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Algunos discos que sigo escuchando (16): rescatando del olvido.

Con gusto retomamos esta sección casi, como hoy, de arqueología musical. Música que poco éxito tuvo en su momento y que rara vez se recuerda, se pincha o se compra. De hecho, algunas de estas obras ni siquiera han tenido una reedición. Por suerte, una de las ventajas del mundo digital hiperconectado es poder acceder al instante a (casi) cualquier música del planeta hard&heavy. Por si es el caso, te pegamos los enlaces para su disfrute. Cinco propuestas de hard rock (más o menos) melódico, lleno de fantásticas guitarras, coros envueltos en vaselina y mucho, mucho amor.

Comenzamos…

Bangalore Choir – On target – 1992

Un disco que lo tenía todo para triunfar. Un buen cantante que venía de un disco con impacto (para bien y para mal), un productor de renombre, famosos ayudando en la composición y una compañía grande detrás. Pero no funcionó. Quizá podríamos achacarlo «al grunge» o quizá no. Pero David Reece, el cantante al frente del Eat the heat (1989) de Accept, comandó una excelente colección de temas hard rock con bellas melodías y la producción de Max Norman (Ozzy, Y&T, Megadeth). Buenas guitarras de Curt Mitchell y John Kirk, con Ian Mayo al bajo y Jackie Ramos a la batería. Contundente comienzo con Angel in black, bárbaras guitarras hardroqueras en All or nothing (y ese deje Coverdale en la voz) y mas caña en Freight train rollin’ y su pirotécnica guitarra. Espacio para las baladas y los medios tiempos, comenzando con la increíble interpretación de Mr. Reece en If the good die young (we will live forever) y siguiendo con las acústicas de Hold on to you (balada de manual ochentero). Y de regalo los estribillos de She can’t stop y Slippin’ away. En Deezer y en Spotify.

Brighton Rock – Young, wild and free – 1986

Siento curiosidad por saber cómo una banda canadiense desconocida convenció a Michael Wagener para que le produjera su disco debut. Bueno, el dinero y tener un contrato con una compañía grande igual influyó. El caso es que Mr. Wagener dejó su sello a lo largo de los diez cortes del álbum, un compendio de buen hard rock de mitad de los ochenta. En Estados Unidos apenas tuvo distribución y tuvo que «conformarse» con un disco de oro en Canadá. Gerry McGhee canta y comanda la nave con Greg Fraser en las guitarras (componen todas las canciones), Steve Skreebs al bajo, Mark Cavarzan a la batería y Johnny Rogers en los teclados (muy acertado, por cierto). Las canciones no tienen complicación ni pirotecnia y se basan en pegadizas melodías bien arregladas coronadas por estribillos jugosos. ¿Qué más quieres? Como curiosidad, Greg Fraser se enroló en Helix tras el final de Brighton Rock en 1992 y ese mismo año McGhee estuvo a punto de sustituir a Vince Neil en Mötley Crüe. Pegadizas Young wild and free, el single We came to rock (protagonismo del teclado), Assault attack y la balada Can’t wait for the night, con ese estribillo bombástico. Pero estos chicos también roqueaban (aunque sin desmelenarse mucho) en Jack is back, Change of heart y Rock and roll kids. En Deezer y en Spotify.

Vamp – The rich don’t rock – 1989

Esta historia también es buena. ¿Qué hacía falta para triunfar en el rock a finales de los ochenta? Exacto: unos chicos guapos con mucha peluquería, un productor de renombre y una compañía poniendo dinero. Aquí tenemos a los melenudos: Dicki Filszer a la batería, Oliver Scholz al bajo, Ricolf Cross a las guitarras y Tom Bellini a la voz. Sí, son alemanes. El productor, Tony Platt, había trabajado a la sombra de «Mutt» Lange para AC/DC y Foreigner y se había curtido en singles y discos de Iron Maiden, Saxon, Motorhead o Gary Moore, entre otros. Y la compañía no podía ser más grande: Atlantic. Además, parieron una joya de hard rock melódico que puede rivalizar con cualquiera. No tuvieron suerte en el Reino Unido (la compañía tampoco apoyó mucho) y no se editó en Estados Unidos. El mercado local tampoco les fue favorable, demasiada laca ya en la radio y la televisión. El único que tuvo cierto recorrido en la escena musical fue el batería, Dicki Filszer, quien acabó uniéndose a los británicos Skin. ¿Y qué escuchamos entonces? A destacar, los guitarrazos de Heartbreak, heartache, la adictiva The rich don’t rock, con su estructura in crescendo, la barbaridad de All night (incluyendo un pedazo de solo de batería), Lonely nights (cómo no fue este tema un exitazo), la vacilona Like I want y las hevilorras Why, Talk is cheap y Shout. ¿Baladas? Renegade. En Deezer y en Spotify.

Fate – Cruisin’ for a bruisin’ – 1988

No se complicó Hank Shermann (guitarrista) cuando acabó la aventura de Mercyful Fate y se quedó solo. Decidió formar una nueva banda con el nombre de Fate. Reclutó a unos cuantos músicos y editó dos discos en dos años para, después, abandonar su propia creación. Este Cruisin’ for bruisin’ es el tercer largo de la banda y participaron Jeff Limbo a la voz, Jacob Moth a las guitarras, Flemmin Rothaus a los teclados, Pete Steiner al bajo y Bon Lance a la batería. El productor elegido fue Simon Hanhart, currante con Marillion y los discos ochenteros de Saxon. Y en ese sonido juega este álbum de los «renacidos» Fate. Estos estaban en EMI. Mezcla de líneas melódicas en la voz, con mucho teclado y algunos buenos guitarrazos, aunque todo muy acaramelado. El comienzo con Beneath da’ coconuts promete, rehacen su propio Love on the rox, pegajoso el single Lovers, extra de azúcar en Babe, you got a friend y roquean en Dead boy, cold meat y Look you up. En Deezer y en Spotify.

Shelter – First stop – 1983

En plena efervescencia AOR, las compañías de discos buscaban el nuevo hitmaker del momento. Polydor firmó a un puñado de músicos para componer ese disco multiplatino; la banda se llamó Shelter y este fue el disco. Que, obviamente, no triunfó. Y, de nuevo, no puede decirse que los diez cortes de First stop carezcan de calidad, aunque, claro, todo suena a Survivor, Journey o Foreigner. Y quizá ese lastre, la falta de personalidad, de sonar a «lo mismo», impidió que triunfaran. Russ De Salvo a las guitarras, Peter Valentine a los teclados, Carl Bova al bajo, Bill Messinetti a la batería y Joe Lamente a la voz y la segunda guitarra. Resulta curioso que la mayoría de las canciones fueran compuestas por Mesinetti y Bova (la pareja rítmica). Escucha Foolish lover, Shelter o Tricks, la deliciosa On the line, el piano y los arreglos estupendos de The way I feel y las roquerillas So glad I found you o Who do you love. En Deezer y en Spotify.

Canciones con un solo de batería.

Siempre caracterizamos el hard rock y el heavy metal como una música basada en guitarras, y es cierto, pero también es una música percusiva, con patrones rítmicos característicos. Y detrás de eso, siempre hay un baterista. El minimalismo de algunas propuestas no les olvida; ahí tenemos a The White Stripes como ejemplo reciente (podemos incluir a The Black Keys o Royal Blood, entre otros). Hoy queremos destacar a varios de nuestros pega-parches favoritos, y añadimos alguna sorpresa, rescatando canciones con un solo de batería en su interior. Una pequeña y jovial selección para, como siempre, darle al play y disfrutar.

Led Zeppelin – Moby Dick

Una de las más legendarias de la lista. Instrumental donde John Bonham se luce, con sus compañeros y solo a partir del minuto 1. Formó parte del imprescindible Led Zeppelin II (1969).

Iceberg – La muerte

La guitarra de Max Sunyer y las teclas de Kitflus dominan el debut de Iceberg (Tutankhamon, 1975), pero en el tema La muerte el batería Jordi Colomer tiene su espacio para desarrollar un buen solo de batería.

Chicken Shack – Telling your fortune

El poder de la batería en Chicken Shack está por encima de toda duda, y el trabajo que hace Paul Hancox en Imagination Lady (1972) resulta abrumador. En este corte de más de once minutos se marca un extenso solo para muestra.

Golden Earring – Radar love

Pocas canciones con solo de batería tan populares para el gran público como esta, aunque en la versión single recortaran la parte instrumental. Alcanzó el puesto 13 en Estados Unidos y se coló en el top de varios países europeos en 1973. Apareció en el álbum Moontan del mismo año. El responsable de esta joya percusiva se llama Cesar Zuiderwijk, quien maneja el ritmo de maravilla y hace dos pequeños pasajes solistas.

Santana – Soul sacrifice

El debut de Carlos Santana allá por 1969 se cerraba con esta barbaridad de canción. El trabajo percusivo de Mike Shrive y Dave Brown es alucinante, destacando la intro y ese solo que comienza en 1:30.

Cactus – Feel so good

Los años pioneros del hard rock, como se muestra en esta lista, daban para grabar sin prejuicios. Una banda fantástica y poco valorada como Cactus cerró su debut de 1970 con este tema que incluía un solo de Carmine Appice a partir del minuto 2. Grande el tipo, le dedicamos un artículo que puedes leer en este enlace.

Asia – Wildest dream

Otro máquina del instrumento, Carl Palmer, se marca un trabajazo en el debut de Asia (1982). Esta canción abría la cara B del disco y me parece de lo mejor de Palmer en la banda, con un pequeño solo incluido en el minuto 4.

Vamp – All night

Buen solo se marca Dicki Fliszar en el recomendable The rich don’t rock (1989) de los germanos Vamp.

Queen – Dragon attack

Nunca se valora lo suficiente el trabajo tras los parches de Roger Taylor. Demuestra su magia en este corte del álbum The Game (1980) donde marca la canción de principio a fin, haciendo un pequeño solo en el 1:40.

Cream – Toad

No podía faltar otro magnífico pionero del rock endurecido, Ginger Baker. Compuso este instrumental, básicamente un solo de batería con arreglos de guitarra, para lucirse en Fresh Cream (1966). Una barbaridad que extendía más de diez minutos en directo.

The Who – My generation

Otro favorito por estas pantallas, Keith Moon, ya hacía de las suyas en los inicios de The Who. En 1965 alcanzaron el segundo puesto en ventas con My generation, una canción muy percusiva (incluso en su patrón de guitarra y en la voz) que incluía una sección final donde Moon se marca un solo explosivo (2:20) que continúa en la coda final.

Iron Butterfly – In-a-gadda-da-vida

Esta canción lo tiene todo y en exceso. Icono de la experimentación de los primeros años del rock duro, con ese tufazo psicodélico, los más de diecisiete minutos de esta canción dan para todo. La parte vocal se escucha al principio y al final (se editó una versión más corta como single), y el resto es un largo instrumental donde Ron Bushy graba un potente solo (a partir del 6:30).

Deep Purple – The mule

Imposible no incluir a Ian Paice. De todas sus estelares aportaciones, me quedo, oh, sorpresa, con esta barbaridad que sonaba en Fireball (1971) y cuya versión en directo en Made in Japan (1972) es de obligatoria escucha para cualquier aficionado.

¿Alguna sugerencia?