dimensión del cambio se aprecia desde la inicial Turbo lover, la comercial Private property, con su riff y su coro de estadio, el hard rock previsible de Rock you all around the world o la cama de teclados de Out in the cold. Quedan momentos de antaño como la rabia de Reckless.

Iron Maiden – Somewhere in time – 1986

La fiebre alcanzó a una banda llena-estadios como Iron Maiden en mitad de los ochenta. El líder supremo, Steve Harris, entendió que necesitaban otro estilo, otro aire, y arrimó los sintetizadores y los trucos sonoros de estudio a sus huestes. El resultado, algo desigual, nos regaló momentos casi bíblicos, como Heaven can wait, Sea of madness o Wasted years, junto a otros algo más duros. La banda, a pesar del cambio, supo mantener la esencia, el estilo, además de adornarse con una imagen futurista que justificaba, en cierto modo, el cambio (ese Eddie cyborg). Los sintetizadores acabaron quedándose en el siguiente Seventh son of a seventh son (1988).

Van Halen – 5150 –  1986

Ya hablamos de este álbum por aquí. Eddie llevaba unos años dirigiendo su propuesta musical hacia sonidos más «comerciales», con grupos como Foreigner o Journey en su ideario. Los teclados y las melodías cobraban cada vez más protagonismo y el éxito de Jump con sus teclados míticos le acabó de convencer. La fuga de David Lee Roth fue la consecuencia o la razón para acabar produciendo un álbum como 5150. Baladas poderosas (Why can’t this be love, Love walks in), mucho teclado y armonía amable (Dreams) y alguna licencia roquera (Best of both worlds). El tercer álbum más vendido de Van Halen (casi ocho milloncejos despachados).

Y&T – Down for the count – 1985

Después de intentarlo con diferentes productores de éxito en el metal y el hard rock, como Chris Tsangarides (Mean streak) y Tom Allom (In rock we trust), los de Meniketti se dejaron invadir por la producción fácil, los sintetizadores, las letras tontas y los coros overdubs. Esta vez tampoco tuvieron suerte. Incluso tiraron de versiones, todos quería ser Quiet Riot: All american boy y You’re mama don’t dance como gancho de un disco que apenas alcanzó a vender lo que sus hermanos anteriores. El productor elegido, Kevin Beamish, hizo multiplatino a REO Speedwagon y fue un habitual de este sonido (Saxon, MSG, Keel). Curiosamente la balada Hands of time resulta excelente en el ideario de Y&T, como la inicial In the name of rock o (salvemos la letra) Don’t tell me what to wear. Lo dicen ellos mismos: Anything for money.

Blue Öyster Cult – The revölution by night – 1983

Otro dinosaurio que logró su éxito a mitad de los años setenta acabó cayendo del lado del poppy sintetizado. Sin perder su buen hacer compositivo, los chicos de la Östra Azul ficharon a la por entonces joven promesa Bruce Fairbairn para hacerse cargo de la producción, buscando, conscientemente, ampliar sus registros, digamos, radiables. No faltan grandes temas con buenos riffs, como Take me away, Veins o Feel the thunder, pero la mayoría de las canciones dan protagonismo a los arreglos de sintetizador y suenan baterías electrónicas. El álbum funciona en su conjunto y suena muy bien (si te gusta el estilo) en Eyes on fire, Dragon Lady o Shadow of California.

Uriah Heep – Head first – 1983

Tras más de diez años de dar guerra por los escenarios y las orejas de medio mundo, a comienzos de los años 80 Uriah Heep se encontraban en una encrucijada. Sin cantante, el teclista y compositor principal Ken Hensley se largaba junto al carismático bajista Trevor Bolder. Reclutaron al cantante Peter Goalby, al teclista John Sinclair y al bajista Bob Daisley. Con la producción de Ashley Howe, la banda se monta una colección de canciones donde se mezcla el AOR de radiofórmula predominante en la época (Journey, Foreigner) con buenos riffs metaleros y estribillos polifónicos. A destacar: The other side of midnight, Love is blind, Red lights y Weekend warriors. Curiosa la versión del joven Bryan Adams Lonely nights.

Sirva esta pequeña selección de muestra. Hay más. Se extendió a lo largo de toda la década. Podríamos nombrar a Accept (Eat the heat) aunque fuera solo por esa portada hiperlaqueada, a Blackfoot y su Vertical smile, Alice Cooper con su retorno mainstream de la mano de Desmond Child en Thrash, o la conversión de KISS desde el heavy de Lick it up hasta el azúcar de Crazy nights. Al final, fueron las bandas jóvenes, nacidas al calor del heavy de principios de década mezclado con los sonidos más sintetizados y las letras hedonistas, las que se hicieron la segunda mitad de década con la MTV y el mercado: Mötley Crüe, Ratt, Bon Jovi, Poison, Cinderella, Warrant y tantos otros.

Una gozada. Un infierno. Tú decides.

Versiones extrañas, extrañas parejas.

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La inspiración de un músico, su gusto musical, tan propio, tan personal, a veces nos regala gratas sorpresas en forma de inspiración, cover o versión extraña. ¿Qué hace un metalero  clavando una canción melódica de los setenta? ¿Y unos punkarras arremangándose para cantar una balada gitana? ¿Y esos aguerridos deathmetaleros acogiéndose a las rimas del hair metal de cardados ochenteros? Muchas grandes canciones grabadas por distintas razones con una historia común: extrañas versiones, extraños compañeros de viaje.

Attaque 77 – Jeanette y José Luis Perales – Por qué te vas…

La canción original compuesta por un joven José Luis Perales la interpretó Jeanette en 1974 con poco éxito. Dos años más tarde alcanzó el número uno en Francia, Alemania y España como parte de la banda sonora de Cría cuervos (1976). Se calcula que ha vendido seis millones de copias. El propio autor la grabó en 1987.

Los argentinos Attaque 77, alejados de este rollo por edad y por estilo musical, la metieron en su coctelera particular en 1992 para el álbum Ángeles Caídos.

Disturbed – Simon & Garfunkel – The sound of silence

Originalmente compuesta como un número acústico, solo voces y guitarra, para su debut en 1964, fue reconstruida por el productor Tom Wilson y editada como single un año después, alcanzando el número uno en Estados Unidos. Paul Simon se inspiró en el asesinato de J. F. Kennedy. Su aparición en la película El graduado le dio una segunda vida y un nuevo éxito.

Y curiosamente cincuenta años después Disturbed consiguió entrar en las listas de ventas con su propia cover, arrastrada en lo emocional y arreglada a su rollo. Aparece en el álbum Immortalized de 2015. Por cierto, su quinto número uno consecutivo, algo que en nuestro rollo solo había conseguido Metallica.

Saxon – Christopher Cross – Ride like the wind

¿Qué hacen unos iconos del New Wave of British Heavy Metal como Saxon con una canción de soft rock? Christopher Cross la publicó en su álbum homónimo a finales de 1979, un disco que ganó el Grammy del año 1981 a los mismísmos Pink Floyd y su The wall, casi nada. La canción fue un éxito permaneciendo cuatro semanas en el segundo escalón de ventas, solo por detrás de Blondie.

Los británicos Saxon la grabaron para su álbum Destiny intentando mantener las ventas y el estrellato en una época en la que el heavy de principios de década había dejado de importar.

Medina Azahara – Las Grekas – Te estoy amando locamente

Las hermanas Muñoz, Carmela y Tina, Las Grekas, se montaron en 1974 un álbum lleno de eso que se llamó fusión y consiguieron gran éxito con canciones como esta, que alcanzó en su época en medio millón de copias vendidas y se mantuvo semanas en el top.

Para su álbum Origen y leyenda del 2009 los cordobeses Medina Azahara se marcaron una versión metalera (a su estilo) con la participación de la propia Carmela. Juzguen ustedes el resultado.

Children of Bodom – Poison – Talk dirty to me

¿No parece antinatural que una banda finlandesa emblema del death metal melódico elija una canción de un grupo de hair metal lleno de cardados y maquillaje para redondear la edición japonesa de un disco? Exactamente del Are you dead yet? de 2005.

Los californianos la grabaron para su disco debut Look what the cat dragged in de 1987 y la compañía lo editó como single. Como curiosidad, la cadena de música VH1 la incluyó entre las 40 mejores canciones de todos los tiempos. ¿Será por eso que la eligieron Children of Bodom?

Trivium – R.E.M. – Losing my religion

Igual de sorprendente encontrar a unos metaleros de pro como Trivium metiéndose en los pantalones de una banda de rock y pop como R.E.M. y con uno de los temas que les lanzaron a la popularidad allá por 1991. De hecho, se mantuvieron más de cien semanas en las listas de ventas a ambos lados del Atlántico con Out of time y singles como este hasta acaparar varios premios Grammy.

La banda metalera la incluyó como bonus en una de las múltiples ediciones de su disco de 2013 Vengeance falls, en concreto, cómo no, en Japón. ¿Qué les dan allí para regalarles siempre algo distinto?

Boikot – Junco – Hola mi amor

Pues llegan unos roqueros como Boikot y se meriendan una versión del primer éxito de Ricardo Gabarre, Junco, apodado el «mayor representante de la balada gitana» (en los años 80). La canción dio título, además, a su primer disco de 1986.

Boikot le dan un rollo ská al tema, con la participación del propio Junco, por cierto. La grabaron para la película Cuerpo de Élite de 2016.

Foo Fighters – Prince – Darling Nikki

Ya sabemos del eclectismo de Dave Grohl, pero rescatar un tema en el que Prince está masturbándose con una revista tiene su miga. Más aún cuando aparece en el álbum Purple rain de 1984, uno de los más vendidos de la Historia con cerca de 25 millones de copias certificadas. De hecho, aparece como la tercera «banda sonora» más vendida. Pero a quién le importa cuánto vende un disco.

Foo Fighters la arrastró a su mundo extraño y metalero, casi death desesperado, para acompañar al single Have it all de 2003. Una experiencia muy curiosa.

Reincidentes – Silvio Rodríguez – Playa Girón

Silvio Rodríguez viajó con la flota cubana de pesca unos meses, una experiencia vital que, entre otras, inspiró esta canción dedicada a los hombres que ganaban su vida día a día en estos barcos. La canción se dedica a los ocupantes de un buque con el nombre de «Playa Girón», sitio emblemático en Cuba. La letra no puede ser más comprometida: ¿Dónde están los límites de la realidad? ¿De lo aceptado? ¿Del sufrimiento? ¿Son estos pescadores peores? ¿Quién debe contar la verdad?

Reincidentes escogió esta canción que Silvio grabó en 1975 en su álbum de versiones America, publicado en 2008, rellenando los espacios acústicos y melifluos del tema de Silvio con una querencia rock muy interesante.

Alien Ant Farm – Michael Jackson – Smooth criminal 

¿Qué hace una banda emergente yanqui de principios de siglo homenajeando al rey del por? ¡Y en horas bajísimas por aquellas fechas! Pues fabricarse un hit, tal cual, la única canción del grupo que llamó significativamente la atención. Quizá surgió en una de estas conversaciones de altas horas ¿a que no hay albóndigas a grabar esto? Incluido en su ANThology del 2001. Una llamada de atención.

El polémico y fabuloso Michael Jackson compuso el tema para su obra Bad de 1987 acompañado con un excelente vídeo-clip. Por cierto, séptimo single de un disco que generó diez sencillos. La verdad es que AAF lo lleva a su rollo con mucho estilo.

Limp Bizkit – George Michael – Faith

Para su debut, la banda de Fred Dust se marcó una sorprendente reinvención de este superéxito de George Michael. El bueno de George, que se hizo de oro en 1987 con este single (y otros del álbum homónimo), declaró públicamente su bochorno y rechazo a la versión de Limp Bizkit.

Los bravos yanquis tuvieron el valor de sacarlo como sencillo en 1998, un año después de su grabación en el disco Three dollar bill, Y’all.

Avantasia – ABBA – Lay all your love on me 

Los suecos ABBA se han convertido en un recurso para roqueros de diverso pelaje a la hora de rescatar canciones. Tobias Sammet aprovechó el proyecto Lost in space dentro de su vorágine creativa para recuperar este tema y marcarse una cover muy a su estilo, con una producción redonda.

Lay all your love on me se grabó en 1980 para el álbum Super Trooper y salió el año siguiente como single de moderado éxito.

Hay muchas más, algunas terribles, otras adorables… ¿Cuál nos dejamos?

Saxon – Wheels of steel – 1980

Saxon Wheels of steel

Saxon – Wheels of steel – 1980

Cuando a Biff Byfford, cantante de Saxon, le preguntaron qué había cambiado en la banda entre el primer álbum y este segundo, Biff fue muy claro: «me acuerdo de un concierto de Van Halen, de los Judas Priest del Killing Machine, de Rainbow volviendo a la gente loca en sus conciertos: había todo un mundo nuevo creándose». Y Saxon formaron parte de todo aquel mundo del hard & heavy desde el momento que publicaron Wheels of steel.

Con las ideas claras, poco presupuesto y las ganas de ser mejores, entraron en los estudios Ramport con Pete Hinton a los mandos. Paul Quinn (guitarra) llevaba la batuta en las partes más metálicas y Graham Oliver (guitarra) en los temas más melódicos y comerciales. El bajo de Steve Dawson y la batería de Pete Gill redondeaban una banda impactante. Sin complicaciones, pero con estilo y ganas.

Motorcycle man comienza una historia de canciones sobre la carretera de la que Saxon se enorgullece. La moto que va acelerando hasta la entrada del riff bestial y un devorador Biff se hace con los mandos. Temas como Stand Up and be counted tiene cierto tufo Motorhead que se transforma en una preciosa y sencilla construcción de puente y estribillo con una línea de guitarra magistral.

El single de más éxito (alcanzó el puesto 13)  recrea una historia de ¿amor? de altos vuelos. 747 (strangers in the night) trae una mezcla efectiva de melodía, metal ballad y contundencia, una canción sin desperdicio, vaya, con un estribillo muy currado y un trabajo de todos como banda. Otro tema lleno de melodía con un buen tufo a heavy de estadio se titula Suzie hold on: «do everything you believe to be right/Doing it all the time». Esa intro de bajo y batería, la guitarra que marca el ritmo y ya estamos esperando la voz; tremendo estribillo. El primer single, y puerta perfecta para entrar en el sonido Saxon de la época, Wheels of Steel,  mantiene el equilibrio entre la parte más metálica y esa otra más melódica; engancha y destaca sobre sus contemporáneos británicos. Porque otros temas más cañeros nos recuerdan que estamos hablando de 1980 y la NWOBHM. Así, Freeway madSee the light shinning o Machine gun, que cierra con un trallazo de heavy el disco, claros recuerdos a Judas Priest, se regodean en su sucesión de solos, la voz rápida y forzada y un ritmo endiablado.

El álbum alcanzó el puesto número 5 en el Reino Unido en el mes de abril, y la banda, poco después de su publicación, comenzó a subirse al escenario con las bandas que unos meses antes veían en directo: Motorhead, Black Sabbath o Rainbow hasta su estelar participación en el primer Monster of Rock en Donnington Park.

Un álbum en el que la banda comenzó a crecer y ser leyenda, con una amalgama de sonido heavy para todos los públicos plagada de brillantes momentos instrumentales y vocales, a pesar de que la producción ha envejecido mal. Un clásico, vaya.